[Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Prólogo de Alanna

Si ya has creado tu ficha, pásate por aquí para escribir la primera página de ese gran libro que va a ser tu vida. O échale un vistazo a los amigos y rivales con los que te encontrarás en un futuro.

Moderadores: Sombra, Denna, Suzume Mizuno, Astro

[Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Notapor Suzume Mizuno » Dom Jul 16, 2017 7:49 pm

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¡Bienvenido a tu prólogo! Ya sabes cómo va esto así que simplemente espero que disfrutes de volver a los inicios.

Recuerda que el nivel 14 todavía no lo tienes temáticamente.

¡Vamos a por ello!


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La vida de Alanna solía ser tranquila. Apenas encontraba a nadie, quizás a algún que otro cazador furtivo, y cuando se acercaban los subordinados de la temible Maléfica, solo tenía que esconderse y esperar a que pasaran de largo. Cada vez eran más, cierto, pero no les gustaba el bosque. Seguramente Emmeryn le habría contado historias de los habitantes de las Ciénagas, antiguos enemigos de los goblins y orcos, cuya influencia los mantenía alejados.

Pero desde hacía un mes, las cosas habían cambiado. El bosque se llenó de humanos. Por supuesto, sabía que había un reino abandonado, otro donde se encontraba Maléfica y un tercero, gobernado por el rey Huberto, que apenas se mantenía en pie. No eran necesarios dos dedos de frente para comprender qué había ocurrido cuando riadas de mujeres, ancianos y niños empezaron a refugiarse en el bosque. Casi no había hombres y la mayoría estaban heridos.

Se internaron todo lo posible en el bosque, huyendo de orcos y otras tantas criaturas que ahora penetraban una y otra vez el linde, y empezaron a talar árboles y a buscar más y más comida para sobrevivir.

Alanna podía haberse acercado a orientar o a compartir comida, o haberse mantenido aparte, pero esa mañana ya tuvo que comprometerse con los humanos.

Había amanecido lloviendo y el invierno prometía ser frío, aunque todavía no lo suficiente para que nevara. Apenas sí habría puesto un pie fuera de la cama cuando escuchó unos golpes en la puerta. Sonaron fuertes, pero irregulares. Por el ruido que hizo la puerta, daba la impresión de que algo estuviera apoyado contra ella.

Alanna tendría que decidir qué hacer, porque si tardaba mucho, los golpes volverían otra vez (aunque más y más débiles).
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Re: [Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Notapor Drazham » Dom Jul 16, 2017 9:14 pm

«Oh, abuela. Si pudieses levantar cabeza… ¿Cómo han cambiado tanto las cosas desde que te fuiste?»

Vaya si habían cambiado. Hasta hace tan poco había llevado una vida tan simple, lejos del populacho, y sin tener que complicarse de tener que involucrarse más de la cuenta con aquellos que “no eran como ella”, salvo con su queridísima abuela. Lejos, también, para que aquellos que seguían a la Bruja Negra nunca la encontrasen, cerca de un lugar que, según Emmeryn, tenían prohibido pisar por las fuerzas que lo custodiaban. No era la vida más emocionante, y era con la que le toco lidiar, pero al menos era amena.

Las preguntas le asaltaban. ¿Cómo había sucedido? ¿Cómo y por qué todo se había torcido de una manera tan cruenta?

Ya hacían cinco meses que su abuela falleció. Tan poco tiempo, y Alanna no daba crédito a que su falta fuese nada más que el principio de todo. Sin comerlo ni beberlo, el bosque dejó de ser el paraje tranquilo en el que se crió y transformarse en un campo de refugiados. Porque todas esas personas aterradas y malheridas que llegaron eran eso, refugiados de la guerra. Reconoció más de una cara entre todo ese gentío de las veces que fue al poblado más cercano para hacer recados. Pero lo que más le extrañó y atemorizó fue que huyesen al bosque, y no a la capital del reino de Huberto, que en estos tiempos se encargaba de acoger a quienes sobrevivieron a las tropas de la bruja.

Pero si no acudieron allí, solo podía significar que ya no tenían reino alguno donde refugiarse

¿Y en que dejaba eso a Alanna? En una situación muy delicada, por supuesto. Era un hecho que el bosque sería el último bastión seguro para todos, pero eso significaba tener que convivir con ellos. Quince años ocultando sus dos pequeños “secretos”, y nunca antes se había sentido tan alarmada de que pudiesen salir a la luz. Ya no solo por la enorme cantidad de miradas, también por los rumores acerca de que los orcos y los huargos no eran los únicos peligros que rondaban por allí. Hablaban de… monstruos.

Sus preocupaciones no hacían más que crecer aquella mañana, despertada por el repiqueteo de la lluvia. Llevaría cerca de cinco minutos sentada en la cama, mirándose las escamosas garras con las que había cargado desde siempre. Con tantas habladurías sobre seres inhumanos, ¿qué le pasaría a ella si descubrían sus dos manos no humanas? El miedo a que no la aceptasen, a diferencia de su abuela, la acongojaba de solo pensarlo.

Entonces, un golpeteo en la puerta hizo que se sobresaltara y se levantase de la cama de un bote. Se llevó las manos al pecho, como si así pudiese ocultaras de ojos furtivos, hasta que se dio cuenta de que su miedo era exagerado; no había nadie que la pudiese ver. Corrió a ponerse los guantes de cuero que descansaban en una mesita y avanzó con paso dudoso a la puerta. Habría jurado escuchar que algo se desplomaba sobre ella justo después de que tocasen.

¿Quién va? —preguntó en voz alta, a escasos centímetros de la entrada.

Le respondieran o no, alargó el brazo y abrió la puerta muy despacio, asomándose por ella.
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Re: [Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Notapor Suzume Mizuno » Lun Jul 17, 2017 5:07 pm

Hubo una respuesta débil, casi ininteligible. Cuando Alanna abrió la puerta, se encontró con que algo pesado la empujaba hacia dentro. Pudo prepararse, pero no había ningún atacante al otro lado. Al bajar la mirada vio a un joven que había resbalado hasta casi dar al suelo. Levantó la cabeza, mostrando un rostro agraciado y peligrosamente pálido. Puso expresión de alivio.

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Gracias a...—No tuvo fuerzas para terminar la frase. Si Alanna se fijaba, vería que tenía herido un costado, del que emergía una larga flecha oscura—. Por favor, necesito...

Entonces, al fondo, escuchó un toque de cuerno. Uno que Alanna habría terminado conociendo muy bien.

El joven, apoyado sobre un codo, miró hacia el bosque con desazón y luego a la joven de nuevo. Parecía a punto de desmayarse, quién sabía si por la pérdida de sangre.

Mis… hombres me están… buscando. Os prometo… que os recompensaré. Por favor, no puedo permitirme…

Se tambaleó y apoyó la cabeza contra la puerta, con los ojos prácticamente cerrados.

¿Qué hacía con él? Ahora empezaba a escuchar el aullido de los huargos. ¿Meterlo en casa? Pero ¿y si seguían el rastro de sangre? ¿Le daría tiempo a limpiarlo? Es más, ¿y si el chico se le moría, qué hacía? Tendría que ocuparse de él, sacarle la flecha, vendarlo…

¿O lo dejaba fuera y que se lo llevaran? No tenía nada que ver con ella, ¡había llevado los problemas a la puerta de su casa!

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Tienes libertad con la casa, excepto meterme salidas secretas o túneles. Puede haber un desván y un sótano, por si decides esconder a Felipe. Pero no me pongas que la chica tiene desinfectantes modernos y recuerda que los remedios caseros con hierbas se tienen que preparar y le llevarían un ratito o/.
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Re: [Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Notapor Drazham » Mar Jul 18, 2017 12:03 am

Efectivamente, algo o alguien estaba empujando la puerta. Alanna tuvo que hacer un poco de fuerza para que al abrirla no se la llevase por delante o le diese en la cara. Nerviosa, se asomó un pelín afuera para darse cuenta de que lo que la estaba empujando yacía en el suelo.

¡Oh, dioses!

Alanna abrió mucho los ojos, horrorizada, y se llevó una mano a la boca nada más descubrir a un joven de aspecto mortecino, desplomado en el vano de la entrada. Incapaz de emitir cualquier sonido del susto que se llevó, se limitó a acuclillarse delante del chico y alargó unos temblorosos brazos hacia él sin llegar a rozarle. Se había quedado bloqueada del todo al percatarse de la flecha en su costado y la sangre que empapaba su ropa.

Gracias a... —Alanna salió de su ensimismamiento al escuchar la débil voz del joven—. Por favor, necesito...

Y sus palabras se las tragó el sonido de un cuerno que reverberaba desde el bosque. Alanna aguantó el aliento y empalideció, pues cualquiera que no fuese un ignorante sabía quiénes eran los únicos que usaban un cuerno a modo de llamada. ¡Horror, los huestes de la bruja! Y la mirada furtiva del hombre al interior del bosque solo reafirmó sus sospechas.

¿Os han seguido…? —le preguntó con un hilillo de voz, clavándole unos ojos iracundos—. Dioses, decidme que no os han…

Mis… hombres me están… buscando. Os prometo… que os recompensaré. Por favor, no puedo permitirme…

Alanna fue a replicarle cuando el chico se le desplomó en el vano, ya sin fuerzas. Frustrada, se mordió el labio inferior y trató de reincorporarle un poco con mala gana. ¿Recompensarla? ¡Lo único que quería es que no tuviese a una panda de orcos y goblins rondando por su casa!

Pero supo que ya era tarde cuando el primer aullido de esos lobos gigantescos que montaban los orcos le puso los pelos como escarpia. ¡Demonios! Chasqueó la lengua y agarró en brazas al desfallecido para dejarlo dentro, no muy lejos de la entrada. El muy insensato le habría metido en un entuerto de un par de narices, pero tampoco podía deshacerse de él por las buenas y dejarlo a su suerte; su abuela nunca se lo hubiese perdonado de abandonarlo.

Además, si los huargos no lo habían cazado en su estado… Aún tenía una posibilidad. Salió a la intemperie y aprovechó el fango para removerlo y ocultar las marcas de sangre. Con el tiempo en su contra, no se esmeraría más de la cuenta, sólo lo suficiente para dificultar su visibilidad. Luego, ya sería cuestión de rezarles a los guardianes del bosque para que la lluvia hiciese el resto y ocultase el olor.

Lo siguiente fue su maltrecho invitado. Volvió a cargárselo encima y corrió escaleras arriba hacia el desván que se usaba por despensa. Allí arriba tendría casi todo lo necesario para hacerle un tratamiento de urgencia: paños, vendajes, hierbas… Extendió una manta sobre la que dejó al joven y se puso a rebuscar entre los estantes para aprovisionarse. El corazón le palpitaba de lo nerviosa que estaba, nunca antes había necesitado administrar primeros auxilios.

«Vamos, Alanna, serénate. El ungüento que solía preparar la abuela…», su dedo índice zigzagueaba entre los botes de hierbas hasta localizar las adecuadas, agarrando puñados pequeños que por poco se le escapaban de la mano.

Vale, tenía lo indispensable. Sin embargo, le preocupaba más la flecha y la sangre que manaba de la herida, tenía que cortar la hemorragia cuanto antes. Con una cuchara de madera, lo primero que encontró, se arrodilló a la altura del chico y le retiró la ropa para dejar al descubierto la zona en donde la tenía clavada. Tomó aire y lo exhaló, para después acercarle a su paciente la cuchara a la boca.

Morded. Esto va a doleros —le advirtió. Lo último que necesitaba es que se pusiese a chillar como un descosido y le oyesen los orcos —. ¿Listo? A mi señal.

Y a su señal, con paños ya preparados para lo que venía, tiró de la flecha con un movimiento firme, procurando no hacer ni el más mínimo aspaviento que agravase la herida. En cuanto la dichosa flecha estuviese fuera de su costado, se prepararía para comprimir la zona, vendarle y ponerle en la frente un paño húmedo en la frente nada más estuviese fuera de peligro. Entonces ya se podría poner manos a la obra con el remedio de hierbas.

Aunque en el proceso, se acordó de algo que le mencionó el hombre. De estar consciente y en condiciones de hablar, musitaría:

¿Habéis dicho… que teníais hombres a vuestro servicio? ¿Están muy lejos de aquí?

Hombres. Entonces… ¿Era alguna especie de cargo importante?
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Re: [Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Notapor Suzume Mizuno » Mar Jul 18, 2017 8:16 pm

Morded. Esto va a doleros —El joven miró la cuchara con algo de aprensión, pero abrió la boca, obediente—. ¿Listo? A mi señal.

Él respiró hondo y se aferró a la manta, cerrando con fuerza los ojos. Cuando Alanna tiró, se le escapó un gemido ahogado y también resopló por la nariz. Se arqueó sin poder evitarlo, pero apretó los dientes.

No gritó.

Se quedó laxo mientras Alanna se ocupaba de sus heridas, con la mirada borrosa y la cuchara resbaló de sus labios.

¿Habéis dicho… que teníais hombres a vuestro servicio? ¿Están muy lejos de aquí?

Agua… por favor…—En cuanto ella le diera un poco, se estremecería al escuchar los aullidos de los lobos, pero contestó a su pregunta—: Los perdí tres kilómetros al… norte. Estarán persiguiendo a los orcos. Gracias por…

Los aullidos sonaron tan cerca que les pusieron la piel de gallina a los dos. Y aún más cuando escucharon las voces.

¡Encontrad al príncipe u os juro que os corto a todos la cabeza! ¡Entrad a esa casa!

El joven miró a Alanna con las mandíbulas apretadas y, de pronto, la cogió por la muñeca. Quizás notara algo en sus manos, o quizás no. En todo caso, no les echó más que un vistazo, porque tenían prioridades mucho más importantes.

Si corréis, os perseguirán. Toda esta casa debe oler a vos, así que no os encontrarán por el olfato. Si me cubrís con hierbas y a vos también en algún sitio, podremos sobrevivir.

»Por favor. No puedo morir aquí, mi pueblo me necesita, Aurora me… Por favor.


No tardarían en ir a derribar la puerta. Hasta asomarse por la ventana era peligroso si quería contar su número. Pero contaba con unos segundos imprescindibles para decidir. El desván sin duda tendría cosas para esconderse y estaría menos limpio que la planta inferior. Pero ¿de verdad debería arriesgarse a que los encontraran a ambos? ¿Y si intentaba escapar? ¿O enfrentarse a los orcos? Al fin y al cabo, tendrían que subir uno a uno por la escalera. Seguro que tenía alguna escoba o hacha que usara para cortar leña…

O no. Alanna no encontraría armas como tal, solo herramientas. Si quería un cuchillo o un hacha, tendría que bajar corriendo y esconderse, porque con probabilidad no podría volver a subir sin que la vieran.

También podía escapar. Claro que había huargos pero conocía el bosque mejor que ellos. Podría librarse de ellos si trepaba a un árbol lo suficiente rápido.

Por último, estaba la opción de entregar al príncipe. El príncipe que, con toda probabilidad, la había condenado a muerte porque tenía que haber ido a su maldita casa y no a otro lugar menos llamativo a buscar refugio.

En cualquier caso, el príncipe no diría nada y acataría su decisión.
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Re: [Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Notapor Drazham » Mar Jul 18, 2017 10:04 pm

Ni le hubiese hecho falta ver la expresión de su “invitado” convaleciente para adivinar que arrancar una flecha de la carne dolería a rabiar. Al menos no emitió más que algún quejido incontenible, y con el vendaje puesto ya había pasado la peor parte. O eso quería pensar Alanna, porque los aullidos de esos malditos perros seguían escuchándose y no le estaban haciendo mucho bien a su corazón, golpeteándole el pecho sin descanso.

Agua… por favor…—Alanna obedeció de inmediato a su petición y alargó la mano a un cuenco con agua que tenía preparado. Le ayudo a incorporarse un poco y acercó el cuenco para que bebiese—. Los perdí tres kilómetros al… norte. Estarán persiguiendo a los orcos. Gracias por…

Hubo otro aullido, pero uno que sonó tan cerca que por poco se le resbaló el cuenco de la mano. La sangre se le heló por completo. No podía ser. Por la reina primogénita, con la que estaba cayendo ahí fuera no podía ser que su rastro siguiese…

¡Encontrad al príncipe u os juro que os corto a todos la cabeza! ¡Entrad a esa casa!

La peor posibilidad ocurrió. Alanna habría acabado por perder los estribos allí mismo y cometer cualquier estupidez de no ser porque algo la detuvo en el último momento.

«¿P-príncipe?», miró al joven, anonadada.

¡¿Él era el príncipe?! ¡¿El hijo del rey?!

Tan sobrecogida estaba que ni se percató de que el supuesto heredero del reino la agarró por la muñeca, justo en donde sus guantes protegían menos su secreto. Alanna soltó un estúpido gemido de horror y trató de liberarse tirando del brazo. Se sentía tan indignada y vulnerable a partes iguales que le tembló el labio inferior.

Si corréis, os perseguirán. Toda esta casa debe oler a vos, así que no os encontrarán por el olfato. Si me cubrís con hierbas y a vos también en algún sitio, podremos sobrevivir.

¡Dioses, no! Esos salvajes quemaban poblados enteros, bien eran capaces de derribar la casa con ellos si se cansaban de buscar

»Por favor. No puedo morir aquí, mi pueblo me necesita, Aurora me… Por favor.

El crujido de la puerta fue el primer aviso de que tenía que hacer algo. Ya. Alanna cabeceó y apretó los labios en una fina línea. A esas alturas, ¿qué opciones le quedaban? De huir por la ventana tendría que ingeniárselas como fuese para perder de vista a los huargos, pero eso significaba tener que dejar al príncipe detrás. ¿Y esconderse? Como les encontrasen iba a tener que ser ella misma la que les plantase cara a los orcos, y lo único que tenía en el desván para defenderse era alguna herramienta contundente. No había nada afilado o punzante… salvo la flecha que le extrajo al príncipe; una única flecha con la que tendría que atinar para apuñalar un ojo o el cuello. Tan solo al primero que pillase y se acabó.

A no ser…

Bajó la vista hasta sus manos y engarfió los dedos con aprensión. A decir verdad, sus garras ya habían probado la sangre antes, con algún que otro lobo extraviado de su manada que intentó atacarle y lejos de la vista de otros; un caso de extrema necesidad. Si ya de por sí no se veía del todo capaz para matar a un orco clavándole una flecha…

Cerró los ojos y negó con la cabeza. Lo primero era lo primero: Ayudó al príncipe a incorporarse y le indicó que se resguardase entre el estante de las hierbas y unas cuantas mesas con manteles que las protegían del polvo. En cuanto se ocultase, pondría encima de estas un buen montón de hierbas aromáticas a modo de que pareciese que estuviesen dispuestas para que se secasen.

En su caso, buscó un escondrijo al frente del otro entre el resto de mesas y objetos que abultasen. Hizo lo mismo y preparó más hierbas en las demás mesas para que no cantase tanto que solo había un montoncito en una de ellas. Se quedó con la flecha por si caso.

El resto fue tan sencillo como rezarle a las deidades que se dignasen a escuchar sus plegarias.
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Re: [Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Notapor Suzume Mizuno » Mié Jul 19, 2017 6:03 pm

El príncipe murmuró un agradecimiento cuando lo llevó al su escondrijo y se quedó muy quieto. Luego la propia Alanna se ocultó y aguantó la respiración.

Los siguientes minutos fueron insoportables. Escucharon cómo derribaban la puerta tras varios embestidas y ponían la planta inferior patas arriba. Al final, algo subió por las escaleras con rapidez.

Apareció un orco, seguramente el primero que Alanna veía tan de cercana. Más o menos, al contrario que los pequeños goblins, pestilente y con una armadura negra en parte acero, en parte cuero, recorrió con ojos pequeños la habitación.

Olfateó e hizo un gesto de desagrado, quizás abrumado por el olor a hierba. Así que, con paso pesado, se internó en el desván haciendo sonar las tablas bajo su peso. Se dirigió hacia donde había atendido al príncipe y a Alanna le recorrería un escalofrío la espalda al darse cuenta de que, con las prisas, no había tenido tiempo de ocultarlo. Hasta había dejado la larga flecha a un lado.

El orco miró con más atención en derredor, con una sonrisa curvándole los labios. Mostró los pronunciados dientes y se dirigió hacia donde estaba Alanna. ¿Habría visto algo? Tampoco es que fuera el mejor escondite del mundo…

Entonces, abajo se escuchó un grito ahogado. Algo cayó al suelo. La misma criatura que antes había hablado lanzó un rugido y hubo un repiqueteo que debía ser el choque de unas espadas.

El orco se dio la vuelta, con la mano en su sable y se acercó con lentitud a la escalera, casi reticente. De la misma vieron cómo llegaba una explosión de luz.

¿Magia? ¿Magia de quién? ¿Amigo o enemigo?

Era la oportunidad de Alanna. El orco estaba ahí, vacilando entre si bajar. Un empujoncito, una flecha en el cuello, y se habría acabado. En teoría.

Pero atraería la atención al desván…

Abajo seguía la pelea.
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Re: [Reino Encantado]Un lugar llamado hogar

Notapor Drazham » Jue Jul 20, 2017 6:28 pm

La puerta acabó reventando después de los continuos golpes que sonaban escaleras abajo. Después de eso vinieron las pisadas y el crujir de mesas, sillas y cualquier otro mobiliario que pudiesen mover. Esos animales estaban montando un buen barullo en la planta de abajo, y sería cuestión de tiempo que decidiesen hacer lo mismo con el desván.

Tal cual lo pensó, escuchó unos pesados pasos subiendo por las escaleras. Alanna tragó saliva y se asomó lo suficiente desde su escondrijo para toparse a una figura verdosa y con motivos negros que, cielo santo, era enorme. Había visto orcos antes, pero desde la seguridad que le otorgaba el bosque y bien lejos. Como engañaban las distancias.

Según avanzaba por el habitáculo, sintió sus pisadas sobre la madera como si lo que tuviese allí arriba fuese un oso. Contuvo el aliento hasta que notó que se detuvo y volvió a asomarse un pelín. Lo vio allí parado, justo en frente de donde dejó reposar al príncipe y lo atendió.

A Alanna le dio tal vuelco el corazón que se llevó las dos manos a la boca para no gritar de espanto.

¡La manta manchada de sangre! ¡¿Cómo pudo ser tan estúpida para pasársele por alto una prueba tan incriminatoria?! Casi por puro instinto de supervivencia y mucho miedo, su mano se movió hacia la flecha, pero tras tantear unos segundos sin llegar a coger nada, viró la vista al suelo. Aquella mañana su pobre corazón no dio abasto; encontró la dichosa flecha justo al lado de la manta. Otra metedura de pata por culpa de los nervios.

Los pasos del orco reanudaron, y Alanna se apresuró a acurrucarse en su escondrijo. ¡Cielos, se le estaba acercando! ¿La habría pillado? ¿Ni siquiera hizo bien el esconderse tampoco? El pecho le empezó a apretar tanto que dolía. Se mordió el labio inferior y cerró los ojos, esperando el temible momento de la verdad, como un corderito a punto de ser despiezado en la matanza.

Entonces vinieron gritos de abajo. Gritos de dolor, de rabia y el restallido del metal, uno que en los tiempos que vivían, solo podían significar una contienda. ¿Habían… iniciado una pelea en su casa? Supo que al orco le debió de picar la curiosidad al oír sus pasos alejándose. Aprovechó ese momento para volver a asomar la cabeza y se sobrecogió con el fogonazo de luz blanquecina que salió de las escaleras. Aquel resplandor era tan innatural que no podía ser fuego.

«¡Brujería!», no se imaginaba otra posibilidad para la explosión de antes. ¿Ahora tenía a hechiceros conjurando en su hogar?

Se fijó entonces en el orco, de espaldas, y peligrosamente pegado al borde de las escaleras. Ni se molestaba en mirar de reojo por encima del hombro, absorto por lo que debía estar pasando abajo. Los ojos de Alanna centellearon hasta clavarse en la única arma que se dejó olvidada de la forma más tonta posible. Pero, ahora podría coger la flecha y hacer con ella lo que se planteó desde un principio. Con su víctima dándole la espalda, sería incluso más fácil que antes…

¿De verdad podía ser capaz de matarle?

«Si quieres sobrevivir», apretó los dientes. «Da igual que se haya olvidado por el momento, sabe que estás aquí. Si no lo haces ahora y la pifias otra vez, no vas a tener más oportunidades».

El instinto de supervivencia fue lo bastante fuerte para que despegara las rodillas del suelo y se agazapara con lentitud hasta la flecha. Fue cogerla y recorrerle un latigazo de repulsa por lo que iba a hacer, y otro más de arrojo.

«Como cuando sales a cazar. Tan solo… piensa que es como cuando sales a cazar».

Habiendo alcanzado el punto de no retorno, se deslizaría con sigilo hasta el orco y le saltaría encima. Su diestra le hundiría la punta de la flecha en el cuello hasta que no pudiese meterla más adentro. Los dedos de su siniestra se clavarían en la mandíbula inferior y harían fuerza hacia arriba para que no se escapase ni el más mínimo grito.

Si algo bueno le otorgó ser lo que era, sin lugar a dudas era una fuerza notable. No tenía ni idea si alcanzaría a rivalizar con la de un orco —tenía muchísimas dudas al respecto—, pero la aprovecharía para que su presa no se desplomase escaleras abajo y llamase la atención de sus compañeros. De salir airosa y dejar el cuerpo en el suelo, se asomaría por las escaleras para averiguar qué demonios estaba ocurriendo.
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