[Reino Encantado] El fin del Sueño

Trama de Bitron, Alanna, Xefil y Saito

Aquí es donde verdaderamente vas a trazar el rumbo de tus acciones, donde vas a determinar tu destino, donde va a escribirse tu historia

Moderadores: Astro, Suzume Mizuno, Denna

[Reino Encantado] El fin del Sueño

Notapor Suzume Mizuno » Mar Ene 02, 2018 1:46 am

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24 de mayo de 1017



Nada más poner un pie en Reino Encantado, sintieron que todo era diferente. En su momento, había habido oscuridad, sí, pero dentro de un delicado equilibrio. Ahora la luz del sol no conseguía traspasar las negras nubes, que se acumulaban en una siniestra espiral alrededor del lejano castillo de Stéfano, más allá del bosque, y podían ver diminutos fragmentos de oscuridad violácea emerger del suelo. Casi como copos de nieve detenidos en el tiempo.

Nanashi y Nithael avanzaron los primeros, aprensivos pero también decididos, y coronaron la colina. A la izquierda quedaba el bosque, a la derecha, el calcinado castillo del rey Huberto. Ahora estaba habitado por orcos y goblins, pero aun así el aspecto de decadencia permanecía y no parecía que fuera a desaparecer por un largo tiempo. Nanashi respiró hondo y emprendió el camino hacia el bosque.

Habían tenido que abrir lejos de este el Portal de Luz, no solo por lo inestables que estaban los caminos por culpa del caos, sino porque atraerían Sincorazón y no podían dejar un rastro claro hasta el campamento del príncipe.

En cualquier caso, debían moverse rápido.

El príncipe nos espera ya en el camino al castillo—informó Nanashi, que caminaba con unas zancadas imposibles y hasta el más larguirucho de los presentes tenía que apresurarse para que no lo dejara atrás—. Según los informes, el Caos ha afectado tanto al hechizo que envuelve el castillo que el parón del tiempo se está extendiendo al resto del bosque. Sospecho que Xihn decidió mantener encerrada a Aurora mientras pudiera… Lo cual no acabo de entender, porque en cuanto el hechizo se rompa, el veneno acabará con ella. Pero no importa; nuestro objetivo es encontrar a Aurora y ponerla a salvo. Con algo de suerte, Ariel, Miki y los demás obtendrán la forma de contrarrestar el veneno.

Bella, que corría junto a Nanashi, asintió con la cabeza.

Lo lograrán, estoy segura. Solo espero que Aurora aguante lo suficiente.

Su labor era la de vencer la Oscuridad que mantenía secuestrada a Aurora y, si podía, mantener su corazón protegido mientras se la llevaban de aquel lugar.

Por suerte, para ella no ha pasado el tiempo, así que la Oscuridad no la habrá afectado mucho. Podrá luchar con todas sus fuerzas.—Nithael parecía algo irónico al hablar del tiempo. No es como si hubiera vivido algo así en sus carnes—. Desgraciadamente, su ausencia se ha notado… demasiado en este lugar.

Costaba respirar y desplazarse. No era, desde luego, nada similar al Reino de la Oscuridad, pero la abrumadora presencia de la Oscuridad se percibía a cada paso. Todo era mucho menos luminoso que la última vez, y cuando se adentraron en el bosque dio la sensación de que fuera de noche. A regañadientes, Nanashi prendió un poco de fuego para que no tuvieran que tropezar.

Lo diré solo una vez: Maléfica podría estar guardando el castillo. O puede que nos encontremos a Xihn o a cualquiera de sus servidores. Poco importa; el objetivo es salvar a Aurora. Debéis priorizar eso antes que cualquier batalla. Si perdemos a Aurora, el Reino Encantado se vendrá abajo. Y seguramente Xihn completará su Llave de Oscuridad. Las heroicidades no tienen lugar en esta misión: ¿entendido?

Poco después vieron unas antorchas. En medio de un camino mal trazado esperaban Felipe, Heike y Abel montados a caballo. Habían traído también monturas para todos; podrían usar el glider, sí, pero cuanta más magia emplearan, más llamarían la atención. La mujer pareció buscar a alguien con la mirada y decepcionarse un poco, pero no comentó nada. Felipe, mucho más delgado y endurecido de lo que podían recordar, los saludó con una inclinación de cabeza.

Gracias por venir. Hemos encontrado un camino más o menos libre de obstáculos. Mis hombres están encendiendo hogueras lejos de aquí para atraer la atención de Diablo y Ahren. Con algo de suerte, Melkor también nos perderá de vista. Las hadas están intentando atraerlo también, pero nos lanzarán señales de luz al cielo, como fuegos de colores, si no lo consiguen.

Excelente, alteza. Entonces, no perdamos más tiempo.

No tardarían mucho en llegar a caballo; Felipe se conocía el recorrido de memoria, por todas las ocasiones en las que había intentado acercarse a ver desde lejos a su amiga de la infancia.

Tened cuidado—advirtió Heike. La luz de su antorcha se difuminaba entre los espigados árboles, tan altos que casi daba la impresión de caminar por el interior de un templo oscuro—.Los demonios suelen aparecer a estas alturas y son gigantescos. Suelen detenerse, con todo, al llegar al terreno maldito, así que cabalgad cuando toque como si os fuera la vida en ello.

Los cascos de los caballos y sus resoplidos resonaban en medio de un silencio inquietante. No había animales, ni insectos. Solo una creciente negrura. Al menos así podrían escuchar cualquier posible ataque.

Y tendrían un tiempo corto para ponerse en situación y hacer todas las preguntas que necesitaran. Después empezarían a ver ojos amarillos en medio de la penumbra que se acercaban con lentitud.

Se acercaba el momento de huir. Por mucho que el tiempo se hubiera detenido para Aurora, a ellos no les sobraba y quién sabía si Xihn no estaría intentando ya obtener su cuerpo y terminar su siniestro ritual.

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¡Bienvenidos a la última trama de Reino Encantado! Como habéis leído, el objetivo es rescatar a Aurora. Debido a que los enemigos serán de alto nivel, os aconsejo decidir sabiamente; no son invencibles, pero sí que llevará un tiempo derrotarlos y en teoría no tenemos más de ocho rondas. Decidid si de verdad os merece la pena.

¡Y aprovechad esta ronda para hacer todas las preguntas que queráis! Después, en principio, no tendréis demasiado tiempo.

P.D.: la idea es sacar a Aurora en cuanto la tengáis con un Portal de Luz/Oscuridad, así que aseguraos de tener un Maestro cerca o de llevarla hasta uno con presteza. Bella no podrá abrir Portales de Luz porque estará ocupada con sus propios problemas.

P.D.2: Bella sabe defenderse sola. Heroicidades para casa a menos que resalte que necesita ayuda.
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¡Gracias por las firmas, Sally!


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Re: [Reino Encantado] El fin del Sueño

Notapor Astro » Vie Ene 05, 2018 7:46 pm

Ban se ajustaba la chaqueta, mientras por el rabillo del ojo repasaba el grupo que formaban. Como maestros, estaban Nanashi y Nithael. Por experiencias pasadas, nada bueno saldría si permanecía cera de ellos, y menos en aquel mundo. Luego estaban Alanna, Saito y Xefil (¿este no estaba muerto?), y por último Bella, una de las princesitas del corazón. Ban puso los ojos en blanco cuando descubrió que los acompañaría: no le hacía ninguna gracia tenerla cerca. Acabarían secuestrándola o en problemas. Seguro.

Y allí estaban, en Reino Encantando, un mundo casi en las últimas de tanta oscuridad que albergaba. Le sorprendía enormemente que todavía viviera alguien allí aparte de monstruitos... y de ella.

El grupo caminó un rato hasta encontrarse con el príncipe Felipe y sus guardias, todos con un aspecto todavía pero que el de la última vez. Tenían caballos para todos, y también un atajo que seguir para ir directos al castillo a por la dormilona. No faltó una advertencia sobre los peligros del bosque, a lo que Ban soltó un bufido de desprecio. No era como si llevaran años enfrentándose a cosas así todos los días.

El programa se subió en su caballo, en silencio, y algo cabizbajo. Estaba alerta a cualquier ruido extraño o señal de peligro, pero tenía mucho en mente como para tener ganas de hablar. Lo que significaba para él estar en aquel mundo de nuevo, no sabía expresarlo bien. Dudas, rabia, y miedo se peleaban en su mente. Y una idea que quería abrirse paso... costara lo que costase.
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Re: [Reino Encantado] El fin del Sueño

Notapor H.S Sora » Sab Ene 06, 2018 12:04 am

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24 de mayo de 1017


Aunque pensaba que estaba preparado para todo, aunque me había dicho que lo estaba, me costó horrores mostrarme firme nada más poner un pie en Reino Encantado. Un vistazo a mi alrededor estuvo a punto de cerrar el nudo que tenía en mi garganta en forma de soga.

«Hoy es el día.»

Estaba seguro de que en 1014 y en 1016 habíamos pensado lo mismo: que seríamos capaces de rescatar a Aurora, pero habíamos fallado. Si a la tercera no iba la vencida… nadie sabía qué era lo que podía acabar sucediéndole al mundo. Bueno, nos hacíamos una idea: sin Princesa del Corazón, y con la Oscuridad y el Caos extendiéndose de aquella manera… estábamos contra las cuerdas.

Miré al cielo. Aunque el sol intentara llegar hasta nosotros, las nubes que se iban arremolinando en el castillo del rey Stéfano se lo impedían en gran medida. La sensación de estar ahí, atrapados en aquel perpetuo manto de oscuridad era una sensación apabullante que empezó a agobiarme. Incluso creía que el aire que respiraba era más denso de lo normal.

Eché un vistazo a mis compañeros y compuse una ligera mueca mientras seguía la marcha: no me reconfortaba que Celeste no estuviera ahí. Deseaba que en Atlántica tuviera suerte también. Ella y el resto de miembros de la Orden. Ahora mismo todas las misiones en activo podían suponer dar un paso adelante en la lucha contra Xihn, o uno atrás.

Y aunque me sabía mal no haber ido a Agrabah… esperaba poder ser más útil aquí.

Tragué saliva.

El príncipe nos espera ya en el camino al castillo. Según los informes, el Caos ha afectado tanto al hechizo que envuelve el castillo que el parón del tiempo se está extendiendo al resto del bosque. Sospecho que Xihn decidió mantener encerrada a Aurora mientras pudiera… Lo cual no acabo de entender, porque en cuanto el hechizo se rompa, el veneno acabará con ella. Pero no importa; nuestro objetivo es encontrar a Aurora y ponerla a salvo. Con algo de suerte, Ariel, Miki y los demás obtendrán la forma de contrarrestar el veneno.

Me reconfortaba que ella y Nithael encabezaran el rescate. Se trataban de los mejores sanadores que había en toda Tierra de Partida. Si por algún motivo la parte de conseguir el antídoto para Aurora fracasaba o se alargaba ellos serían los únicos capaces de hacer algo por la Princesa.

Lo lograrán, estoy segura. Solo espero que Aurora aguante lo suficiente.

Por suerte, para ella no ha pasado el tiempo, así que la Oscuridad no la habrá afectado mucho. Podrá luchar con todas sus fuerzas. Desgraciadamente, su ausencia se ha notado… demasiado en este lugar.

Contando a Bella y a Nithael, éramos siete miembros de la Orden en Reino Encantado. Entre los cuales estaban dos Maestros y una Princesa del Corazón. Eso sumado a la ayuda que Felipe pudiera prestarnos.

Nada más poner un pie en la colina, no pude evitar mirar en dirección a lo que quedaba del antiguo castillo de Huberto. Quemado y ocupado ahora por el séquito de Maléfica, presentaba un aspecto más lamentable que cuando el fuego se encargó de derretir parte de la estructura. Era exasperante, pero lo recuperaríamos. Algún día.

Recordar el fuego verde hizo que las piernas me temblaran antes de adentrarnos en la espesura del bosque. Tan oscuro como la boca del lobo. En un momento previo a la ansiedad me vi tentado a tocar los fragmentos violáceos que parecían surgir del suelo. Tan étereos y frágiles…

Me estremecí y me contuve. Tenía que centrarme de una maldita vez.

«Tengo una deuda que saldar.»

***


Era un auténtico cuento de terror. El camino parecía deformado por la influencia del Caos y ahora sí que podía asegurar que el aire se había enrarecido por completo. Costaba incluso avanzar. Solo hubiera faltado que el fuego que Nanashi había encendido fuera azul.

Lo diré solo una vez: Maléfica podría estar guardando el castillo. O puede que nos encontremos a Xihn o a cualquiera de sus servidores. Poco importa; el objetivo es salvar a Aurora. Debéis priorizar eso antes que cualquier batalla. Si perdemos a Aurora, el Reino Encantado se vendrá abajo. Y seguramente Xihn completará su Llave de Oscuridad. Las heroicidades no tienen lugar en esta misión: ¿entendido?

Asentí con firmeza. Recordaba bien sus palabras en la Cité, y estaba dispuesto a hacer las cosas como tenían que hacerse esta vez. Me puse en tensión al ver la luz de las antorchas, relajándome solo al ver las caras conocidas que nos esperaban.

Gracias por venir. Hemos encontrado un camino más o menos libre de obstáculos. Mis hombres están encendiendo hogueras lejos de aquí para atraer la atención de Diablo y Ahren. Con algo de suerte, Melkor también nos perderá de vista. Las hadas están intentando atraerlo también, pero nos lanzarán señales de luz al cielo, como fuegos de colores, si no lo consiguen.

Excelente, alteza. Entonces, no perdamos más tiempo.

Le acaricié el lomo con cuidado a uno de los caballos que nos habían traído antes de subirme. Con el tiempo habían dejado de resultarme aterradores, aunque no eran ni de lejos mi medio de transporte predilecto. Al coger las riendas me fijé en Felipe.

Montado también en otro corcel, daba en ese momento una imagen muy distinta de la que había visto en la anterior misión de Reino Encantado. No estaba muy seguro de en qué, más allá de su aspecto, pero me daba la impresión de que había cambiado. Quizá ser consciente del peligro que había más allá de su mundo hubiera ayudado al proceso.

El príncipe nos guió con presteza y silencio. Los únicos sonidos que se escuchaban eran el de los caballos galopando. Las antorchas que llevaban proyectaban extrañas formas que se recortaban en aquella peculiar maleza.

Tened cuidado.—Presté atención a las palabras de Heike—.Los demonios suelen aparecer a estas alturas y son gigantescos. Suelen detenerse, con todo, al llegar al terreno maldito, así que cabalgad cuando toque como si os fuera la vida en ello.

¿Hay algo más que deberíamos saber antes de continuar, alteza? —me dirigí a él, aunque cualquier información que tuvieran Abel o Heike también me valdría.

Me percaté entonces de los ojos que nos observaban: desde ningún punto y desde todos a la vez. Se movían con lentitud, como si tuvieran claro que nos alcanzarían de un momento a otro. Espoleé a mi caballo y seguí la marcha de los Maestros. Era el momento de acelerar.

No podíamos perder el tiempo con los Sincorazón, por lo que lo mejor sería darse prisa por llegar al «terreno maldito», tal y como lo había llamado Heike. Allí se suponía que se detendrían aunque lo que nos aguardaba después era un verdadero misterio.

Pero rescataríamos a Aurora y ayudaríamos a salvar Reino Encantado, costase lo que costase. Y pasando por encima de quién hiciera falta.
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Muchas grácias por el avatar Mepi ^^
H.S Sora
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[X] #1 - Vuelta a las raíces

Notapor Zee » Sab Ene 06, 2018 1:15 am

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Supongo que nadie, sea bruja o no, odia a propósito, o con un propósito. Sólo somos gente herida, queriendo herir a los demás.


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~The Enchanted Forest (Enchanted Dominion)~


“Las cosas han cambiado” era una declaración más que atenuada.

Recuerdo —con menor claridad de la que quisiera, pero la memoria de mi infancia sigue presente— la lejana visión del castillo del Rey Estéfano, mi hogar, desde los límites del frondoso bosque que delimitaba el reino de Huberto. La silueta minúscula y grisácea, escondida a medias tras el fino rocío del arbolado, de una alta fortaleza anidada sobre una rocosa cúspide y avizorando la vivaz villa que había debajo.

Aquel día, los recuerdos de mis viajes de cacería y visitas políticas bajo el ala de mi padre quedaron reducidos a nada más que eso, memorias, puesto que de ambos castillos ya no quedaba nada más que un par de decadentes esqueletos, espinas y ceniza.

El estado del mundo no era, en realidad, una sorpresa para mí. Cuando había pasado cuatro años y poco más evitando volver con la orden, yendo de un mundo a otro porque tenía miedo de mirar atrás, di a parar en Reino Encantado más veces de las que lo habría hecho si en realidad mis saltos hubieran sido al completo azar. En algunas ocasiones solamente sobrevolaba el mundo por encima de sus nubes oscuras y siniestras, que apenas y dejaban pasar unos hilillos de luz, antes de dar la media vuelta y salir disparado hasta el Intersticio; en otras, si me sentía con suficiente confianza, bajaba en picado hasta perderme en lo profundo del bosque, lejos de la Montaña Prohibida y lejos del castillo de Huberto, de los huargos, de los orcos, los goblins y los cuervos. Y entonces caminaba, caminábamos, en nuestra peculiar soledad compartida, hasta el límite del reino de Stéfano, donde la oscuridad se fugaba por el suelo como agua sucia a través de grietas invisibles, donde las raíces comenzaban a ser reemplazadas por zarzas y espinos, y donde el ambiente temblaba con energía mágica, pura y feérica. Contemplaba el castillo, oculto entre las gruesas ramas, y me lamentaba en silencio que al atreverme en algún momento a dar un paso más, sería muy probablemente el fin de mi… de nuestras vidas.

Así que, cuando Jessamine y yo cruzamos el Portal de Luz que Nanashi y Nithael habían abierto para nosotros y para los demás Caballeros, no solté ninguna exclamación de asombro o de terror. Sencillamente avancé cabizbajo, hasta que sentí la hierba mustia y la alfombra cenicienta bajo mis botas. La oscuridad que brotaba del suelo como el reflejo opuesto de una nevada me dio la bienvenida como varias veces lo había hecho ya, y yo decidí corresponderla al extender varios dedos curiosos hacia las pequeñas manchas.

Si aquello no fuese indicación del fin del mundo, del fin de todos los mundos, puede que hubiese encontrado un poco de belleza en ello.

Miré al horizonte a nuestra izquierda, más allá del tenebroso bosque que en alguno de sus interminables recovecos alojaba la entrada a las mágicas Ciénagas, y pude distinguir la silueta minúscula y sombría, escondida a medias tras la oscura niebla del arbolado, de una alta fortaleza anidada sobre una rocosa cúspide y avizorando la difunta villa que había debajo.

El Ángel de Tierra de Partida y la Dama de Hierro de… también, Tierra de Partida, lideraron la marcha. Bella, una Princesa del Corazón, el recurso más importante de la Orden de Caballeros los acompañaba de cerca. Los dos nativos del mundo, Alanna y yo, prontamente seguimos, y los otros dos Aprendices, Ban y Saito, caminaban a nuestro lado. El grupo avanzó unido, con todos prestando especial atención a nuestras espaldas, donde podían distinguirse las ruinas tristes de lo que alguna vez había sido el castillo de Huberto, ahora poblado por un ejército de orcos. Nadie nos seguía.

Tras una breve conversación sobre los propósitos de la misión, nos introdujimos al oscuro bosque. Casi al instante, la luz del mundo desapareció detrás del grueso follaje y algo más. Reino Encantado parecía estar siempre sumido en un alba grisácea. Cada aliento nos costaba un esfuerzo extra. La oscuridad ya dominaba cada fracción del lugar, hasta el aire, hasta la propia luz del día.

La Maestra Nanashi tuvo que encender un fuego para guiar nuestro camino. Éramos el único destello en un mar de penumbras. Si no nos apresurábamos, pronto nos encontrarían nuestros enemigos, fuesen los goblins, fuesen los Sincorazón. Apretamos el paso.

Me mantuve callado durante todo el camino, sumergido en mis propios pensamientos. En mis recuerdos.

El Caos había extendido el hechizo del castillo hacia los exteriores. Era un conjuro que yo conocía bastante bien: no sólo porque yo mismo había venido de él, porque así había empezado mi larga travesía, sino porque me lo había encontrado en decenas de ocasiones después de mi inexplicable despertar.

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~Hoja Insomne + Bruja Eterna~


Anteriormente, “visitaba” a mis padres y hermana con frecuencia, atravesando el escudo mágico del casillo y perturbando su inquebrantable sueño con nuevas exhalaciones, motas de polen y huellas de barro que pronto se quedaban congelados en el tiempo tras separarse de mi persona. Caminaba por los silenciosos pasillos, observando las escenas petrificadas como lienzos pintados en vida, instantes atrapados en el eterno por-siempre, promesas de guerra que durante meses y años bloqueé de mi mente mientras me refugiaba en mi Aprendizaje. Y luego llegaba hasta aquella puerta, eternamente entreabierta, que no cedería jamás ni una pulgada sin importar cuántas veces deslizara mi cuerpo por el hueco.

Alzaba mi Llave-Espada y cruzaba todas las protecciones que, a lo largo de los meses y con ayuda de más de dos docenas de libros y pergaminos robados de la biblioteca de Tierra de Partida, había situado sobre mi viejo hogar. Sólo mis ojos se posarían sobre las runas y los sigilos que había trazado por las paredes a lo largo de semanas. Miradas entrometidas jamás verían más allá de la entrada, donde un hueco en el Espacio transportaba todo, incluida la luz, hasta una habitación contigua.

Me sentaba a la mesa del comedor. O me echaba sobre mi vieja cama. O me acurrucaba en el alféizar de la ventana. Y contemplaba, por largos minutos, a veces incluso horas, a madre preparando con sumo afecto y cuidado la comida de un mediodía que jamás llegó, a padre dando los últimos toques presurosos a una gálea que no alcanzó a participar en el asedio, y a Leliana escribiendo una carta que ya no se encontraba allí, y que había descansado en lo más profundo de mi librero en Tierra de Partida durante ya siete años.

Y después de pasar aquellos momentos sumido en mi añoranza, en mi motivación, en mi ira, en mi culpa, en mi incompetencia, en mi egoísmo, en mi todo, me levantaba de mi descanso, reestablecía la conexión del Espacio con las runas mágicas y caminaba hasta la ventana más cercana, de la cual mi Glider salía despedido como un cometa esmeralda.

Hasta que un día, no pude acercarme más. Las visitas acabaron. Y aquel refugio que siempre había dado por sentado desapareció tras un muro de Sincorazón y espinas negras. Fuego de dragón, sangre feérica y traición habían acabado con el reino de Huberto, por lo que alcancé a escuchar. Con ello, la magia de Maléfica se fortaleció; y con ello, cualquier paso a mi viejo hogar se cerró para siempre.

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~Cabalgata~


Tras lo que pareció poco más de una hora de caminar, más luces se sumaron a la nuestra. Las demás antorchas me hicieron suspirar con alivio, pues había mantenido el irracional miedo de que el bosque nos tragaría antes de que nos encontráramos con alguien. Esperando nuestra llegada estaban el príncipe Felipe, su mano derecha Abel, y la capitana Heike. Parecían espectros de otro mundo, de una vida pasada. ¿Cuatro, o cinco años, desde la última vez que los había visto? Incluso sus rostros habían comenzado a difuminarse en mis recuerdos, amenazando con desaparecer.

Alteza —Aquel fue mi único saludo, acompañado de una reverencia para el miembro de la realeza. En otra situación, me habría acercado al príncipe y presentado mis respetos, pero las circunstancias no nos permitían cumplidos y cortesías: apenas había tiempo para discutir las acciones que tomaríamos.

Gracias por venir. Hemos encontrado un camino más o menos libre de obstáculos. Mis hombres están encendiendo hogueras lejos de aquí para atraer la atención de Diablo y Ahren. Con algo de suerte, Melkor también nos perderá de vista. Las hadas están intentando atraerlo también, pero nos lanzarán señales de luz al cielo, como fuegos de colores, si no lo consiguen.

Se nos ofrecieron monturas a todos los presentes. El camino sería largo y lleno de obstáculos, por lo que ir a pie ya no era más una opción. Con más torpeza de la que un nativo debía tener, subí a mi caballo tordillo al segundo intento, acariciando con firmeza su cuello antes de halar sus riendas y dirigirlo con el resto del pelotón.

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¿Cómo lo estás llevando? —Mientras cabalgaba al lado de Alanna, pronuncié aquellas palabras con un volumen un poco más bajo de lo habitual, como si quisiera algo de privacidad. Era en vano, puesto que el silencio del bosque era tan profundo y tan extenso que por poco y escuchábamos los latidos de los otros—. No sé qué decir. Creo que todo lo que he pensado durante el camino probablemente ha cruzado por tu mente también. Es triste, ¿no? Diferente.

Es más oscuro —me respondió la joven pelirroja. Si hablaba en forma concreta, o en forma metafórica, no pude saberlo; las dos tenían sentido—. Me he pasado tantos años viviendo en las cercanías de un bosque como este y ni siquiera soy capaz de reconocerlo por lo retorcido que se ha vuelto todo.

Alanna no tenía que decirlo para que yo pudiese percatarme de ello. Sí, el bosque lucía diferente; incluso para mí, que había estado allí en sólo una ocasión. Había algo raro en él. Bordaba el límite de lo irreal, como si estuviese a punto de precipitarse a otra dimensión donde las leyes y la estructura dependían de los oscuros pensamientos de un demente.

No lo entiendo —continuó, sin mirarme a los ojos en esa ocasión—. ¿Por qué esa bruja está empeñada en seguir haciendo daño? ¿En… destrozar todo lo que toca? ¿Tantas razones tiene para odiar a los humanos?

No lo sé —respondí. No sabía nada sobre la Bruja Maléfica, pero conocía bien a la Bruja Eterna. Sus sentimientos se abrazaban a los míos como una enredadera mientras continuaba hablando, evocando recuerdos que no eran míos—: Supongo que nadie, sea bruja o no, odia a propósito, o con un propósito. Sólo somos gente herida, queriendo herir a los demás.

» Es como la Luz y la Oscuridad —teoricé, poniendo más seguridad en mis palabras de la que en realidad sentía al pronunciarlas. Después de todo, ¿quién podía comprender la intrincada mente de Maléfica? —. “Mientras más brille tu luz, más grande tu sombra”, dicen los Maestros. Y un odio tan grande… debió venir de un amor muy brillante.

Unos cuantos segundos de silencio. Las palabras cargaban con un peso que no hacía más que acrecentarse en aquella atmósfera penumbrosa y afligida.

Xihn también, supongo.

Alanna prácticamente escupió las subsecuentes palabras. Su desprecio fluyó al exterior como fuego en su aliento.

Ni en mil años podría imaginarme a esos dos monstruos amando a alguien o algo tanto como lo que describes. Y si alguna vez lo hicieron, ya tardaría en rezarle a todos los dioses de los que tengo constancia por que el objeto de su amor no les hiciese ni una onza del daño que nos están ocasionando a nosotros.

Más silencio. No había pretendido excusar a dos de los más grandes demonios que la Orden había enfrentado, sino reflexionar. A veces, supuse, nosotros creábamos a nuestros propios enemigos. La Oscuridad de Xihn tuvo que brotar de algún lado, tuvo que haber nacido de alguna forma. Y la Luz siempre da pie a la Oscuridad; y viceversa.

Sabes… Yo también los odio —declaré, sintiendo mi corazón incompleto latir con fuerza en mi pecho—. Han destruido cosas que yo amaba. Mi familia, mi castillo, mis amigos, mundos enteros. Yo también los odio…

Y con ello, apresuré al caballo para que Alanna no alcanzara a ver mis ojos rojos iluminándose.

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Señor Abel —enuncié a modo de saludo, acercando mi montura hasta donde se encontraban el príncipe y el soldado—. No estoy seguro si me recordaréis después de tantos años y un encuentro tan breve, pero… —años atrás, Abel y yo habíamos luchado espalda con espalda contra unos Sincorazón. Nos habíamos conocido por sólo unos minutos, el difunto Aleyn había pasado más tiempo con él y con el noble—. Incluso en estas circunstancias, me alegro de veros de nuevo, todavía sosteniendo vuestro acero y protegiendo a nuestro lord. Nos deseo a todos la mejor de las suertes.

»Y Alteza, mi señor Felipe… —Hacer una reverencia sobre un caballo era una maniobra complicada, pero incluso así me las arreglé para inclinar mi tronco en señal de respeto—. Imagino que estas palabras sobran, pero mi llave y mi magia están a vuestro servicio. ¿Cómo se encuentran vuestro padre y vuestro pueblo?

»¿Y… vos? Ser monarca en tiempos de guerra, y tras todo lo que ha sucedido, debe ser… Debe ser…
—Me atraganté con mis palabras. Era difícil buscar qué decir. Felipe era muy probablemente un hombre lleno de amargura y duelo, pero aferrado todavía a un hilo de esperanza. Las palabras de aliento podían no tener significado para él, pero lo que quería comunicarle, de una forma u otra, que bajo los títulos de príncipe y caballero, había sólo dos hombres; y uno empatizaba con el otro, o pretendía hacerlo al menos.
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—You're like that coffee machine: from bean to cup, you fuck up—

~Dondequiera que el arte de la medicina es amado,
también hay un amor a la humanidad~


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Re: [Reino Encantado] El fin del Sueño

Notapor Drazham » Sab Ene 06, 2018 1:47 am

Estaban los días en los que su querida abuela le confesaba con aires de nostalgia cómo era la vida cuando esta tenía su edad, cuando todavía tenían tres reinos en lugar de uno. Y mucho antes de que la amenaza de la Bruja Negra apareciese. Decía que incluso antaño, las cosas no eran mucho más tranquilas que en la actualidad; la relación entre las criaturas mágicas y los humanos no se hallaba en sus mejores momentos, pero nada de lo que el aldeano corriente se tuviese que preocupar. A la mujer se le podía notar en el rostro que echaba de menos esos tiempos, pero siempre le acababa diciendo que mientras el sol despuntase una vez más, sería otro día por el que valiese la pena vivir.

Y ahora… Ahora ya no tenían ni sol. Lo único que se vislumbraba en el cielo era una densa capa de tinieblas que se cernía sobre el reino como una amenazante garra. Incapaz de mantener la mirada en ningún punto en concreto, Alanna trataba de aferrarse con toda su fuerza de voluntad a cualquier otro recuerdo en el que el cielo no era negro, ni las entrañas de la tierra sangrasen Oscuridad en estado puro.

El príncipe nos espera ya en el camino al castillo.

Tan solo le quedaba eso, y seguir la marcha liderada por su Maestra con el mejor ritmo que le permitían sus piernas y las ansias acumuladas. En parte agradeció que Nanashi caminase tan endiabladamente rápido y no le diese oportunidad alguna de pararse a apreciar en lo que se estaba transformando su mundo.

Cuatro años. Tan solo cuatro míseros años le bastaron a la bruja para corromperlo todo. A ese ritmo, no quería ni pensar en lo que les depararía cuanto más tiempo dejasen pasar.

Pero no importa; nuestro objetivo es encontrar a Aurora y ponerla a salvo. Con algo de suerte, Ariel, Miki y los demás obtendrán la forma de contrarrestar el veneno.

Lo lograrán, estoy segura. Solo espero que Aurora aguante lo suficiente.

Aurora. Quizás fuese lo único que todavía le daba algo de esperanzas para creer que podrían arreglar el destrozo de Maléfica. Y aun así no le gustaba para nada que esa fuese su única opción. ¿Por qué tenía que ser la prometida del príncipe? ¿Por qué tenían que dejarlo todo en manos de una sola persona? No era para nada justo. Ni para ellos, quedando relegados a un segundo plano por no poder hacer nada de no ser por la influencia de otros; ni para las Princesas del Corazón. Sus ojos la traicionaron al virarse hacia Bella por unos instantes y se mordió el labio inferior.

Podrá luchar con todas sus fuerzas. Desgraciadamente, su ausencia se ha notado… demasiado en este lugar.

Todo sería más sencillo si pudiesen aportar tanto como ellas. Se sentía tan impotente cada vez que debían inmiscuirlas…

Entonces, llegaron al bosque y, dioses… Fue a partir de ahí cuando el aire cargado en el ambiente comenzó a hacerle mella de verdad. Se había pasado tantísimos años de su vida correteando y jugando por boscajes como aquel en su infancia que le dolía en el alma contemplar cuan retorcidos y siniestros se habían vuelto.

Lo diré solo una vez: Maléfica podría estar guardando el castillo. O puede que nos encontremos a Xihn o a cualquiera de sus servidores. Poco importa; el objetivo es salvar a Aurora. Debéis priorizar eso antes que cualquier batalla. Si perdemos a Aurora, el Reino Encantado se vendrá abajo. Y seguramente Xihn completará su Llave de Oscuridad. Las heroicidades no tienen lugar en esta misión: ¿entendido?

Se debatía muy en serio que fue lo que más la desalentó de la advertencia de Nanashi: que la mujer se pensase de verdad que hubiese alguien entre ellos con la intención de hacerse el héroe allí mismo —si lo había, tendría unas cuantas palabras con el susodicho sobre lo que opinaba de los intentos prepotentes de héroe—, o que el futuro del reino dependiese de una sola chica. Porque así lo habrían querido los dioses, astros, u entidades que decidieron darles tal carga a siete mujeres cualesquiera.

También le gustaría saber cómo le estaría sentando al príncipe que tratasen cada dos por tres a su amada de salvadora excelsa. Puede que los maestros tuviesen todas las razones del mundo para confiar en su poder, pero después del episodio del mes pasado con Cenicienta se le antojaba horrible que a cada día las viesen más como un recurso indispensable que como personas.

No tardaron mucho en reunirse con Felipe y sus dos fieles guardias. Heike y Abel seguían como siempre, pero al príncipe ya se le notaban demasiado los largos años de campaña. Mucho había cambiado desde el día que se le apareció en la puerta de su casa con una saeta hundida en el costado. Quería creer que ella también había cambiado, que ya no era la chiquilla inocente que se horripiló por tener que matar a un orco en el desván.

Luego, no pasó por alto la mirada exhaustiva que Heike les dedicó y su ceño fruncido de después. Alanna torció el gesto de la boca. La capitana buscaba a alguien en concreto, y ella sabía a quién.

* * *


Perdona que haya tardado tanto. Me ha llevado más de lo que pensaba convencer a Nikolai para que no se preocupase.

Tampoco es que estuviese muy segura de haberle convencido del todo. Pero es que no podía culparle; aquella no era como las otras misiones de reconocimiento para comprobar que Maléfica no hacía de las suyas. Se suponía que iban allí a arrebatarle a Aurora delante de sus narices. Y si él ya estaba que se subía por las paredes por no poder acompañarla, a ella poco le faltaba para que el corazón le estallase.

Lo único que terminó por sosegarle fue que Nanashi y Nithael estarían ahí, y que le prometió que cumpliría hasta la última de sus exigencias. No sin antes incitándole a que él también le prometiese lo mismo y que sellasen el mutuo acuerdo con un beso. Uno que iba a degustar más que nunca por lo que le esperaba.

De información sobre Maléfica estaba más que harta, pero para bien o para mal, nunca tuvo la ocasión de topársela en persona.

A diferencia de su pareja y su mejor amiga, quienes no guardaban gratos recuerdos de ello.

Viniste cuando mi mundo estaba en peligro. Un poco obligada, pero viniste y nos ayudaste. Así que, si hoy ocurriera algo, llámame y estaré ahí en un momento, o enviaré refuerzos.

Alanna soltó una exhalación humorada y se llevó una mano a la cadera.

No te mentiría si dijese que estuve a punto de salir corriendo del salón de baile y pedirle a Ragun que me abriese un Portal. Por lo menos me alegro de que os fuese de ayuda. Y descuida, contaré contigo si se nos tuercen las cosas.

Aunque no sería la única con la que contase. Nikolai le puso la misma condición antes de dejarla marchar, y después de lo que ocurrió en Castillo de los Sueños, daba por hecho que lo tendría a su lado con el mínimo aviso.

Buena suerte, cielo. —«Buena suerte a ti también» fue lo que iba a contestarle, pero las palabras se le atragantaron en cuanto los brazos de la chica la apretujaron contra su cuerpo—. Ten cuidado con el fuego, ¿vale? Y con las dragonas locas.

Le entró la risa floja y le devolvió el abrazo (más bien se arrebujó en el abrazo) como mejor pudo desde su posición.

Procuraré tenerlo. Y mucha, mucha, mucha suerte a ti también.

* * *


Antes de tomar asiento en su caballo, aprovechó un momento para acercarse a Heike y hacerle un gesto discreto para que le escuchase.

Capitana, querría comunicaros de parte de Celeste que lamenta muchísimo no haber podido venir. Últimamente nos salen encargos por todas partes y ha tenido que acompañar a otros compañeros. —Le hizo saber con un tono cordial. Por mucho tiempo que pasase, la mujer le seguía imponiendo tanto como el primer día que se la cruzó—. Sin embargo, le he prometido que trabajaría por parte de ambas para que no se note su ausencia.

No era del todo cierto, pero… De cualquier manera, aquel día le tocaría emplearse lo que no estaba escrito para asegurarles a todos los habitantes del reino un futuro próspero. Así que, de un modo u otro, le parecía una meta plausible que incluso contase por tres personas si de verdad podía ponerle fin de una vez por todas a la pesadilla que tras tantos años soportaban.

Después tuvo que ponerse al galope con el resto. Le tentaba dirigirse a Felipe para que ambos se pusiesen al día, pero ni se atrevía a quebrar el ambiente en torno suya, imaginándose por lo que estaría pasando el hombre en esos momentos. ¿Quién no tendría los nervios a flor de piel si la vida de la persona que más amabas ante todo estuviese en juego?

En su lugar, fue Xefil quien le dio la oportunidad de eludirse un poco antes del gran momento al arrimar su caballo al suyo.

¿Cómo lo estás llevando? —«Ni yo misma sé cómo lo estoy llevando», Alanna se limitó a esbozar una mueca, encogiéndose de hombros—. No sé qué decir. Creo que todo lo que he pensado durante el camino probablemente ha cruzado por tu mente también. Es triste, ¿no? Diferente.

Es más oscuro —declaró con aprensión de lo estúpidamente redundante que sonaba—. Me he pasado tantos años viviendo en las cercanías de un bosque como este y ni siquiera soy capaz de reconocerlo por lo retorcido que se ha vuelto todo.

Los bosques que la vieron crecer eran verdes, frondosos, y rezumantes de vida. Cada vez que alzaba la vista a esos árboles tan negros como el carbón, respiraba el aire enrarecido, y no escuchaba otra que no fuesen los cascos de los caballos, sentía que un pedazo de su infancia le era arrancado de su ser.

No lo entiendo —musitó más para sí misma que para Xefil—. ¿Por qué esa bruja está empeñada en seguir haciendo daño? ¿En… destrozar todo lo que toca? ¿Tantas razones tiene para odiar a los humanos?

No lo sé. Supongo que nadie, sea bruja o no, odia a propósito, o con un propósito. Sólo somos gente herida, queriendo herir a los demás.

En eso puede que no estuviese tan equivocado. Si se paraba a pensar en todas las personas que querían hacerle daño a ella o a sus seres queridas, lo único que les deseaba era que recibiesen su castigo en forma del mismo dolor que ocasionaban.

» Es como la Luz y la Oscuridad. “Mientras más brille tu luz, más grande tu sombra”, dicen los Maestros. Y un odio tan grande… debió venir de un amor muy brillante.

La mirada que le devolvió a Xefil se debatía entre la incredulidad o la indignación. ¿Amor? ¿Ese monstruo que calcinaba los hogares de gente inocente sin compasión alguna?

Xihn también, supongo.

Por los dioses. Si un monstruo no sentía afecto por nada, mucho menos lo haría un demonio.

Ni en mil años podría imaginarme a esos dos monstruos amando a alguien o algo tanto como lo que describes. Y si alguna vez lo hicieron, ya tardaría en rezarle a todos los dioses de los que tengo constancia por que el objeto de su amor no les hiciese ni una onza del daño que nos están ocasionando a nosotros.

Sabes… Yo también los odio. Han destruido cosas que yo amaba. Mi familia, mi castillo, mis amigos, mundos enteros. Yo también los odio…

Y tras ello, el más incómodo de los silencios se asentó. Alanna entrecerró los ojos en una expresión agria y dejó a Xefil marchar hacia delante y romper el vínculo de la conversación. Era irónico. Escuchar a Xefil hablar de odio como la motivación ulterior. El mismo odio que a ella la estaba moviendo para impedir que nada de lo que hubiese atesorado en los últimos años desapareciese.

Y se daba asco a sí misma por ello. Salió de su viejo hogar llena de esperanza, para después volver llena de odio.
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Ronda 2

Notapor Suzume Mizuno » Mié Ene 10, 2018 2:08 am

¿Hay algo más que deberíamos saber antes de continuar, alteza?

Felipe meneó la cabeza.

Seguramente, ¿no hay siempre algo que debería saberse y que se ocurre demasiado tarde?—Se encogió de hombros con resignación.

Entre tanto, Alanna se acercó a Heike.

Capitana, querría comunicaros de parte de Celeste que lamenta muchísimo no haber podido venir. Últimamente nos salen encargos por todas partes y ha tenido que acompañar a otros compañeros. Sin embargo, le he prometido que trabajaría por parte de ambas para que no se note su ausencia.

El gesto de Heike se suavizó, aunque parecía algo decepcionada. Después sacudió la cabeza y le dio una palmada en el hombro a Alanna que por poco la tiró al suelo.

Espero que esté bien. Dile de mi parte que quiero volver a verla y que el niño está bien y la hecha de menos. Y que espero que su amiga cumpla bien.—A pesar de su tono severo, le guiñó un ojo a Alanna.

Poco rato después, Xefil se acercó a Abel.
Señor Abel —decía a la vez Xefil. El recio caballero le echó un vistazo e inclinó la cabeza, correspondiendo al saludo—. No estoy seguro si me recordaréis después de tantos años y un encuentro tan breve, pero…

El hombre torció la boca, haciendo un esfuerzo.

Es posible, pero no me acuerdo. Recuerdo a vuestro compañero rubio. Aleyn. Lo siento.

Incluso en estas circunstancias, me alegro de veros de nuevo, todavía sosteniendo vuestro acero y protegiendo a nuestro lord. Nos deseo a todos la mejor de las suertes.

Dios te oiga. Quizá a vosotros sí os preste oído.


Y Alteza, mi señor Felipe… —El príncipe lo saludó con un gesto de la cabeza—. Imagino que estas palabras sobran, pero mi llave y mi magia están a vuestro servicio. ¿Cómo se encuentran vuestro padre y vuestro pueblo?

Felipe pareció haberse tragado un hueso. Xefil notó sobre su espalda la mirada asesina de Heike.

Sobrevivimos.

¿Y… vos? Ser monarca en tiempos de guerra, y tras todo lo que ha sucedido, debe ser… Debe ser…

No creo que nadie pueda entender lo que vive el príncipe. Y menos un plebeyo.—El tono de Abel no fue agresivo, pero sí de advertencia. Definitiva.

Felipe pareció que fuera a añadir algo, pero al final se tragó sus palabras y miró al frente con una expresión de dolor. Hacia el castillo.


¡Rápido, no os separéis de la fila!—ordenó Heike antes de clavar espuelas y lanzarse al frente.

Por suerte para los que no supieran montar, los caballos sabían bien el camino y lo que tenían que hacer, y se arrojaron detrás de la capitana casi sin esperar las órdenes de sus jinetes. Galoparon veloces por el estrecho camino y el estruendo de sus cascos apenas había empezado cuando, de entre las sombras, surgieron gigantescos y deformes Sincorazón, con vetas de oscuridad y otros elementos rojizos que reconocerían como heridas provocadas por el Caos, que no era amigo ni de Luz ni de Oscuridad.

Nithael abatió al primero con un arco recubierto de magia de Luz y Nanashi se encargó de otro por el flanco izquierdo antes de que pudiera ni salir de entre los árboles. Un par saltaron sobre ellos, pero los caballos fueron lo suficiente rápidos como para esquivarlos.


Entonces, apareció el castillo, envuelto en un bosque de espinas. Un bosque negro, afilado y terrible, que se alzaba hacia lo alto como si hasta quisiera conquistar el cielo, y prolongaba su sombra sobre el resto de la planicie que anteriormente había envuelto la hermosa ciudad del rey Stéfano. No solo eso sino que había riscos y acantilados, desgarrados cuando las monstruosas espinas crecieron a una velocidad imposible.

El tiempo había quedado detenido en medio de una destrucción casi total. Si Xihn rompía aquel equilibrio antes de que pudieran estabilizar el Corazón…

Al menos, en el momento en que se introdujeron entre las primeras espinas, los Sincorazón dejaron de perseguirles. Se veía que sabían que no podían entrar a aquel lugar. Bella se adelantó con expresión firme, respiró hondo y alzó una mano. De sus dedos salió una borrasca de luz que acarició las espinas, aunque pareció que no sucedía nada, Nithael sonrió y le puso una mano en el hombro.

Bien hecho.—Se volvió hacia el resto—. Estas espinas desaparecerán si se reanuda el tiempo gracias a su Luz.

Nanashi asintió con la cabeza y sonrió vagamente a Bella, agradecida. La Princesa continuó al frente, mientras los demás la ayudaban a abrirse camino cortando las espinas que ya habían sido tocadas por la luz. Era fácil deshacerse de ellas, si bien no caían y se quedaban en el sitio, sin que el tiempo continuara para ellas, por lo que debían ir apartándolas a los lados con cuidado. Podrían haber volado por encima, pero Felipe se negó; los espías de Maléfica…

Como invocado por aquel pensamiento, escucharon el piar de un cuervo. Nanashi maldijo y disparó un rayo de luz antes incluso de intentar apuntar. En la distancia, por encima de la especie de cúpula que era el tiempo detenido, una sombra negra, casi indistinguible entre las nubes, aleteaba en círculos. El ataque de Nanashi no lo alcanzó y se alejó volando.

Sabíamos que se terminaría enterando. Vamos, rápido.

En algún momento sobrepasaron los muros que rodeaban la ciudad y encontraron un camino un poco más despejado. Eso hizo que Nanashi les hiciera detenerse y frunciera el ceño. Felipe murmuró:

Esto no es cosa nuestra.

Alguien se nos ha adelantado.

Las rocas de las viejas catapultas y los orcos y goblins en pleno ataque seguían paralizados donde habían acabado hacía años. Nanashi en cierta ocasión se había quedado desconcertada, convencida de que, con la muerte del hada guardiana y el crecimiento de la oscuridad, el mundo volvería a correr de forma más normal. Sin embargo, año tras año, todo se había mantenido igual. Y al final, Nanashi había elaborado una teoría que murmuró ahora:

Es posible que Xihn tenga que ver con esto. No entiendo por qué no destruyó el mundo hace tiempo, pero quizá Maléfica y ella no estén en tan buenos términos como creíamos.—Nanashi avanzó un par de pasos y tocó una de las espinas cortadas—.Esto es… Oh… ¡Corred al castillo! ¡A la cámara de Aurora, antes de que sea tarde! ¡Guíalos, Felipe!

Heike fue la primera en darse cuenta, incluso antes que Nithael. Alzó su espada hacia uno de los lados del camino, apuntando hacia una sombra que había surgido entre las gigantescas espinas.

No, una sombra no. Un tipo de enemigo que conocían bien y que era de tinta.

Heike y Abel desmontaron y no dudaron en precipitarse contra el flanco derecho del camino, mientras Nithael cerraba los ojos y se concentraba para lanzar alguna clase de hechizo devastador.

La luz los cegó pero, cuando volvieron a mirar, las criaturas de Karel seguían avanzando entre las espinas, usándolas como escudos.

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¡Rápido!—gritó Bella.

La muchacha hizo aparecer un arco con forma de rosa y disparó contra otra de las criaturas de tinta. Una flecha rosada, casi roja, brilló entre sus dedos. No disparó, pero estaba preparada para ello.

¡Seguid!—rugió Abel, dándole un golpe a los flancos del caballo de Felipe.

El príncipe miró un momento a la pareja antes de apretar los dientes y clavar espuelas. Nanashi miró a los Caballeros y sus ojos lo dijeron todo antes de que volviera a centrarse en la pelea.

Bella y Felipe fueron al frente siguiendo el camino, pasando por delante de las casas medio enterradas bajo las espinas (algunas hasta destruidas) y tuvieron que saltar por encima de varias personas capturadas en plena huida de los goblins en medio del tiempo. Las torres del castillo eran cada vez más grandes y por fin cruzaron el foso y llegaron hasta la escalinata principal.

Había soldados retrocediendo, con los escudos alzados y, dentro, más hombres todavía tratando de defender las puertas entreabiertas.

Entonces, sintieron una brutal vibración. Una fuerza mágica que gimió como dos enormes rocas rozándose la una con la otra. O un mecanismo que empezara a ponerse en marcha.

Lenta, muy lentamente, los soldados empezaron a moverse. Despacio, prolongando sus carreras o golpes de espada milímetro a milímetro.

Bella se puso pálida.

¡El tiempo está volviendo a…!

¿Era cosa de Xihn? ¿De Karel? ¿A qué se enfrentaban?

En cualquier caso, Bella miró hacia abajo y murmuró que la Oscuridad… y la Luz provenían de debajo del palacio. En cambio, hasta donde sabían, Aurora descansaba en la torre más alta.

No les quedaba mucho tiempo y no sabían lo que les esperaría en cada rincón, ni siquiera si podrían completar su misión. Pero era la hora de tomar decisiones.


Fecha límite: domingo 14 de enero.
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¡Gracias por las firmas, Sally!


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[X] #2 - Un retoño de tiempo

Notapor Zee » Dom Ene 14, 2018 1:09 pm

Su Alteza Aurora despertará con veneno en sus venas y sus súbditos despertarán para recibir una flecha en el pecho o una hoja en el cuello.


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~The Silent Forest~


Es posible, pero no me acuerdo. Recuerdo a vuestro compañero rubio. Aleyn. Lo siento.

«Bueno», pensé, encogiéndome de hombros; «era de esperarse». Y sí, durante mi última visita a Reino Encantado, al menos en papel de Caballero, no había dejado una muy buena impresión en nadie; exceptuando, tal vez, a Ahren. Con todo lo que había pasado en los últimos años, incluyendo la incesante guerra contra Maléfica y la aplastante derrota contra el dragón en el castillo de Huberto, era comprensible que Felipe y Abel tuvieran otras cosas en mente como para recordar el rostro de un forastero al que habían conocido por poco más de una hora.

Pero el soldado era cortés. Correspondió a mi saludo con la mejor cara que pudo poner, en vista de las circunstancias. Uno podía distinguir que un hombre como Abel era un hombre que había sido forjado en conflicto, en la guerra; durante su larga vida, había aprendido a plantarse sólido frente a la adversidad, como un roble. A diferencia de Felipe, él parecía mantenerse recto y sereno; aunque, si uno prestaba atención, podría percibir en sus ojos una gota de melancolía y fatiga.

El príncipe, por otra parte, debía tener mayor dificultad para lidiar con la situación. No podía culparlo de ello. De hecho, había intentado transmitirle mi empatía de la mejor manera que me fue posible… pero el resultado no fue el esperado. Felipe no pareció ofendido, pero sí bastante dolido: si mi intención hubiera sido lastimarlo, más piadoso habría sido clavarle mi daga de plasma en el corazón. A la primera pregunta contestó con sólo una palabra; seco, cortante.

Con la segunda, ni siquiera se molestó. Fue Abel el que intervino:

No creo que nadie pueda entender lo que vive el príncipe. Y menos un plebeyo.

Ah… L-Lo lamento —balbuceé, sobrecogido por un momento por la respuesta recibida. Batallé para encontrar las palabras que creía adecuadas—. Sí, supongo que me he excedido.

«Aunque no soy un plebeyo», replicó una parte de mi mente, de forma amarga.

Yo nací en el castillo —añadí para Abel en voz baja, con un indicio de tristeza en mi tono. Los ojos por alguna razón se me quedaron pegados al cuello de mi caballo—. Mi padre, Arazec, sería parte de la corte de Stéfano si el tiempo aún corriera para él.

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¡Rápido, no os separéis de la fila!

Había pasado mucho, demasiado, tiempo desde la última vez que había montado un caballo a pleno galope. Lo bueno era que, hasta cierto punto, los caballos eran como bicicletas: una vez que aprendes cómo andar en uno… Bueno.

En cuanto los Sincorazón comenzaron a aparecer en nuestro camino, primero como decenas de ojos amarillos sumidos en la profundidad del bosque, y luego como sombras vivas con garras y colmillos que se lanzaban contra los corceles, incliné todo mi cuerpo hacia el frente y apoyé todo mi peso en los estribos. Con un sonoro “¡Hup!” y dejando la rienda suelta, el tordillo inició su carrera sin mayor preámbulo. No tuve que picarle con las espuelas, puesto que los corceles del príncipe y su grupo, además de los demonios a nuestras espaldas, eran suficiente incentivo.

Tenía una mano enredada en la melena del caballo y la otra aferrando con fuerza las riendas en su sitio. El viento me retumbaba en los oídos; apenas podía escuchar el zarandeo de mi gabardina detrás, y las exclamaciones de Heike y Abel, más los hechizos de Nithael y Nanashi, al frente. El terreno irregular y los enemigos por doquier hacían que el corcel se sacudiera de un lado a otro y que la cabalgata cambiase de ritmo y dirección sin previo aviso: los muslos me ardían por el esfuerzo que hacía por mantenerme en mi sitio y no perder el equilibrio. Si mi cuerpo no estuviese acostumbrado a los cambios de gravedad y a las escapadas con el Glider, habría devuelto mi almuerzo al cabo de dos minutos.

La persecución, por fortuna y para mi alivio, terminó tan pronto como los abetos y los robles se volvieron jóvenes y los espinos comenzaron a brotar de las profundidades, torciéndose y enredándose sobre sí mismas hasta formar barreras y murallas que se alzaban hacia el cielo negro. Más allá del bosque de zarzas y de la terrible destrucción que las acompañaba, se alcanzaban a distinguir las torres del castillo de Stéfano.

Aquí es —murmuré para mí mismo, tirando de las riendas del caballo para volver a un trote presuroso en lugar de un galope completo—. Lo más lejos que he llegado.

Giré la cabeza. Los Sincorazón habían quedado atrás, escondidos entre los frondosos árboles, observando. Como yo había hecho muchas veces. Habíamos cruzado las espinas hacia un mundo prohibido, un recinto maldito al borde de su completa destrucción. Un lugar al cual ni siquiera los moradores de la Oscuridad se atrevían a acercarse.

¿Qué tan poderosa era esa magia, para que aquellos corazones corruptos y hambrientos la temieran tanto?

Mi corazón latía con fuerza. Rápido, con su peculiar ritmo asíncrono, como un tambor en mi pecho. Podía percibirlo en mi garganta cada vez que intentaba pasar saliva, lo cual era una hazaña por sí sola, porque la boca la sentía desecada y parecía que algo me apretaba el pescuezo desde adentro. Con cada paso del caballo, mis entrañas se volvían más pesadas, como llenas de roca. Y mientras avanzábamos al interior de la villa, acercándonos al castillo, el aire comenzó a faltarme sólo un poco, haciéndome sentir aturdido, como si estuviera cabalgando en un sueño.

Mi cuerpo parecía moverse por sí solo. Todos colaborábamos para abrirnos camino más allá de las espinas de Maléfica, usando hojas y magia para cortarlas, moviéndolas a través del tiempo congelado. Mis manos actuaban como autómatas, mientras mi mente vagaba por mis recuerdos. Apenas y pude prestar atención cuando Nanashi distinguió a un cuervo, los supuestos espías de Maléfica, graznando lejos de nuestro alcance. Lo único que pudo sacarme de mi ensimismamiento fue un ominoso comentario del Príncipe:

Esto no es cosa nuestra.

Alguien se nos ha adelantado.

Levanté la vista y me enderecé un poco más sobre la silla, intentando ver lo que los Maestros y el príncipe contemplaban. Fue escalofriante ver que el camino al frente estaba despejado: las zarzas ya habían sido cortadas con anterioridad.

Así que ahora es seguro: esperamos compañía…

Cruzamos al interior de la ciudad, a través de la senda que alguien más ya había abierto. Lo que nos recibió fue el escenario que, sin importar cuántas veces viera, me quebraba el espíritu: los soldados del rey combatiendo al ejército de Maléfica, los proyectiles sobrevolando los techos de las casas, las flamas cubriendo los muros y la sangre manchando los suelos. Todo en equilibrio perfecto. Un instante, un singular y único instante, paralizado.

Miré la nuca de la Maestra Nanashi, que cabalgaba delante de mí. Años atrás, había sido ella la que me había sacado de aquella prisión. Cuando me entregó la Llave-Espada, me prometió que la Orden buscaría una forma de romper el hechizo y que todo volvería a la normalidad. Y ahora, después de tanto tiempo, sabía que nadie en toda Tierra de Partida lo había intentado tanto como ella.

La envidiaba y la admiraba al mismo tiempo. Se mantenía tan fuerte, pese a todo. Y yo no podía hacer nada más que correr y olvidar.

¿Qué demonios había visto en mí en ese entonces…? ¿Se había equivocado? ¿O simplemente no me convertí en el Caballero que ella esperaba?

Es posible que Xihn tenga que ver con esto —sentenció la Maestra, refiriéndose al ambiente que nos rodeaba—. No entiendo por qué no destruyó el mundo hace tiempo, pero quizá Maléfica y ella no estén en tan buenos términos como creíamos. —La mujer extendió una mano para tocar una espina y pareció darse cuenta de algo que escapó mis sentidos—. Esto es… Oh… ¡Corred al castillo! ¡A la cámara de Aurora, antes de que sea tarde! ¡Guíalos, Felipe!

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~Darkside Army~


Heike desenvainó su espada y yo, confundido, montado en mi caballo casi al final del grupo, me vi obligado a preguntar con frustración «¿¡Qué está pasando allí adelante!?». La mujer bajó de montura de un salto y Abel la siguió de cerca: ambos blandieron sus armas y yo seguía sin poder ver nada. Mi corcel comenzó a moverse en su sitio, notando la inquietud de su jinete. Nithael despidió luz, atacando algo que se ocultaba detrás de las espinas. Sin saber qué más hacer, encendí mi daga de plasma.

¡Rápido!—gritó Bella.

Fue entonces cuando pude verlos, acercándose a nosotros como una horda sedienta de sangre, deslizándose como serpientes a través de las hileras de densos matorrales: monstruos negros, brillantes, con ojos profundos y sin vida. Hechos de tinta.

«Karel», reconoció Jessamine. Sentí su cálida ira brotar de mi pecho y circular por mi sangre. Nuestro encuentro anterior con el hechicero nos había dejado resentidos, disgustados, ¡furiosos! ¡Enfermizo y escuálido insulto a la hechicería! ¿Sus sucias garras corrompiendo nuestro mundo?

De ninguna manera.

¡Seguid!—ordenó el caballero Abel, apremiando a la montura de Felipe para que continuara. Miré en dirección a Nanashi y, con sólo cruzar su mirada con la mía, comprendí el mensaje: era nuestro deber continuar.

¡Entendido!

La marcha de los caballos volvió a apresurarse. Los Aprendices y la Princesa seguimos de cerca a Felipe, dejando atrás a los Maestros y a los guerreros cubriendo la retaguardia. La partición pareció tener resultado, porque las criaturas de tinta dejaron de perseguirnos, y no apareció ninguna más en nuestro camino. Avanzamos a través de la villa, por las callejuelas que yo visitaba con madre, los recovecos que utilizaba como escondites en mis juegos con Erika, las casas y tiendas que alguna vez conocí.

Tenía que hacer algo. Esta vez sí. Tenía que lograr algo. Teníamos que salvar el reino. A toda costa.

El castillo donde todo comenzó se alzaba, finalmente, frente a mí.

Y entonces ocurrió.

El milagro que esperé durante siete largos años.

Justo cuando no debía ocurrir.

Un rugido temible. Dos gigantescos engranajes, etéreos, volviendo a correr.

La magia en el aire vibrando.

La brisa, corriendo de forma casi imperceptible.

El tiempo corría de nuevo. Despacio, muy despacio, pero lo hacía. Los soldados y los goblins se movían, como una película en cámara lenta.

¡El tiempo está volviendo a…! —Bella no terminó la frase. Su rostro lucía descolorido. Comprendía la gravedad de la situación.

El hechizo de Freyja era una protección. Las espinas, el asedio, el corazón corrupto.

Si el tiempo reanudaba por completo, el mundo colapsaría sobre sí mismo.

¡Caballeros, Alteza, hay que movernos! —apremié, una vez Bella comentó que una fuerza oscura y una fuerza luminosa moraban en las profundidades del castillo, en algún sitio subterráneo. No supe de dónde me salió la voz: por dentro, me sentía de nuevo como el niño temeroso y solitario que abandonó el mundo con Nanashi, temblando ante el impenetrable silencio. Tiré de las riendas y reacomodé al caballo—. No podemos dejar que el tiempo se reanude, o las espinas desgarrarán todo. Su Alteza Aurora despertará con veneno en sus venas y sus súbditos despertarán para recibir una flecha en el pecho o una hoja en el cuello. Yo iré abajo, hay que pararlo, de lo contrario…

Mamá, papá y Leliana. El hechizo que ocultaba nuestra vivienda se rompería en cuanto el hechizo de Freyja se rompiera. Los sigilos se alimentaban de la magia del ambiente al no tener a ningún invocador para mantenerlos. Si el tiempo reanudaba, la magia se acabaría, y entonces mi familia estaría tan expuesta como cualquier otro en el reino.
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Re: [Reino Encantado] El fin del Sueño

Notapor Drazham » Dom Ene 14, 2018 3:31 pm

Quedaba demostrado que, pese a los tiempos aciagos que corrían, Heike seguía siendo la misma de siempre. Y con la fuerza de siempre, vaya. Un poco más y habría acabado besando el suelo tras la palmadita que le dio la capitana. Pero le alegraba saber que su hijo se encontraba bien, y en cuanto se recompuso no tardó en devolverle una escueta sonrisa. Gracias a los dioses que había cosas de su tierra que no cambiaban nunca.

Hasta que aparecieron nada más llevar unos minutos de trote. Para su fortuna, su caballo apenas necesitó de sus indicaciones para echar a correr tras el de Heike, porque bastantes problemas estaba teniendo ya para controlar sus emociones. En un principio, lo que sintió fue horror al verlos alzarse como malditos titanes, pero lo siguiente fue cruda, cruda ironía por su aspecto deforme. Enfermizo, más bien.

«Están… corruptos.»

Por el Caos. Ni siquiera los Sincorazón estaban exentos de sus efectos nocivos. Las vetas rojas que cubrían sus cuerpos la estremecieron por reavivar los recuerdos de cuando ella, tan ilusa, se le ocurrió tocar sin protección a una criatura de Karel infectada. De lo que podría haber ocurrido si no fuese por los cuidados de Nithael.

Le entraron unas ganas tremendas de espolear al animal para que trotase más deprisa, pero pudo contenerse gracias a la intervención de su maestra y Nithael. Dioses, ¿qué estaba haciendo? Tenía que concentrarse, estaban en juego demasiadas cosas que apreciaba. No podía dejar vencerse por miedos del pasado, y menos después de haberle asegurado a Heike que daría lo máximo de sí misma.

«Temple, Alanna. Por lo que más quieras.»

Para su bien, los monstruos se detuvieron nada más cruzaron la zona “prohibida”: Espinas gruesas, puntiagudas, y tan vastas que le heló la sangre con tan solo contemplar cómo envolvían en un horripilante abrazo el viejo castillo del reino olvidado. Cómo no, su abuela también compartió con ella otras tantas historias del reino de Stéfano y de lo precioso que fue en sus tiempos. Sobre el hechizo de su hada guardiana para protegerlo de la brujería de Maléfica. Y una vez más, sus cuentos de cuando era una niña se resquebrajaban de la misma forma que lo hacía la tierra de la que emergían las espinas.

Pero no tenían otro remedio que meterse en aquel jardín si querían llegar hasta a Aurora. Claro que para eso… habían traído a Bella. Aunque no se apreciase a simple vista, la Luz con la que rociaba a las espinas las debilitaba hasta el punto de poder romperlas para abrirse paso. Aunque eso no la terminaba de tranquilizar cuando los mismos pedazos que cortaban se quedaban suspendidos en el aire, obra del conjuro que recaía sobre la ciudad.

La magia temporal le parecía de lo más retorcido que había en el mundo, por muy útil que pudiese ser.

Entonces, el graznido de un cuervo que la sobrecogió se hizo oír. Oh, cómo para no saber que ese sonido no eran más que muy malas noticias. Con el corazón en un puño, Alanna siguió la trayectoria del rayo de luz que disparó Nanashi al cielo, solo para espantar a una pequeña sombra que revoloteaba por ahí.

Sabíamos que se terminaría enterando. Vamos, rápido.

Sí, pero al menos quería pensar en que no lo haría tan rápido.

Ya daba igual. Aun con esas, tenían que continuar. Sin embargo, dichosa fuese su suerte por encontrarse con otro contratiempo por el camino. Y es que alguien ya lo había estado allanando antes de que llegasen ellos.

Esto no es cosa nuestra.

Alguien se nos ha adelantado.

Quedaba bastante claro quién era ese alguien. Lo más frustrante de todo es que tenían la cualidad innata de inmiscuirse cuando ellos lo hacían. Nanashi, por supuesto, no tardó en plantear su teoría:

Es posible que Xihn tenga que ver con esto. No entiendo por qué no destruyó el mundo hace tiempo, pero quizá Maléfica y ella no estén en tan buenos términos como creíamos. —Nanashi se acercó a una de las enormes enredaderas a examinarla—. Esto es… Oh… ¡Corred al castillo! ¡A la cámara de Aurora, antes de que sea tarde! ¡Guíalos, Felipe!

Alanna abrió mucho los ojos, perpleja por el arranque inesperado de la mujer. Hasta que Heike señaló el motivo de aquello y comprendió, poco antes de apretar con fuerza la mandíbula y contener las llamas de recelo que prendieron en su pecho.

«¿Por qué tienes que meter las narices en todas partes, Karel?»

Ni pudo pensar en entrar en combate cuando el ángel y los guardias del príncipe acometieron contra los monstruos de tinta, ya fuese con magia o fuerza.

¡Rápido!

¡Seguid!

Aunque le hubiese gustado retractarse y permanecer allí para quitarse de encima a las odiosas criaturas de Karel, era algo que sabía que no podía permitirse. Nanashi así se lo hizo saber con la mirada que les lanzó. Alanna chasqueó la lengua y espoleó a su montura para que saliese disparada tras las de Bella y el príncipe.

Cruzar por los restos de la ciudad fue… raro. Todo porque la magia temporal había convertido en estatuas a todos los soldados humanos, orcos y goblins de la ciudadela que participaban en una cruenta batalla. Era como estar dentro de las ilustraciones que aparecían en las historias de guerras, pero pudiendo apreciar toda la crudeza que los libros trataban de tapar. Se le formaba un nudo en el estómago ver todas aquellas expresiones de terror congeladas durante años y años.

¿Qué pasaría entonces con todas esas personas en cuanto el hechizo se desvaneciese?

Pues se hacía una idea. Y de haber sabido lo que ocurriría a continuación después de aquel temblor ni se lo hubiese imaginado siquiera.

«Oh, dioses. No. No ahora»

¡El tiempo está volviendo a…!

Se le secó la garganta nada más ver los efectos en acción: poco a poco, todos y cada uno de los soldados empezaron a cobrar vida. No, más bien volvían a lo que pretendieron hacer muchos años atrás. A continuar una batalla campal en la que ellos estaban metidos de lleno.

¡Todos adentro! ¡Rápido! —voceó con urgencia al grupo.

No se le pasó por alto que Bella se quedó con los ojos clavados en el suelo y lo que musitó después con aires de extrañeza. La expresión que se le formó a Alanna no fue muy dispar de la suya; ¿La Oscuridad y la Luz en el mismo sitio? Es decir… la Luz no podía ser otra que Aurora, ¿no?

¿No se suponía que estaba en la parte más alta del castillo?

Como si se esperase su reacción, sus ojos rodaron hasta Felipe, preocupada, y luego se acercó a Bella para resolver cualquier atisbo de duda que se pudiese tener.

¿Es la única Luz que notas en el castillo? ¿No hay nada más en la parte alta? —En cuanto le contestase, asentiría con la cabeza.

No podemos dejar que el tiempo se reanude, o las espinas desgarrarán todo. Su Alteza Aurora despertará con veneno en sus venas y sus súbditos despertarán para recibir una flecha en el pecho o una hoja en el cuello.

También estaba aquello, aunque no sabía con certeza si la marcha del tiempo estaba influenciada por la oscuridad en el Corazón del mundo o por otras causas. Se mordió el labio inferior. Vale, su objetivo era sacar a Aurora de allí, pero si no tenían otras pistas aparte de lo que Bella sintió en los sótanos del castillo…

Es posible que Maléfica haya movido a Aurora a una zona del castillo en la que pueda tenerla más vigilada —especuló, más para no poner a Felipe en un compromiso que por otra cosa. Además, Nikolai ya le dijo una vez que esa bruja tenía por costumbre guardar sus posesiones de valor en los lugares más retorcidos—. Pero si el tiempo vuelve a su flujo, la Oscuridad no tardará en causar más estragos hasta que sea demasiado tarde. Si Bella no ha encontrado ninguna otra fuente de Luz en el castillo, no sería conveniente estar dando demasiados rodeos y separándonos

Iría abajo, a las entrañas del castillo. No quería hacerle a Felipe promesas falsas de que esa Luz fuese Aurora, pero seguía siendo un riesgo inmenso que estuviese tan cerca de la Oscuridad y con el tiempo echándoseles encima. Nunca mejor dicho.
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Re: [Reino Encantado] El fin del Sueño

Notapor Astro » Dom Ene 14, 2018 3:36 pm

Por suerte para Ban, no tuvo mucho tiempo para darle vueltas al coco. Sincorazón corruptos atacaban por todas partes, y entre esquivarlos y mantenerse sobre el caballo, estuvo ocupado.

Y llegaron al castillo. Envuelto en espinas negras, tal y como lo habían dejado durante aquel día de traiciones, dudas, y muchas lágrimas. Y mocos. Detenido en el tiempo, una extraña calma lo envolvía. La parte positiva fue que los sincorazón dejaron de perseguirles en cuanto entraron el bosque de espinas. La negativa, que los recuerdos golpeaban con fuerza.

Tampoco ayudó que un cuervo les viera y saliera volando a toda velocidad. Ella lo sabía.

Un dolor intenso sacudió todo el brazo de Ban, obligándole a apretárselo con fuerza. Los datos sólidos empezaron a mostrar fallos. Por un segundo, el brazo estaba completamente chamuscado, víctima de haber cogido una espada que le rechazó. Al siguiente, tenía una espina negra en la palma que le desgarraba desde dentro.
Con un poco de esfuerzo y apretando mucho los dientes, todo se calmó. Pero no auguraba nada bueno. Incluso digital, su cuerpo protestaba por estar allí.

Avanzaban con cuidado, con Bella purificando lo que podía y Nanashi y Nithael comentando el estado del parón temporal. Pero entonces ocurrió. Criaturas de tinta. Karel andaba cerca, para variar.

Los otros empezaron a pelear contra ellas, pero Abel indicó que siguieran. Felipe y Bella se adelantaron, seguidos de los Caballos menos los maestros. Se dirigían hacia el interior del castillo, cuando..

¡El tiempo está volviendo a…!

A correr. Como un mecanismo que se va activando poco a poco, engranaje a engranaje, el tiempo volvía a su cauce. Y eso, para ellos, era malo. Más o menos.

Así pues, debían ir o arriba a por Aurora, o abajo al corazón del mundo para descubrir qué diantres ocurría. Para Ban, la decisión estaba clara.
Buscaría a la princesa Aurora. Al fin y al cabo, ella tenía la clave para acabar con todo esto... de una forma u otra.
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Re: [Reino Encantado] El fin del Sueño

Notapor H.S Sora » Dom Ene 14, 2018 8:34 pm

«Seguramente, ¿no hay siempre algo que debería saberse y que se ocurre demasiado tarde?»


Las palabras de Felipe seguían rondando por mi cabeza cuando los primeros Sincorazón se dejaron ver, atravesando las entrañas del bosque. Eran inmensos, y rezumaban oscuridad y Caos por todas partes.

Pero no eran rival para los Maestros. Nithael y Nanashi se encargaban de ellos antes de que llegaran a suponer una molestia real. Entrecerré los ojos mientras el caballo avanzaba sin perder el tiempo: si de verdad no cesaban su avance antes de que llegáramos al castillo de Stéfano...

Me sobresalté al ver como, en mi despiste, varios de ellos habían estado cerca de alcanzarnos. Por suerte los caballos habían tomado la carrera como un ahora o nunca y los dejamos atrás. Tragué saliva cuando las espinas nos dieron la bienvenida.

El aspecto del lugar era deplorable: la negrura, afilada, se expandía por todo el territorio abrazándolo de tal manera que llegó a desgarrarlo y deformarlo. Avanzamos con cautela, tratando de evitar las zonas más destrozadas, donde incluso se habían formado riscos imposibles de atravesar mediante los caballos.

Y todo eso era obra de aquella bruja. Un escalofrío me recorrió la espalda y me reconforté agarrando con fuerza las riendas y tratando de pensar en que lo arreglaríamos. Ya habíamos salvado la Cité, y hoy teníamos que conseguirlo con Reino Encantado.

No perdí el tiempo, y me concentré en ver lo que hacia la Princesa del Corazón que nos acompañaba. La luz se arrojó como un manto contra las espinas y… nada. No parecía que hubiera cambiado nada. Torcí el gesto, confundido. Al menos los Sincorazón se habían quedado atrás, incapaces de seguirnos.

Bien hecho. —Nithael se giró hacia nosotros y apuntó—. Estas espinas desaparecerán si se reanuda el tiempo gracias a su Luz.

«Oh.»

Se me subieron los colores, e invoqué mi Llave Espada para ayudar a avanzar. Bella siguió con aquella especie de ritual purificador, mientras los demás cortábamos las espinas que ya habían sido afectadas por su hechizo. Era algo monótono, no iba a negarlo, pero era más de lo que podía pedir en aquellas circunstancias. Ojalá todos los problemas se solucionaran con cortar la raíz y apartar a un lado.

Y por lo visto los nuestros empezaban ahora.

Sabíamos que se terminaría enterando. Vamos, rápido.

El cuervo se alejaba, sin haber recibido el ataque de la Maestra. Y aunque sabía que tenía razón, una parte dentro de mi deseaba que Maléfica hubiera tardado un poco más en averiguar nuestro paradero.

Mi Llave Espada se detuvo en alto ante la orden de Nanashi.

Esto no es cosa nuestra.

Alguien se nos ha adelantado.

No había muchas opciones, y cada cual me gustaba menos que la anterior. Nos adentramos a toda prisa en la batalla campal que seguía desplegada tal cual. El tiempo no había hecho estragos en los elementos de éste: los orcos, sus pintorescas armas… incluso proyectiles que habían quedado suspendidos en el aire.

Cuando el tiempo se descongelara, habría que encargarse de frenar el asalto.

Es posible que Xihn tenga que ver con esto. No entiendo por qué no destruyó el mundo hace tiempo, pero quizá Maléfica y ella no estén en tan buenos términos como creíamos.

El gesto de la Maestra pareció endurecerse al rozar una de las espinas que habían quitado de nuestro camino.

Esto es… Oh… ¡Corred al castillo! ¡A la cámara de Aurora, antes de que sea tarde! ¡Guíalos, Felipe!

Respiré hondo y asentí. Pero antes de que pudiera empezar a seguir al príncipe, la espada de Heike apuntaba hacia el bosque. Al seguir el camino que marcaba el filo de su espada acabé topando con algo que se arrastraba entre las espinas. Abrí los ojos, al reconocer de qué se trataba.

Otra vez él.

Karel… —susurré, pero todos debían saber ya de quién se trataba.

Las criaturas de tinta avanzaban, impertérritas, y los caballeros del príncipe Felipe bajaron de las monturas dispuestos a retrasarlas todo lo que pudieran. Quería ayudarles, pero las órdenes de Nanashi habían sido claras. Y por suerte ya estaba Nithael preparándose para ponerle fin a su existencia.

El fogonazo de luz anunciaba el fin de las criaturas o eso pensaba. Pero al acostumbrarse mi vista de nuevo a la poca luz del entorno, ahí seguían. O tenían una resistencia muy alta a la magia, o parte del ataque del ángel lo habían amortiguado con la ayuda de las espinas.

¡Rápido!

¡Seguid!

Me bastó fijarme en la Maestra Nanashi para saber que ahí no era donde nosotros debíamos estar.

Asentí con firmeza mientras seguíamos a Felipe, que iba a la cabeza junto a Bella. Alanna, Xefil, Bitron y yo. Tendríamos que apañárnoslas mientras los demás se encargaban de contener al enemigo.

El resto del camino hacia el castillo fue extraño, más todavía. Casas devastadas por el tamaño de las espinas, personas atrapadas en todo aquel fragor que llevaba detenido tanto tiempo. Teníamos la escalinata principal frente a nosotros, donde todavía seguían los soldados amotinados intentando defenderse, en vano.

Pues ahora no había enemigo que combatir.

El caballo se tensó en medio del trote, y no tuve más remedio que impedir que me tirara, saliéndome a medias con la mía. Me recompuse junto a mis compañeros, solo para sentir las fuerza mágica reverberando por todo el lugar.

Miré a los lados, intentando pensar en una explicación lógica mientras seguía con el arma en mano, a la espera de más criaturas de tinta. O monstruos de corrupción.

¿Habíamos activado una trampa?

No. Desde luego había sido mucho peor que eso.

¡El tiempo está volviendo a…!

¡Todos adentro! ¡Rápido!

Eché un último vistazo en la dirección donde Nanashi, Nithael, Abel y Heike estaban luchando. Se las apañarían, pero no dejaba de sentir un nudo en mi estómago a medida que nos alejábamos.

Las cosas empezaban a desmoronarse, con todo no sabía que era lo que nos íbamos a encontrar, pero si el tiempo se estaba reanudando estábamos perdidos. Todo nuestro alrededor se convirtió en lo que amenazaba con ser un verdadero bullicio de golpes, gritos y desesperación.

El murmullo de la Princesa del Corazón y lo que podía implicar me hizo soltar un grito.

¿Es la única Luz que notas en el castillo? —preguntó entonces Alanna—. ¿No hay nada más en la parte alta?

No podemos dejar que el tiempo se reanude, o las espinas desgarrarán todo. Su Alteza Aurora despertará con veneno en sus venas y sus súbditos despertarán para recibir una flecha en el pecho o una hoja en el cuello.

Me llevé una mano a la muñeca y me clavé las uñas, intentando discernir que era lo que teníamos que hacer. Por un lado estaba esa extraña reunión de Luz y Oscuridad… y por otro que todavía no le habíamos dado tiempo suficiente a los del grupo de Atlántica para conseguir el antídoto.

Como bien había dicho Xefil, si el tiempo volvía a su cauce Aurora moriría.

Se distribuyeron de mientras como mejor pudieron: Xefil y Alanna decidieron ir a investigar lo que estaba sucediendo debajo del palacio, y Bitron no dudó en ir a buscar a la princesa. ¿Pero podíamos estar seguros de que realmente estaba ahí?

Cualquier error ahora podía comportar la caída de Reino Encantado.

Conduje el caballo en la dirección que habían tomado Alanna y Xefil. Teníamos que conseguir que el tiempo siguiera parado un poco más… y me inquietaba la Luz de la que Bella había sentido la presencia. ¿Se trataría de Aurora? ¿Que hacía ahí entonces? Que Xihn o Karel estuvieran por los alrededores no servía para tranquilizarme.

Porque cabía la posibilidad de que intentaran utilizar a la Princesa del Corazón para sus propósitos.
No había otro opción que comprobar que era lo que sucedía ahí abajo y rezar por que lográramos llegar a tiempo.

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Editado: Me había dejado unos signos de puntuación ;w;
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Muchas grácias por el avatar Mepi ^^
H.S Sora
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