[Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Encuentro de Celeste y Fátima

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Moderadores: Astro, Suzume Mizuno, Denna

[Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Suzume Mizuno » Dom Oct 08, 2017 6:56 pm

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Cronología
Fátima: Encuentro Simpatía por el Diablo >Este Encuentro > Penúltima parada
Celeste: [Reino Encantado] Espinas negras > Este encuentro > [La Cité des Cloches] Insomnia


Los pasos de la niña al desplazarse hacían que retumbara la mesa y, por tanto, las sillas y la vajilla. Por supuesto, también hacía temblar a Fátima, pero eso no le importaba tanto como el hecho de que la estaba sosteniendo y tenía terror de que apretara sin querer. De momento había sido muy delicada, como si estuviera acostumbrada a sostener cosas pequeñas, pero esos dedos eran tan grandes que le había costado no contener un alarido cuando la cogió por el brazo.

¡Mira, Marie! ¡Ya te he traído a Oscar!

Su voz, aparte de reverberante, era casi ensordecedora y le costaba un esfuerzo enorme no rechinar los dientes cada vez que hablaba. Fátima contuvo el aliento cuando le dio un brusco giro, la cogió por los brazos y la hizo quedarse en un precario equilibrio frente a la mesita.

«Oh mi amada Marie, ¿habéis empezado sin mí? ¡Me rompéis el corazón!»—exclamó, agravando la voz todo lo que podía y sacudiendo a Fátima hasta que le castañearon los dientes. Luego los dedos, increíblemente hábiles, le doblaron un brazo delante del cuerpo y la inclinaron en una torpe reverencia—. «Hasta he salido antes de mi puesto en la guardia real para tener una oportunidad de veros!»

«¿En serio se supone que esa es mi voz?», pensó, mareada y cansada, además de humillada.

El cambio de ropa había estado a punto de convencerla que al garete, que no iba a soportar algo así, pero cuando se había querido dar cuenta era demasiado tarde y ya le había quitado el vestido. Dio mil gracias porque no hubiera querido quitarle la ropa interior, porque habría sido la gota que colmara el vaso. Aun así, al ver a Celeste, sólo se le venía una pregunta a la cabeza.

«¿Por qué yo tengo que ser el hombre?»

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Que era un traje bonito pero… Nada en comparación con Celeste.

Le dirigió una mirada, mezcla de horror y de ánimo a la muchacha, encajada con un emperifollado vestido en la silla y con una tacita de juguete en la mano. La niña, cuyo nombre todavía no conocía, sentó a Fátima en otra silla de juguete y empezó a interpretar una reunión de alta clase entre dos enamorados. A Fátima se le estaba quedando rígido el cuello de tanto mantenerse en las posturas que la cría le imponía y le lagrimeaban los ojos y le tiraban las mejillas por sonreír y tratar de no parpadear.

Dios, ¿cómo habían podido permitirse llegar a esa situación?
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Denna » Dom Oct 08, 2017 7:05 pm

«Oh mi amada Marie, ¿habéis empezado sin mí? ¡Me rompéis el corazón!»

«El corazón no sé... Pero a este ritmo, un par de huesos a lo mejor sí».

Llegados a este punto no sabía si reír o llorar. «Quizás lo más fácil sería rendirme al desmayo», pensé mientras procuraba coger aire entre pequeñas respiraciones. Ya no para permanecer lo más quieta posible, sino porque el lazo que me apretaba la cintura me estaba cortando la sangre. Literalmente. En pocos minutos empezaría a ponerme azul. No cabía duda. Y sólo si no me daba un golpe de calor antes.

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La inocencia de la niña me parecía enternecedora. Que me hubiera elegido a mí para ser la princesa antes que a Fátima, más todavía. Pero cuando sentí los primeros calambres en el brazo y oí que me bautizaba con el nombre de «Marie» estuve a punto de arrojar la tacita de juguete contra el suelo.

Es que, ¿de verdad? ¿Marie? ¡Qué falta de originalidad! ¿Dónde quedaba el buen gusto?

«Hasta he salido antes de mi puesto en la guardia real para tener una oportunidad de veros!» —continuaba la chiquilla con esa voz grave que le ponía a Fátima —también conocida ahora como Oscar el caballero—. Haciendo gala de una destreza sorprendente, la sentó en otra de las sillitas de juguete y la colocó delante de mí, con su respectiva tacita.

Miré a la chica suplicante, aunque sabía que no podía hacer nada. Yo ya no sentía mi brazo. «Tenemos que cambiar de mundo para entrenar», me prometí a mí misma. «Sin encargos ni leches. ¡Que se busquen a otra Marie!».

Contuve una mueca cuando, esta vez, la niña chilló con una voz agudísima:

«¡Nunca tienes tiempo para mí! ¡Siempre estás con tus amigos, los otros caballeros, borrachos perdidos en alguna taberna de mala muerte!»

Recordé en el último segundo que debía mantener la sonrisa, porque estaba demasiado estupefacta tras el comentario. Tomé un sorbo apresurado (y doloroso, dicho sea de paso) de aire de la taza. ¡¿Así hablaban las niñas de hoy en día?!

«Vas a tener que compensármelo. ¡Demos un paseo por mis jardines!»

¿Y si era yo, que tenía cara de noble caprichosa, celosa y marimandona...?

Antes de que pudiera ofenderme de verdad, me vi de nuevo en pie. Contuve un sollozo. Tras cinco buenos minutos encasquetada a presión en la silla me dolía hasta pensar. Al menos no tenía que seguir sujetando la tacita de las narices. La niña tiró con cuidado de mí con cuidado y me hizo pasar la mano por el brazo doblado de Fátima.

Tenemos que hacer algo con ella —susurré, intentando mover la cara lo menos posible— o no nos dejará escapar jamás.
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Suzume Mizuno » Dom Oct 08, 2017 7:10 pm

Mientras luchaba por no sucumbir de nuevo al miedo por las alturas que tanto le había costado superar —y era una tarea ardua, cuando la niña las llevaba a una velocidad suicida hacia el jardín, con cada maldito paso retumbando y amenazando con partirle el cuello—, escuchó cómo Celeste decía:

Tenemos que hacer algo con ellao no nos dejará escapar jamás.

¡Pero… no podemos… hacerle nada!—siseó como respuesta—. ¡Hay que esperar…!

Y no consiguió decir nada más, porque el alma se le vino a los pies. ¿Esperar a cuándo? Atravesaron el vestíbulo y salieron al bonito jardín trasero de la casa. Fátima nunca había pensado que un día la hierba cortada podría asemejarse tanto a un mundo salvaje y abandonado. El sol pegaba de lleno, todavía en el cénit de su maldito y jodido recorrido.

¿A qué hora se acostaría la niña? ¿A las nueve con mucha suerte? Le entraron ganas de llorar. Sobre todo cuando pensaba cómo habían acabado así.

****


Aquella mañana, Fátima había acudido a entrenar a Celeste como en la última ocasión. Después de lo ocurrido en Agrabah creía que podían tener la suficiente confianza la una en la otra, siempre que no sacaran temas delicados sobre la posible sexualidad de sus Maestros o la posición de las Órdenes.

Bien, creo que podemos dejarlo por hoy

Le entregó una toalla para que se secara: el último ataque de agua la había alcanzado de lleno. Fátima, por su parte, estaba empapada en sudor. Había sido un entrenamiento intenso y hasta le dolían un poco las piernas. También le pasó una botella de agua a Celeste.

¿Te importaría que fuéramos de nuevo al mercado?—le preguntó en cuanto hubieron aplacado un poco la sed—. Ronin me ha encargado comprar unos polvos a una antigua hada que trabaja por aquí. —Dio un sorbo a su bebida—. Un hada encubierta, no sé si es madrina de niños o algo así… El caso es que tengo que pasarme a recogerlo.—Se retorció un mechón de pelo y esbozó una sonrisa de disculpa—. Y te invito a comer, si te parece.

Harun, que las había vuelto a acompañar, se apoyó en el hombro de Celeste y le olfateó la mejilla. Fátima rió por lo bajo. Parecía que alguien tenía también hambre.
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Denna » Dom Oct 08, 2017 7:15 pm

La respuesta de Fátima era desalentadora, pero no teníamos otra opción que la de esperar. Indefensas como estábamos, sin superar los treinta centímetros de altura, nuestros recursos eran escasos.

La niña se sentó en la hierba fresca y nos puso de pie delante de ella, todavía cogidas por el brazo. Tuve que hacer un esfuerzo para no gritar ni poner caras; aunque estaba forzada a mantener la cabeza recta, podía ver por el rabillo del ojo lo colosales que eran las hormigas que circulaban alrededor de nosotras.

«¡Qué mañana tan hermosa!, ¿verdad, Oscar? Ven, sigamos este camino. ¡Te enseñaré mi rosal favorito y haremos el ramo más bonito que se haya visto jamás!»

* * *


¿Te importaría que fuéramos de nuevo al mercado?

Negué con la cabeza.

¿Un pedido para Tierra de Partida? —traté de adivinar.

Ronin me ha encargado comprar unos polvos a una antigua hada que trabaja por aquí. Un hada encubierta, no sé si es madrina de niños o algo así…

Un hada, ¿eh?

Con el pretexto de secarme el pelo, me giré para que mi expresión no me traicionara. Se me acababa de caer el alma a los pies. Todavía no había pasado ni un mes desde lo de Reino Encantado, y si bien las hadas de un mundo y otro no tenían nada que ver, me debatía entre si fingir o no que estaba enferma de repente.

Y te invito a comer, si te parece —añadió Fátima con una sonrisa.

Se la devolví, no sin cierto esfuerzo.

No es molestia, tranquila —decidí al final. Tenía que avanzar. No tenía ningún derecho a quedarme estancada en el pasado. Yo no—. Por hoy podemos pagar a medias.

Acaricié con recato la cabeza de Harun cuando se acercó y, aunque me puse en tensión cuando empezó a olisquearme, no me atreví a echarle.

Eres el dragón más bonito y bueno que conozco, tenlo presente —murmuré con una media sonrisa mientras le daba un toquecito en la nariz.

Aproveché para preguntarle a Fátima por la dirección del hada, y luego comenté:

Así que polvo de hada. Y... ¿qué se supone que hace eso? ¿Es alguna clase de arma? —Al formular esta última pregunta, fruncí el ceño con reproche—. Espero que Ronin te haya advertido cómo manipularlo. Podría, no sé, explotar o algo así.
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Suzume Mizuno » Dom Oct 08, 2017 7:17 pm

Pues… En realidad creo que es para Yami, pero que estaba ocupada haciendo el pino en una de las torres, así que me lo pidió Ronin en su lugar. —respondió Fátima, no muy segura—. No tengo la menor idea de para qué sirve y, la verdad, si va a usarlo Yami prefiero mantenerme alejada. —Se dio cuenta de que eso no sonaba muy bien y dijo—: No te preocupes, he traído un bote para meterlo todo dentro y que no haya problemas. De todas formas el hada debería indicarnos cómo usarlo.

O eso suponía.

Cuando llegaron a la ciudad, Fátima cogió a Harun y lo metió como pudo en el bolso. Se encaminaron al mercadillo, lleno de puestos donde se vendía comida, bebida, abalorios, telas y… cosas variadas a las que Fátima decidió no acercarse. Suficiente tenían con tener que negociar con alguien que estaba siempre en contacto con Yami.

Se llamaba Miki o algo así.—La verdad era que se trataba de un nombre que no impresionaba demasiado, pero suponía que a un hada eso le daría un poco de igual si con agitar una varita podía convertirles en ranas.

¡A vuestro servicio!

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La voz que habló era masculina, elegante y joven. Fátima se volvió hacia la izquierda y se encontró, en un puesto que pasaba extrañamente desapercibido —tuvo que parpadear varias veces para terminar de verlo bien—, a un esbelto muchacho de pelo blanco e intensos ojos azules.

Miró a Celeste de reojo y luego carraspeó y preguntó:

¿El…señor Miki?

Él esbozó una sonrisa traviesa.

El que viste y calza. Esperabais a una mujer, ¿verdad?

Bueno…—Fátima se sonrojó un poco—. Lo sentimos.

Él sacudió la mano, restándole importancia, y empezó a rebuscar detrás del puesto.

Yami me comentó que vendría una Caballero a por los polvos. Tened cuidado con no derramarlos, porque pueden hacer escocer bastante la piel de un ser humano. Os lo voy a dar sellado para que no haya peligro, pero nunca está de más advertir.

Mientras Miki buscaba, Fátima echó un vistazo a los botecitos y platos que había artísticamente colocados. También había bollos y pastelitos que tenían muy buena pinta y, sin darse cuenta, empezó a salivar. Era como esos dibujos de libro que hacían que las tartas del mundo real parecieran decepcionantes.

Miki asomó la cabeza por encima del puesto, con la sonrisa ensanchada.

¿Os apetecería comprar un par? Son bastante baratos y no todos son mágicos.

A Fátima le gruñó el estómago. Sorprendida, se cubrió la boca. Hacía poco no tenía tanta hambre… ¿Sería un efecto de los pasteles? La verdad era que no le importaba, porque, Dios, tenía que probar como mínimo uno sin importar el precio.

Creo que voy a pedir ese de chocolate, si es tan amable.
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Denna » Dom Oct 08, 2017 7:26 pm

Y... ¿cómo decías que se llamaba ese hada?

La curiosidad me invitaba a echar un vistazo a todos los productos que ofrecía su parada, pero cuando creí ver cosas moverse me eché un poco para atrás. Al menos no parecía haber nada peligroso. Ni explosivo. Eso era bueno. Me pregunté, por un instante, cómo reaccionaría si encontrara por ahí un cuerno o una perla.

Se llamaba Miki o algo así —respondió Fátima. Vi que ella tampoco se acercaba demasiado al puesto y decidí imitarla.

Qué nombre tan...

¡A vuestro servicio!

Pegué un brinco, sorprendida, y me di la vuelta enseguida. Ni de broma quería que un hada loca me hechizara otra vez, lo mereciera o no. La última vez habían surgido efectos secundarios muy desagradables. Pero en vez de a una mujer baja y malhumorada blandiendo un palito mágico di con... algo completamente distinto.

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¿El…señor Miki? —preguntó Fátima. Me alegraba ver que no era la única a la que había pillado con la guardia baja.

El muchacho de cabello blanco sonrió. No parecía enfadado; la malicia en su sonrisa era totalmente inofensiva.

El que viste y calza. Esperabais a una mujer, ¿verdad?

Bueno…

Puede...

Lo sentimos.

Precioso nombre, por cierto.

Incómoda por la situación, me quedé en mi sitio, cambiando el peso de un pie a otro a la espera de que Miki encontrara los polvos. Me mantuve apartada de la conversación, cortada, pero me alegraba saber que se preocupaba por nuestra seguridad. Jugueteaba con mi pelo cuando el hada nos señaló:

¿Os apetecería comprar un par? —Me volví hacia una bandeja de bollitos y trozos de pastel que la Maestra observaba—. Son bastante baratos y no todos son mágicos.

«Qué detalle». Pero no podía negar que tenían muy buena pinta. Y a mí, al menos, el estómago me rugía.

Crucé una mirada con Fátima a modo de pregunta silenciosa.

Creo que voy a pedir ese de chocolate, si es tan amable.

Yo... uno de estos bollitos, por favor. Sin magia, a poder ser —añadí con una pequeña sonrisa.

¡Marchando! —Miki sacó ambos dulces de su sitio y los envolvió con habilidad. Le tendió el bote a Fátima y a mí la comida, y le indicó a ella:—. Yami me pagó por adelantado, así que no te preocupes por nada. Sólo sujétame el tarro un momento para que lo selle con un hechizo y...
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Suzume Mizuno » Dom Oct 08, 2017 7:47 pm

¡Marchando! —Fátima siguió el hábil movimiento de las manos de Miki preguntándose si algún día conseguiría presentar la comida con tanta gracia—. Yami me pagó por adelantado, así que no te preocupes por nada. Sólo sujétame el tarro un momento para que lo selle con un hechizo y...

Eso le sorprendió. No esperaba que Yami hubiera sido tan atenta. Sujetó el tarro y prestó atención al tipo de magia que usaba Miki con fascinación. Entonces fue cuando un niño que pasaba a toda velocidad tuvo que esquivar la enorme barriga de un hombre y chocó contra las dos.

Fátima soltó una exclamación de alarma y elevó el tarro para que no se volcara. Como resultado dio con la cintura en el puesto y todos los platos se sacudieron. Miki las sujetó a cada una por un hombro para evitar que cayeran del todo hacia delante.

¡Mira por dónde vas, niño!—exclamó Miki, irritado—. ¿Estáis bien?

A pesar de ser tan delgado, tenía una fuerza sorprendente y las ayudó con delicadeza a ponerse de pie.

Sí…Muchas gracias—respondió Fátima, algo turbada. Había estado tan pendiente de los pastelitos que no se había fijado de que alguien le venía por la espalda… Eso en otras circunstancias podría haberle costado el cuello.

Ay, qué desastre.—Un par de platitos habían desperdigado sus polvos sobre la mesa y unos cuantos bollitos estaban cubiertos de una capa plateada. En su mano apareció un pequeño plumero y empezó a limpiarlos con movimientos rápidos.

¡Lo siento mucho!

No es vuestra culpa, tranquilas. A ver… Sí, estos no están manchados. Tomad.

Miki les envolvió los pastelillos en un bonito papel crujiente y se los entregó. Luego selló el bote y Fátima se lo guardó a buen recaudo. Miki sonrió y Fátima, que nunca había prestado atención a los chicos jóvenes, se ruborizó un poco.

¡Espero que a Yami le sirva!

Fátima se despidió con un gesto y se alejó con Celeste hacia una de las plazas de la ciudad. Cerca había un jardín, así que podrían sentarse a picotear antes de buscar un sitio más decente para comer.

La verdad es que no me esperaba un hada así. Siempre me las he imaginado mujeres y más mayores…Cuántos prejuicios tengo que quitarme todavía de encima—comentó con una sonrisa de incomodidad—. Cuando nos caímos sobre el puesto, por un momento pensé que explotaría y todo.

El jardín estaba cerca de unas casas de nobles bastante impresionantes, con fachadas elegantes y balcones repletos de flores. Unos niños jugaban a la pelota y unas pocas niñas con vestidos encantadores reían mientras los miraban. No muy lejos una niña pequeña tiraba de la mano de la que debía ser su hermana mayor, con aire de aburrimiento. Fátima se sentó en un banco al lado de una fuente y se apresuró a sacar uno de sus bollos. ¿Cómo podían tener tan buena pinta? ¿Sería cosa de magia?

¡A tu salud!

Y dio un mordisco.
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Denna » Dom Oct 08, 2017 7:52 pm

Ay, qué desastre.

La que se había armado en un momento. Estúpido niño. Repasé el estante con un vistazo rápido, asegurándome de que no se había roto nada ni nadie, pero lo único afectado era la bandeja de pasteles, ahora cubierta de polvo de hada. Miki se dispuso a barrerlo con un plumero, irritado.

Qué lástima —dije con auténtico pesar. Aunque el hada me causara recelo, estropear comida debería ser un crimen—. Espero que pueda arreglarse...

No es vuestra culpa, tranquilas. A ver… Sí, estos no están manchados. Tomad.

Recogí la segunda entrega de pasteles con una sonrisa tímida. Al menos, parecía que podía arreglárselas bien solo. Aunque no había sido fallo mío ni de Fátima, no podía evitar sentirme un poco culpable. Miki desechó nuestras disculpas y nos tendió la comida.

¡Buen provecho!

Con el bote sellado y guardado y el desayuno —bueno, segundo desayuno a estas alturas— listo, dijimos adiós a Miki para salir del mercado. Segundo encuentro con hadas: ¡superado con éxito!

Aún a pesar de todo, respiré más tranquila una vez nos alejamos de potingues mágicos. A juzgar por las vistas, habíamos ido a parar a la zona rica de Castillo de los Sueños. Compuse una mueca de desagrado ante las casas bonitas y sus jardines bien cuidados. Si bien la diferencia entre ricos y pobres no era muy grande (en ese mundo en concreto), seguía sin tener superados los primeros catorce años de mi vida, en los que no había podido ir más allá de mi propio jardín. Miraba con una envidia nada sana a los niños jugar cuando Fátima habló:

La verdad es que no me esperaba un hada así. Siempre me las he imaginado mujeres y más mayores…Cuántos prejuicios tengo que quitarme todavía de encima —confesó.

Reí un poco.

Oh, no te creas. No son prejuicios. Sin contar a Miki, todas las hadas que he visto son mujeres y mayores —dije. «Y dragones, en según qué casos»—. Pero, eh, ya estaría bien que fueran como él, no te lo negaré. Ha sido muy amable... —añadí, sientiendo que me ruborizaba un poco.

Cuando nos caímos sobre el puesto, por un momento pensé que explotaría y todo.

Eso... me temo que eso tampoco son prejuicios, Fátima...

Nadie había sufrido más que yo en ese momento.

Consciente de la tensión del momento, deseché la idea con un gesto desenfadado.

En cualquier caso, todo ha quedado en un susto, ¿no? Tenemos lo que veníamos a buscar y comida. ¡No se puede pedir más! —Tomé asiento en uno de los bancos, algo apartado del jardín y de las casas, y puse la bolsa de papel con los bollitos entre las dos, a modo de plato—. Bon appetit!

¡A tu salud!

Mordisqueé un trozo de bollito. Jesús, si por fuera parecía rico, sabía a un pedacito de cielo. Miki era un cocinero increíble, ¿seguro que no había algo de magia en sus recetas?

«Un momento... ¿Por qué estoy..?».

Dejé caer el bollito al suelo, paralizada. No podía moverme. Notaba todos los músculos tirantes, rígidos, como si estuviera hecha de piedra. Miré a Fátima por el rabillo del ojo, muerta de miedo, pero la Maestra había desaparecido.

La vista se me nubló. Lo siguiente que sentí fue que el mundo daba vueltas, muchas vueltas. ¿Me desmayaba? Choqué contra algo duro y frío —algo que habría jurado que era el suelo de piedra, si no fuera imposible. Sin embargo, al abrir los ojos, lo que vi era muy real.

¡¿Por qué tenemos el tamaño de juguetes?!
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Suzume Mizuno » Dom Oct 08, 2017 7:55 pm

¡¿Por qué tenemos el tamaño de juguetes?!

Fátima estaba demasiado impactada para responder. Su primera reacción fue asegurarse de que su ropa estaba bien. Sí, había encogido con ella. También los objetos que llevaba consigo, incluido su anillo de Ondina y lo que le había pedido Yami. Solo entonces se permitió mirar hacia arriba. Y se arrepintió.

Mareada, se tambaleó un poco, con los ojos entrecerrados para que el sol no la cegara. Estaban cerca del bordillo de la calle y la caída parecía impresionante, como en cualquier entrenamiento intensivo donde se veía obligada a usar el doble salto. A su izquierda, las hierbas del jardín se alzaban por encima de ella, sacándole varias cabezas. Parecía un maldito bosque. Escuchó un estruendo que la hizo dar un respingo y luego vio algo gigantesco cruzar el cielo. ¡La pelota de los niños!

Iba a decir algo pero entonces el suelo empezó a temblar. Al darse la vuelta, vio que se aproximaban dos mujeres sobre grandes y gruesos tacones. Sus faldas barrían la acera y levantaban tormentas de polvo y hojas a su paso. Hizo un gesto a Denna y se arrojó contra la hierba, sin querer imaginar lo que pasaría si una cantidad de tela como esa se las llevaba por delante.

Con el corazón a mil, abrió las hierbas, que se le pegaron a los dedos como si estuvieran recubiertas de pegamento. El suelo estaba seco y las piedras —en realidad no era más que tierra— se abrían con facilidad, por lo que Fátima se hundió casi hasta las rodillas. Con un resoplido al forcejear, consiguió internarse un poco más en la hierba antes de que las gigantes pasaran por su lado.

¿Estás bien?—preguntó a Celeste con la garganta seca.

Se llevó una mano al pecho y se obligó a calmarse. No entendía nada, pero no parecía que hubiera Sincorazón cerca ni que nada las estuviera buscando. Se quedó mirando una hormiga que pasó no muy lejos de ella y que ahora era casi tan grande con su pie. Un escalofrío le subió por la espalda. Nunca le habían desagradado los bichos, había jugado mucho con ellos cuando era pequeña después de que Vaan le dejara una mano roja por hacerle daño a una pobre mariquita y había criado a sus propias mariposas en su momento. Pero la idea de que ahora pudiera cruzarse con una mantis religiosa o una cucaracha…

Se le revolvió el estómago. ¡Y los otros animales! ¡Ratas, gatos, perros…!

«¡Cálmate y piensa!»

¡Sí, lo primero de todo era ponerse a salvo! Volverían a Tierra de Partida y verían qué hacer. Extendió una mano para abrir un Portal de Luz.

Y no pasó nada.

Fátima se puso blanca y volvió a intentarlo. Asustada, probó a invocar un poco de agua y tampoco fue capaz. Empezó a sudar.

Celeste, ¿puedes hacer magia?
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Denna » Dom Oct 08, 2017 8:11 pm

Asentí a duras penas. Sí, estaba entera. De momento. ¿Qué demonios acababa de pasar? Aparte de dos señoras gigantes que casi nos aplastaban. Completamente perdida, seguí a Fátima como una niña pequeña, demasiado asustada como para mirar a mi alrededor.

Todo era gigantesco. Todo. Los bollitos, que habían caído a nuestro lado al encogernos, eran tan grandes como nosotras.

¿Fátima...? —Tiré de su manga, alarmada, sin apartar los ojos del desayuno recién mordido—. Por favor, dime que ese polvo brillante que nos acabamos de comer es glaseado y no magia...

Horrorizada, empecé a alejarme. Era cuestión de tiempo que el olor, cada vez más intenso gracias al Sol, atrajera a una horda de bichos hambrientos. El último sitio en el que quería estar era ahí.

Teníamos que volver a Tierra de Partida. Ya mismo.

Celeste, ¿puedes hacer magia? —preguntó Fátima, pálida como una sábana.

¡No me digas que tú no!

Temiéndome lo peor, traté de conjurar un Electro, pero no tenía ni una gota de magia. ¿Por el tamaño? ¿O era algún efecto secundario de la comida? Maldije, a punto de perder los nervios, pero antes de que alguna de las dos pudiera pensar una solución, el suelo volvió a temblar.

Con una seña, le insté a la Maestra que nos escondiéramos debajo del banco. Un niño pasó corriendo, riéndose a carcajadas con una muñeca de trapo en las manos. A ras del suelo, la imagen era terrorífica. Lo mismo debía de pensar la niña que lo perseguía y llamaba, visiblemente alterada. Me quedé muy quieta cuando la pequeña se detuvo y, disgustada, dio una patada a una piedra. Parecía a punto de llorar.

Creo que lo habría hecho de no haber seguido el recorrido de la piedra con la mirada, que fue a parar hasta nosotras. Los ojos se le iluminaron y abrió mucho la boca.

«Mierda».

Era demasiado grande para poder echar a correr. Jesús, si con un par de zancadas ya estaba sobre nosotras.

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La niña nos cogió sin el menor esfuerzo. Maravillada, nos sentó en el banco y se nos quedó mirando un buen rato, acariciándonos el pelo y la piel. Y luego, satisfecha, nos llevó al interior de la casa, olvidándose del niño y de todo lo demás.
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Suzume Mizuno » Dom Oct 08, 2017 8:33 pm

Cuando la niña la cogió con sus manitas, Fátima contuvo un grito, convencida de que la espachurraría. Sin embargo, la levantó con delicadeza, fascinada. Fátima tuvo que hacer un esfuerzo por no arrugar la nariz ante el intenso olor que la abofeteó. Tardó en darse cuenta de que era a leche, aunque le resultó muy agrio e intenso, no sabía si por su tamaño o porque la criatura no se había lavado bien la boca.

Se mareó una vez las levantó, a una velocidad ridícula, y miró de reojo a Celeste. Las dos se habían congelado de la impresión y ahora entendió que la niña las había confundido con unas muñecas.

Mientras el balanceo de la carrera de la niña, que resoplaba de emoción y murmuraba algo de que tenía que mostrárselo a su mamá, le revolvía el estómago y hacía que su cabeza diera bandazos, hizo un gesto a Celeste. No tenían que moverse. Si hablaban o hacían algo, temía que las soltara o aplastara sin querer. Y sin magia debían ser todo lo precavidas que pudieran.


*


Una hora, ¿o dos? ¿o tres?, más tarde, regresaron al jardín con las ropas de muñeca que les había puesto la cría y Fátima estuvo a punto de partirse las piernas mientras la cogía por la cintura y la hacía «caminar» por el suelo. Entonces las llevó hasta la fuente —que a Fátima le parecía casi un palacio— y las dejó en el borde, con los pies a punto de entrar en el agua.

¡Esperad aquí un momento! ¡Tengo que traer el barco de mi herm-, digo, el barco de los piratas!

Y entre risitas, corrió hacia otro lado del jardín. Fátima se volvió con cuidado y, una vez comprobó que el terreno esta libre, cuchicheó:

¡Si ha sido cosa de la comida, entonces se nos tiene que pasar el efecto pronto! ¡Espero! ¡Pero no podemos quedarnos aquí, no nos dejará en paz!

Solo que estaban en una maldita fuente. No debía haber más de un metro de caída al césped, pero desde esa perspectiva… Fátima se abrazó y maldijo por enésima vez. Cuando la cría las cambió de ropa, se percató de que había olvidado la maldita cesta en la calle. No había tenido tiempo para ocuparse de él y ahora se le retorcía todo. ¿Se la habrían llevado esas mujeres con las que casi chocaron? ¿U otro niño? ¿Se habría escapado?

Entonces escucharon un maullido. A Fátima se le pusieron los pelos de punta cuando vio cómo un gato blanco y peludo, de grandes intensos ojos azules, las miraba desde abajo. Ni se había dado cuenta de que se acercaba.

Oh… dios.

El gato movía la cola y también el trasero, preparado para saltar. Fátima se llevó una mano a la cintura y miró la espada del muñeco Oscar. Un palito de madera, pero uno afilado. Menos era nada.

¿Nos movemos o aguantamos hasta que la niña vuelva?—preguntó con un hilo de voz.
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Denna » Dom Oct 08, 2017 8:38 pm

Esperé a que la niña desapareciera a lo lejos para soltar todo el aire que tenía en los pulmones y aflojarme el lazo del vestido. Fue como volver a nacer.

Inhalé hasta que se me llenaron los pulmones mientras Fátima comprobaba que no volviera.

¡Si ha sido cosa de la comida, entonces se nos tiene que pasar el efecto pronto! ¡Espero! ¡Pero no podemos quedarnos aquí, no nos dejará en paz!

¿Sugieres que saltemos? —pregunté, alarmada.

La niña nos había dejado encima de la fuente del jardín pero, con nuestro nuevo tamaño, la distancia no era cosa de risa. De haber tenido la certeza de que podía usar Planeador lo habría intentado, pero sin magia... No, nada nos aseguraba que el resto de habilidades funcionaran. Y si alguna se rompía una pierna, escapar sería imposible.

¡Si tan sólo Fátima pudiera llamar a Harun! Volando quizás teníamos una posibilidad. Sólo necesitábamos un poco de tiempo.

El maullido me distrajo justo entonces. Al mirar abajo, una enorme bola de pelo blanca nos clavó sus ojos azules, con toda la intención de saltar a «jugar» con nosotras también.

¿Nos movemos o aguantamos hasta que la niña vuelva?

B-bueno, no irá a comernos, ¿verdad?

Como si pudiera entenderme, el gato se relamió.

Olvídalo —murmuré, retrocediendo hacia el agua—. Intentemos rodear la fuente, con suerte la niña se dará cuenta de que algo pasa y echará al...

Con un «¡miau!» atronador, el gato dio un ágil salto hasta el borde de la fuente. No nos atrapó entre sus garras de milagro, pero no fallaría una segunda vez.

Miré hacia atrás. Estábamos acorraladas. Por un lado, un gato gigante y hambriento; por otro el suelo, y la fuente a nuestras espaldas.

Aunque quizás sí que teníamos una salida.

¿Sabes nadar?

Estaba muy desesperada para sugerirlo, porque yo, desde luego, no era buena nadadora. Pero el agua ahuyentaría al gato, con suerte, y era una buena excusa para movernos sin que la niña sospechara.

«Al cuerno con la cría», me dije antes de que el animal se arrojara otra vez sobre nosotras. Si Fátima no podía defenderse con la espada, tiraría de ella hacia la fuente para que saltara. Cualquier cosa era preferible a que nos devorara un gato gordo.

¡Sir Griffith, no! ¡Fuera! ¡No molestes a Oscar y a Marie!
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Suzume Mizuno » Dom Oct 08, 2017 8:42 pm

¿Sabes nadar?

¿Sí…?

Fátima hacía frente al gato. Ahora que veía uno tan grande, la aterrorizó la ligereza de sus movimientos, que apenas hiciera ruido para desplazarse. Y esos ojos con las pupilas reducidas a rendijas. Sintió que su palito era ridículo pero aun así lo levantó para intentar darle tiempo a Celeste a tirarse, si es que al final iba a hacerlo.

El gato miró con desdén la falsa espada y dio un zarpazo. Fátima saltó hacia atrás, chocó contra Celeste y al final esta tiró de ella hacia el agua. Apenas sí hicieron ruido al caer, pero el gato comenzó a bufar y a salpicar al intentar atraparlas. Fátima se hundió cuanto pudo y nadó hacia al centro de la fuente, alejándose de las garras que casi le engancharon la maldita chaqueta.

Cuando emergió, escuchó a la niña gritar:

¡Sir Griffith, no! ¡Fuera! ¡No molestes a Oscar y a Marie!

La vio correr hacia ellas y miró a Celeste, paralizada de la impresión. Si fingían ser muñecas, se hundirían y a saber cuánto tardaría en sacarlas o si podrían no toser. Además, ¿no intentaría desnudarlas para cambiarlas de ropa?

La perspectiva le hizo subir un escalofrío por la espalda y nadó hacia Celeste a la vez que la chiquilla perseguía por el jardín a un indignado Sir Griffith, que les dirigió una última mirada de rencor que parecía prometer «volveré».

¡Vamos a fingir ser… ser como hadas! ¡De esas de los cuentos! A lo mejor así conseguimos que colabore. —Cuando Celeste fue a protestar, Fátima añadió—:Si nos quita la ropa para secarnos, ¿qué crees que hará? ¿Se creerá que somos muñecas?

¡Pero qué malo es ese gato!—refunfuñó la niña, que llegó ante ellas y extendió las manos para cogerlas—. No os preocupéis, ya se ha marchado. ¡Jo, estáis empapadas!

¡Salve, pequeña!—exclamó Fátima entonces, con voz chillona. La cría se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos—. ¡Has roto el hechizo que pendía sobre nosotras al… darnos nuevos nombres! ¡Ahora nos has salvado de esa bestia! ¿Estarías dispuesta a ayudarnos una vez más a cambio de un… regalo?

Fátima apretó los labios y pataleó con suavidad para mantenerse a flote, expectante.
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Denna » Dom Oct 08, 2017 8:47 pm

¡Vamos a fingir ser… ser como hadas!

¡¿Qué?!

¡De esas de los cuentos! A lo mejor así conseguimos que colabore. Si nos quita la ropa para secarnos, ¿qué crees que hará? ¿Se creerá que somos muñecas?

Me mordí la lengua. Una sensación de frío terror nació de mi pecho, y sacudí la cabeza antes de querer seguir pensando en eso. Era lo que siempre hacía desde que tenía memoria.

No, no se lo creería. Cerré los ojos. Entre dientes, pues ya podía oír a la niña acercarse, musité mi respuesta. Esos recuerdos cayeron de nuevo al pozo del olvido y, con ellos, el miedo y el frío.

¡Pero qué malo es ese gato! —«Que sea lo que Dios quiera»—. No os preocupéis, ya se ha marchado. ¡Jo, estáis empapadas!

Miré a Fátima de reojo y crucé los dedos mentalmente.

¡Salve, pequeña! ¡Has roto el hechizo que pendía sobre nosotras al… darnos nuevos nombres! —exclamó Fátima con una teatralidad y un vozarrón que Oscar y Marie habrían envidiado. A pesar de la situación, tuve que contener la risa ante la expresión de nuestra «liberadora»—. ¡Ahora nos has salvado de esa bestia! ¿Estarías dispuesta a ayudarnos una vez más a cambio de un… regalo?

La niña se la quedó mirando embobada, y luego a mí. Luego a Fátima de nuevo y se frotó los ojos.

¿U-un regalo? Vosotras...

Carraspeé y, tras una breve mirada a Fátima, tomé el relevo:

¡Así es, humana, somos hadas! ¡Nos has salvado, y por ello te concederemos un gran regalo! —prorrumpí, sujetándome al borde de la fuente para no perder el aire de hada.

¡Hadas! —repitió ella—. Pero... ¡Pero no tenéis alas! ¡Y sois muy pequeñitas! ¿Seguro que no sois duendes?

Creo que nosotras sabemos bien qué somos —solté, y su expresión cambió de repente. Arrepentida, me apresuré a añadir:—. Q-quiero decir que... El hechizo aún no se ha deshecho del todo. ¡Debemos recuperar nuestras alas y nuestro tamaño, y por eso necesitamos tu ayuda! ¡Protección! Bajo esta forma nos encontramos indefensas y a la merced de las demás criaturas. ¡Sólo un corazón noble podrá salvarnos!

Añadí lo del corazón noble para engatusarla, y eso pareció funcionar. O quizás fuera la promesa de un regalo. En cualquier caso, la niña dejó a un lado sus dudas y asintió.

Con mucha seriedad, recogió de nuevo el barco de los piratas y lo depositó con cuidado sobre el agua, a la espera de que subiéramos. Era pequeño incluso para nosotras, pero bastó para sujetarnos mientras la cría corría de vuelta al interior de la casa, con el juguete por encima de su cabeza; igual que si transportara un tesoro.

Unos minutos más tarde, las dos —las tres— estábamos sentadas frente a la chimenea, Fátima y yo arropadas con unas mantas. De haber sabido que nos cuidaría así de bien, le habría confiado que éramos hadas mucho antes.

La niña no nos quitaba ojo de encima, expectante. Al cabo de un rato, su mirada y su silencio empezaron a hacerse incómodos, por lo que me vi obligada a romper el hielo:

Supongo que te estarás preguntando cómo hemos terminado en esta situación. —Normal, yo hacía lo mismo—. Verás, todo esto es cosa de... la maldición de un malvado brujo que vive en los páramos, muy lejos de este reino. Nos robó nuestros nombres y nos transformó en muñecas para que no pudiéramos usar nuestra magia nunca más... No sé qué habría pasado si no nos hubieras encontrado...

Me arrebujé en mi manta, hecha un rollito —en realidad no era más que un pequeño trozo de sábana, pero se agradecía el esfuerzo por secarnos— y con un gesto le di pie a Fátima para que me ayudara en mi pobre e improvisada historia. No sabía muchos cuentos de hadas, en París no eran muy populares. Y si tenía que adaptar a nuestro papel a los príncipes y las princesas que sí conocía...

Rodé más cerca del fuego. ¿Cuánto faltaba para que el efecto de la magia se pasara?
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Re: [Castillo de los Sueños] Aventuras en miniatura

Notapor Suzume Mizuno » Dom Oct 08, 2017 8:54 pm

Verás, todo esto es cosa de... la maldición de un malvado brujo que vive en los páramos, muy lejos de este reino. Nos robó nuestros nombres y nos transformó en muñecas para que no pudiéramos usar nuestra magia nunca más... No sé qué habría pasado si no nos hubieras encontrado...

Al menos, Celeste se había metido en el juego. Cuando antes le hizo un corte a la niña, Fátima tuvo que contener el impulso de hundirla en el agua. Por suerte había rectificado a tiempo y estaban alejadas de Sir Griffith. Fátima se pasó la sábana por la cabeza y se escurrió la coleta. La niña, de pronto, sonrió y reconoció en su mirada la misma cara que ponía ella cuando veía a Harun bostezar mientras dormía. Se sonrojó un poco, indignada, ante la idea de que la viera como una muñequita.

Pero se obligó a sonreírle de vuelta. Estaba segura de que si ella hubiera encontrado a un… hada de pequeña, tampoco habría podido evitar verla como algo «mono». Después de todo, todavía no habían usado magia —y a saber cuándo la recuperarían—, de modo que no las veía como criaturas amenazantes.

Te agradecemos tu ayuda, pequeña humana—dijo con toda la solemnidad que fue capaz. La niña asintió con seriedad—. ¿Cuál es tu nombre?

Christine, señoritas hadas.

Bien, Christine. Has de saber que todavía estamos bajo los efectos del maleficio del brujo que nos redujo a este tamaño y nos convirtió en lo que ves. Él jamás nos buscaría aquí, por lo que estamos a salvo, pero… Es mejor si nadie se entera de esto. Sabemos cómo son los humanos adultos, ¿verdad?

Christine asintió varias veces con la cabeza.

Tampoco tengo que decírselo a mi hermano, ¿verdad?—preguntó con preocupación y, supuso Fátima (conocía bien el sentimiento. Lo que tiene criarse con siete hermanos), celos.

La calmó con un gesto que, esperó, resultara imperioso.

Desde luego que no. Tú has sido nuestra salvadora y solo confiaremos en ti.—El rostro de la chiquilla se iluminó—. Ahora, necesitamos ir al mercado.

¿Por qué?

Si era cierta la sospecha de Celeste —y, la verdad, no se le ocurría otra cosa—, en ese caso tendrían que acudir a Miki de nuevo para pedirle ayuda.

Tenemos un amigo que nos ayudará.

Christine abrió la boca, quizás para pedir más explicaciones, pero se lo pensó y la cerró. Luego se arregló el pelo y dijo en voz baja:

Pero los criados no me dejarán ir. Ya hemos ido por la mañana y nunca me dejan ir al mercado por la tarde.

Fátima maldijo para sus adentros e hizo un gesto a Christine para que se alejara un poco. Ella obedeció con una presteza que seguro que sus padres habrían agradecido en el día a día, ya que tenía pinta de ser una niña que no paraba quieta nunca.

Se acercó a Celeste y cuchicheó con ella:

Podemos intentar ir solas pero si ya un gato casi nos come… Por otra parte, si nos quedamos aquí hasta mañana quizás vengan a buscarnos. O puede que el efecto se vaya por la noche. Podría abrir un Portal para regresar a casa. Pero puede que nos descubran si Christine no tiene cuidado.

La miró, esperando su opinión, si bien se le retorcía todo con la sola idea de esperar. ¿Dónde estaría Harun?
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