[Agrabah] El día del Juicio

Trama de Malik, Ragun y Saeko

Aquí es donde verdaderamente vas a trazar el rumbo de tus acciones, donde vas a determinar tu destino, donde va a escribirse tu historia

Moderadores: Astro, Suzume Mizuno, Denna

[Agrabah] El día del Juicio

Notapor Denna » Mar Ene 02, 2018 1:46 am

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24 de mayo de 1018


¡Estáis aquí! Cuánto me alegro de veros. Odio no saber qué está pasando en la ciudad.

La sonrisa de Badra era sincera, pero en sus ojos brillaba la preocupación. Una mirada que reflejaría, sin duda, las de Malik, Ragun y Saeko.

Quince minutos. Ese era el tiempo que el grupo llevaba esperando en la antecámara del palacio de la sultana. Lyn estaba cada vez más y más enfadada. La llegada de Badra había interrumpido sus paseos por toda la habitación, con los que intentaba —sin demasiado éxito— calmarse un poco.

¿Y la sultana?

Me encantaría poder contestarte, pero aquí el amigo Aladdín —masculló Lyn, fulminando al chico con los ojos—, no nos quiere contar nada. Insiste en que esperemos a que Yasmín salga de la sala del trono.

El susodicho se hundió todavía más en su sillón. La tensión entre él y Lyn había estallado al instante de llegar, pero él tampoco parecía muy contento de estar ahí fuera mientras Yasmín se recluía en la habitación contigua.

Ya os lo he dicho —replicó con enfado—. Yasmín está bien y a salvo. Está discutiendo la situación con su padre y con Genio, y saldrá en cuanto...

¡La situación, la situación! ¿Es que no se da cuenta del peligro que nos expone a todos? ¡Xihn podría venir en cualquier momento, y entonces...!

¿Xihn? —repitió Badra extrañada—. ¿Esa mujer es la responsable de lo que está ocurriendo en Agrabah?

Sus palabras descolocaron a Lyn.

¿Lo que está ocurriendo en Agra...? ¿Qué está ocurriendo en Agrabah?

Se volvió de inmediato hacia Aladdín. Éste hundió los hombros y se llevó las manos al pelo, con la cabeza gacha. Su silencio no hizo más que empeorar el ánimo de Lyn.

Habían aparecido directamente en la antecámara con el Portal de la Maestra y no se habían movido de ahí en ningún momento. No habían visto la ciudad más allá de lo que podían apreciar por las pequeñas ventanas del palacio. Y no había nada que pudiera sugerirles que algo extraño estaba pasando fuera.

Hasta ahora.

Muy bien. Se acabó el juego.

¡Espera, Lyn, no...!

¡YASMÍN! ¡SAL DE AHÍ AHORA MISMO! —gritó Lyn, aporreando la enorme puerta con las manos.

Los guardias que la flanqueaban se miraron entre sí, con una expresión a medio camino de la incomodidad y el más puro terror. A Lyn se le había caído la capucha, mostrando un rostro más animal que humano, y la estructura temblaba cada vez que daba un golpe. Ninguno se atrevió a moverse.

¡¡TIENES CINCO SEGUNDOS PARA TRAER EL CULO HASTA AQUÍ O TE JURO POR MI MADRE QUE PIENSO DERRIBAR LA...!!

Afortunadamente para todos, la puerta se abrió antes de que terminara la frase. Yasmín sostuvo la mirada de su Maestra. A pesar de los años, seguía siendo una chica pequeñita, pero el aplomo con el que encaraba a Lyn la hacía parecer mucho mayor. Una auténtica sultana. No se podía decir lo mismo de su padre, que estaba medio escondido detrás de ella, y saludó con una sonrisa nerviosa a los Caballeros.

Ho-hola, chicos, ¿cómo estáis? ¿Y Nanashi? Hace tiempo que no la veo...

Su intervención, de algún modo, hizo que Yasmín rompiera el contacto visual y se hiciera a un lado.

Siento haberos hecho esperar. Os debo una explicación...

Más de una, me temo —dijo Lyn con dureza—. Será mejor que empieces ya. Basta de rodeos.

Yasmín acusó el golpe y terminó de separarse para dejarles pasar. Dentro de la sala del trono esperaba el Genio, mucho más serio de lo habitual, que hizo aparecer sin parsimonia asientos para todos. Lyn se mantuvo de pie, y también Badra, alegando que había apostado a sus nómadas cerca y que la esperaban.

La sultana los miró a todos.

¿Habéis... visto la ciudad?

Yo sí. —Badra hizo una pausa antes de explicar para los Caballeros:—. El agua... ha desaparecido de la noche a la mañana. Los pozos están llenos de sapos y ranas en su lugar. El aire está lleno de jejenes y de moscas que atacan toda la comida y... —La nómada sacudió la cabeza—. Hace una hora escasa, el ganado ha empezado a morir. Parece cosa de...

Hechicería. Sí —confirmó Yasmín, apesadumbrada.

¿Cómo? ¿Quién?

Yo.

Y rompió a llorar a lágrima viva. Lyn dio un paso atrás, con el rostro contraído por la sorpresa. Badra ahogó un grito, mientras el antiguo sultán empezaba a protestar. Aladdín se mantuvo callado. Al final, fue el Genio quien carraspeó y continuó, elevando la voz por encima de la de los demás:

A ver, a ver... Pero explícaselo bien, Yasmín, que si no parece... Bueno... Lo que no es. Sólo querías proteger tu mundo.

Recibí el aviso para que volviera, Lyn, ¡pero no podía abandonar Agrabah sin más! —exclamó ella—. En este último año, la oscuridad ha avanzado demasiado. Ya apenas se puede salir al desierto. Tenía miedo de que, si me iba, el Corazón terminaría por caer.

Y empezamos a buscar entre los documentos de Kamra, nuestra antepasada. Era una hechicera muy poderosa, y su magia corre por nuestra sangre. Creímos que un rito de protección...

¡Pero el hechizo estaba amañado! ¡Yafar, mientras trabajaba de visir...! ¡Él lo hizo! Y n-no nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde y... y ya no podía interrumpir el ritual y...

Y ahora estas... plagas destruirán el mundo si no las detenemos —finalizó Aladdín, todavía sin levantar la cabeza.

Lyn miró a los Caballeros. Los rasgos animales ya habían desaparecido, pero seguía en shock por la declaración de la Princesa. Antes de partir hacia Agrabah, la habían visto capaz de ir hasta el fin del mundo con tal de rescatarla de las garras de Xihn. En la antecámara, furiosa por el descaro de su aprendiz, que la había ignorado. Estaba preparada para todo menos para esto.

Y lo mismo se podría decir de los Caballeros. Badra no apartaba la mirada de Malik y de Ragun, expectante y con una mano en el cinto por si alguno de los dos reaccionaba mal. Parecía que tenía esperanzas de que Saeko contuviera la calma al haber sido más amiga de Yasmín.

Despacio, Lyn se acercó a la sultana y le tomó la barbilla con un torpe ademán.

Vamos, niña. Llorar ahora no sirve de nada, así que sécate las lágrimas y levanta la cabeza, ¿quieres? La amenaza de Xihn es muy real, y tenemos que hacer algo para poneros a salvo a ti y a todo el mundo.

Pero habló con suavidad, y Yasmín se apresuró a obedecer.

¡S-sí! He estado... Tenemos... Genio, papá y yo hemos encontrado algo que podría ser de ayuda.

Dispara. Chicos, acercaos. Se nos ha complicado el trabajo.

La Princesa hizo un esfuerzo enorme por no rehuir sus miradas.

Yafar fue el que preparó el hechizo, de modo que también podrá deshacerlo. Pero como no lo hará por las buenas, usaremos una daga que capaz de matar hechiceros. Está en la Cueva de las Maravillas, donde Salomón la escondió. ¿Genio?

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La daga, dibujada en un pergamino muy antiguo, era de aspecto sencillo, pero fácil de reconocer. Genio le entregó la imagen a los Caballeros, y Aladdín se acercó también para observarla.

Abú y yo nos encargaremos de ella —dijo, algo más animado. El pequeño mono dio un salto sobre su hombro—. ¿Qué me dices, amigo, un último saqueo? ¿Y le damos a Yafar su merecido?

No iréis solos —apuntó Lyn. Antes de seguir haciendo planes, sin embargo, dejó acabar a Yasmín.

Yo regresaré a la necrópolis, donde están la tumba de Kamra y las de mis antepasados. Hay algo que... si lo encuentro, podría usarse para proteger Agrabah en mi ausencia. ¡Me quedaré hasta que termine la batalla contra Yafar! —exclamó antes de que Lyn pudiera protestar—. Es mi deber. Yo he causado todo esto. Yo he cometido el error. Y no me marcharé si queda una mínima esperanza de que Agrabah esté a salvo.

Lyn entrecerró los ojos.

Será peligroso. Ya no sólo por Xihn, Yafar también podría intentar tenderte una trampa.

Yafar estará encerrado en su torre, en el desierto. Está protegida con magia y es impenetrable. Lo sé por experiencia —terció Badra con una mueca—. Mi gente y yo la tenemos bien vigilada.

Quizás habría que asegurarse de que no se mueve de ahí hasta que lleguemos con la daga. Estamos hablando de Yafar después de todo.

¿A nadie más le parece mucha información de golpe? Porque si lo digo yo...

Yasmín sonrió un poco, y hasta Lyn relajó la postura.

Veamos... Aladdín y Abú se dirigirán a la Cueva de las Maravillas con alguien más para conseguir esa daga. El resto iremos a enfrentarnos a Yafar y... Ah, un momento. Yasmín, tú no vas a irte sola por tu cuenta, maldición.

Rajah me protegería...

Ni hablar. Eres la persona más importante de este mundo. Es demasiado arriesgado.

La Maestra se cruzó de brazos y respiró hondo.

Creo que será mejor que vosotros también digáis la vuestra —sugirió. Miró a Malik, luego a Ragun y, por último, a Saeko—. Sabéis de lo que sois capaces mejor que nadie. Elegid adónde queréis ir y con quién. Sé que no es la misión que esperabais, pero ahora no podemos echarnos atrás. El destino de este mundo depende de nosotros ahora.

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Fecha límite: 5 de enero


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¡Bienvenidos a la última trama de Agrabah! ¡La decisiva, la de los dramas, la de las lágrimas...!

Como sois poquitos seré buena, pero eso no significa que el mundo no pueda caer. Todos los NPCs son altamente mortales, incluso Yasmín, así que avisados quedáis.

Por ahora, se os presentan tres rutas: la de la cueva, la de Yasmín y la de Yafar. Aladdín y Abú irán sí o sí a la cueva,
pero podéis convencer al resto de NPCs para que os acompañen adonde vosotros queráis. No tenéis por qué ir cada uno a una, pero si una de las rutas queda abandonada, lo que pase estará fuera de vuestro control.

Dejaré todavía un par de rondas para que pongáis al día vuestras fichas. ¡Ánimo y a pasarlo bien!
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Re: [Agrabah] El día del Juicio

Notapor Tsuna » Sab Ene 06, 2018 1:03 am

¡Estáis aquí! Cuánto me alegro de veros. Odio no saber qué está pasando en la ciudad.

Quince minutos, ese fue el tiempo que Saeko permaneció cruzada de brazos, en pie y apoyada contra una de las paredes, con la vista fija en el suelo. Llevaba unos meses en Tierra de Partida, pero la sensación de volver a estar como en los viejos tiempos se le hacía un tanto extraña e incómoda, ya no era la misma de por aquel entonces, había madurado mucho en esos cuatro años y por eso comprendía que las palabras no iban a solucionar nada, a fin de cuentas, había abandonado a todo el mundo solo para ponerse a salvo y sentirse segura, esa era la razón por la que no tuvo la iniciativa de entablar conversación con ninguno de los presentes, a menos que se dirigieran a ella expresamente. Pero tampoco se iba a dejar amedrentar, no a esas alturas ni por muy mal que pudiesen mirarla, de tanto en tanto alzaba la vista, con esos ojos suyos fríos e intensos, y por supuesto, correspondería a las miradas de desconfianza que pudiesen echarle sus compañeros, Lyn incluída.

Una parte de ella se sentía incómoda, pero otra se encontraba resignada ante la situación que desolaba los mundos y, que en esos cuatro años, lo único que había hecho era demostrar lo frágil e insegura que era, por lo que a pesar de la posible hostilidad que pudiese encontrar en el ambiente, Saeko estaba muy segura al pensar que entregaba su vida a una causa que abandonó hacía ya mucho tiempo. Era consciente de que China se estaba recuperando y Dark Light estaba muerto, sí, podía volver a escapar, a huir y alejarse de todo, vivir a costa del sacrificio de otros, pero no, se encontraba en la situación en la que se encontraba por haberse visto acorralada e incapaz de cambiar las cosas, quizá fuese estupidez, pero esa parte suya sentía que hacía lo correcto al ponerse en peligro de esa forma, y el sentimiento era muy intenso.

¿Y la sultana?

Me encantaría poder contestarte, pero aquí el amigo Aladdín, no nos quiere contar nada. Insiste en que esperemos a que Yasmín salga de la sala del trono.

Muchas caras conocidas en esa habitación, Badra, Aladdín, Malik, Ragun... Todos eran más mayores y habían cambiado, pero allí estaban, después de cuatro años. La tensión entre Lyn y Aladdín era suficiente para caldear el ambiente, saltaban chispas y el muchacho no parecía muy dispuesto a hablar o tomar la iniciativa en nada. Saeko no quiso interrumpir en ningún momento, sentía que debía dejar que Lyn manejara las cosas, por lo que se limitó a observar conservando la calma.

Ya os lo he dicho. Yasmín está bien y a salvo. Está discutiendo la situación con su padre y con Genio, y saldrá en cuanto...

¡La situación, la situación! ¿Es que no se da cuenta del peligro que nos expone a todos? ¡Xihn podría venir en cualquier momento, y entonces...!

¿Xihn? ¿Esa mujer es la responsable de lo que está ocurriendo en Agrabah?

¿Lo que está ocurriendo en Agra...? ¿Qué está ocurriendo en Agrabah?

Era una buena pregunta.

Muy bien. Se acabó el juego.

Al menos Lyn sabe cómo poner a la gente en su sitio.

Lyn se acercó a la puerta y entre gritos, la empezó a aporrear. A ojos de Saeko, que llevaba esperando en esa sala quince minutos eso era lo mejor que podían hacer, meter presión para que avanzara el asunto. Pese a todo, sintió algo de sorpresa al ver los rasgos de Lyn tan marcados y desarrollados, no los recordaba como tal y el aspecto de la mujer la dejó un tanto intimidada. Por supuesto no tardaron en reaccionar y los portones se abrieron, desde su ubicación Saeko pudo ver con claridad a Yasmín. Seguía siendo igual... pero a la vez muy distinta, algo en su mirada, en sus ojos, le decía a Saeko que la princesa tenía más determinación y madurez. Fue inevitable que los recuerdos de su primer encuentro, de cuando era una cría y se conocieron en los jardines del palacio, afloraran en su cabeza.

Detrás de la princesa se encontraba un hombre al que Saeko apenas alcanzó a ver, lo recordaba como el sultán de Agrabah y padre de la misma, parecía muy asustado. Saeko no quiso juzgarle.

Siento haberos hecho esperar. Os debo una explicación...

Más de una, me temo. Será mejor que empieces ya. Basta de rodeos.

A continuación les permitieron pasar a la sala del trono, donde se encontraba Genio, mucho más serio de lo que Saeko recordaba. La presencia de Xihn no dejaba a nadie indiferente, eso desde luego. El ser de azul invocó numerosos asientos a lo largo de la sala y con gusto, se sentó en uno de ellos. Entonces comenzaron a relatar la situación. La ciudad se encontraba en un estado lamentable, el agua desaparecía, el ganado moría, todo lo que relataba Badra le hizo a pensar a Saeko en algo parecido a una maldición, como si un cúmulo de desgracias se hubiesen cebado con Agrabah al mismo tiempo. Irremediablemente pensó en Xihn, ¿quién si no ella para causar semejante desgracia?

¿Cómo? ¿Quién?

Yo.

A Saeko se le tensó el cuerpo de inmediato y miró con seriedad y preocupación, más si cabía, a Yasmín.

A ver, a ver... Pero explícaselo bien, Yasmín, que si no parece... Bueno... Lo que no es. Sólo querías proteger tu mundo.

Sí, necesitaban una buena explicación para lo que estaba pasando y por qué la princesa era la culpable de una plaga tan peligrosa, lo único que se le ocurría a Saeko era que debido a falta de experiencia había cometido algún error con algún conjuro. Yasmín comenzó a relatar con cierta angustia lo ocurrido, que no podía regresar a Tierra de Partida porque debía proteger Agrabah, que el corazón podía caer si ella abandonaba el mundo, y que en un intento de defenderse de la oscuridad... utilizaron uno de los ritos de Kamra, la hechicera a la que también recordaba vagamente de su última aventura, pero que Yafar había amañado de alguna forma. Saeko apretó los dientes al escuchar el nombre de aquel condenado, incluso cuatro años después seguía causando males y desgracias. Que su primer encontronazo con el visir, estando ella misma delante de su presencia con la intención de negociar y cumplir sus condiciones se le pasara por la cabeza la revolvió por dentro.

Y ahora estas... plagas destruirán el mundo si no las detenemos.

Vamos, niña. Llorar ahora no sirve de nada, así que sécate las lágrimas y levanta la cabeza, ¿quieres? La amenaza de Xihn es muy real, y tenemos que hacer algo para poneros a salvo a ti y a todo el mundo.

El nerviosismo que estaba sintiendo Saeko debido al error de Yasmín y a la vuelta de Yafar a su vida se alivió cuando vio cómo Lyn consolaba a la princesa. Sí, para eso estaba allí, para solucionar las cosas, para cambiar el futuro.

¡S-sí! He estado... Tenemos... Genio, papá y yo hemos encontrado algo que podría ser de ayuda.

Dispara. Chicos, acercaos. Se nos ha complicado el trabajo.

Saeko obedeció y se adelantó, allí observó con detalle e intriga el dibujo de la daga.

Yafar fue el que preparó el hechizo, de modo que también podrá deshacerlo —Ah, ¿pero que seguía vivo?—. Pero como no lo hará por las buenas, usaremos una daga que capaz de matar hechiceros. Está en la Cueva de las Maravillas, donde Salomón la escondió. ¿Genio?

Abú y yo nos encargaremos de ella. ¿Qué me dices, amigo, un último saqueo? ¿Y le damos a Yafar su merecido?

No iréis solos.

Yo regresaré a la necrópolis, donde están la tumba de Kamra y las de mis antepasados. Hay algo que... si lo encuentro, podría usarse para proteger Agrabah en mi ausencia. ¡Me quedaré hasta que termine la batalla contra Yafar! Es mi deber. Yo he causado todo esto. Yo he cometido el error. Y no me marcharé si queda una mínima esperanza de que Agrabah esté a salvo.

Yafar estará encerrado en su torre, en el desierto. Está protegida con magia y es impenetrable. Lo sé por experiencia. Mi gente y yo la tenemos bien vigilada.

Quizás habría que asegurarse de que no se mueve de ahí hasta que lleguemos con la daga. Estamos hablando de Yafar después de todo.

¿A nadie más le parece mucha información de golpe? Porque si lo digo yo...

La intervención de Genio rompió la concentración de Saeko, que estaba intentando asimilar toda la información posible. Supuso que sí, que estaba haciendo un sobre esfuerzo y se relajó un poco más, pero solo un poco. En base a todo lo que se había discutido la situación era clara: conseguir la daga, conseguir que Yafar cumpliera con el trato y lograr que Yasmín salvara Agrabah.

Creo que será mejor que vosotros también digáis la vuestra —Saeko comprendía que fuera la última en ser tenida en cuenta, por lo que no le dio muchas vueltas al asunto, sus actos hablarían por ella—. Sabéis de lo que sois capaces mejor que nadie. Elegid adónde queréis ir y con quién. Sé que no es la misión que esperabais, pero ahora no podemos echarnos atrás. El destino de este mundo depende de nosotros ahora.

La verdad, Lyn, es que a estas alturas ya no espero nada.

Saeko pegó un suspiro y se adelantó con determinación, en un intento de hacerse notar para que le prestararan atención. Seria y decidida, les comunicó al resto su decisión.

Yo protegeré a Yasmín —desvió su vista hacia ella—, me siento más que cualificada para hacerlo, y además... no me gustaría ver como una vieja amiga sale herida por algo de lo que no ha tenido la culpa —Saeko esbozó lo que pareció una leve sonrisa, quería animar a Yasmín y ver determinación en sus ojos. También se sentía responsable de ella, cuatro años se hacían largos, pero las relaciones eran un vínculo demasiado fuerte a veces—. Genio, ¿nos acompañarías tú también? Tu ayuda nos será inestimable, y siento que estaremos mejor protegidas a tu lado. —esperó una confirmación por su parte y luego buscó la mirada de Yasmín, esperando una aprobación de su parte.

Una vez dicho eso, y esperando que todos aceptaran su decisión o tomaran las suyas, se dirigió al resto de presentes.

Me gustaría proponer algo —se tomó unos momentos para asegurarse de que todos la escuchaban—. Han pasado cuatro años, pero Yafar, aquel que intentó matarnos en varias ocasiones y estuvo a muy poco de conseguirlo sigue con vida, y de lo primero que me entero es que sigue poniendo este mundo en peligro. Cuando cumpla el trato acabaremos con él, o cosas como estas seguirán pasando —no hacía falta hacer distinciones entre aprendices y maestros a esas alturas, pero miró a Lyn, que era la más experimentada entre todos—. ¿Lyn?

Ya estaba todo dicho, solo quedaba armarse de valor y salvar Agrabah.

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Lo dicho, encantada de volver a rolear con todos :3

Y, Dios mío, hacía mucho que no escribía tanto. (?)
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Re: [Agrabah] El día del Juicio

Notapor Sombra » Sab Ene 06, 2018 2:00 am

24 de mayo de 1018


Cuando atravesamos el portal todavía le daba vueltas a lo que Lyn había dicho poco antes.

"Muera quien muera" había que proteger o salvar a la Princesa del Corazón Yasmín, perderla a ella podía significar que la oscuridad ganase aún más terreno del que ya nos había arrebatado. Los caballeros de la Llave Espada éramos soldados en la guerra contra Xihn y los suyos, un par de meses atrás habíamos acabado con Dark Light, uno de sus generales y clon de uno de mis mejores amigos. De haber sabido que habría acabado así... Nunca le habría salvado la vida.

El grupo lo conformabamos varias caras conocidas: en primer lugar la Maestra Lyn que lideraba el grupo, en segundo lugar estaba Malik que evidentemente no podía faltar a una misión en su propio hogar y sorprendentemente también estaba Saeko, que había estado desaparecida durante años. No había llegado a hablar con ella desde que había regresado a La Orden, aunque tenía ganas de saber todo lo que había pasado (tanto para saber por qué se había ido como para saber por qué había vuelto).

La espera en la antecámara fue larga y tensa. Una impaciente Lyn no dejaba de dar vueltas por toda la estancia logrando desquiciarme ligeramente. Aladdín no había soltado prenda, por lo que la mujer lobo estaba de muy malas pulgas, nunca mejor dicho.

¡Estáis aquí! Cuánto me alegro de veros. Odio no saber qué está pasando en la ciudad.

La nómada Badra nos recibió con una calurosa sonrisa cuando apareció tras quince minutos esperando en la antecámara. La conocía muy poco en comparación a mis compañeros, pero sabía su parentesco con el que había sido el propio instructor de Ronin y Ryota; el Maestro Rayim.

Lyn detuvo su paseo por toda la sala.

¿Y la sultana? —preguntó Lyn.

Me encantaría poder contestarte, pero aquí el amigo Aladdín —Una no muy contenta Lyn fulminó con la mirada al muchacho—, no nos quiere contar nada. Insiste en que esperemos a que Yasmín salga de la sala del trono.

Aladdín se recostó en el acolchado sillón. No parecía estar tampoco de muy buen humor, no solo por la tensión con Lyn sino por estar fuera y no con su esposa.

Ya os lo he dicho —soltó con un tono de claro enfado—. Yasmín está bien y a salvo. Está discutiendo la situación con su padre y con Genio, y saldrá en cuanto...

¡La situación, la situación! ¿Es que no se da cuenta del peligro que nos expone a todos? ¡Xihn podría venir en cualquier momento, y entonces...!

¿Xihn? —Badra repitió el nombre de nuestra enemiga—. ¿Esa mujer es la responsable de lo que está ocurriendo en Agrabah?

¿Lo que está ocurriendo en Agra...? ¿Qué está ocurriendo en Agrabah? —preguntó Lyn completamente confusa.

Mis ojos se posaron sobre el marido de Yasmín, Lyn hizo lo mismo aunque el muchacho no llegó a contestar, lo que hizo que Lyn estuviese de peor humor si era posible.

Muy bien. Se acabó el juego.

¡Espera, Lyn, no...!

¡YASMÍN! ¡SAL DE AHÍ AHORA MISMO! —vociferó Lyn acercándose a la puerta que llevaba al lugar donde Yasmín estaba reunida con su padre y Genio.

Los guardias que vigilaban la puerta no se atrevieron a detener a Lyn, y menos cuando su rostro salvaje de licántropo hizo su aparición.

¡¡TIENES CINCO SEGUNDOS PARA TRAER EL CULO HASTA AQUÍ O TE JURO POR MI MADRE QUE PIENSO DERRIBAR LA...!!

Lyn no terminó la frase, pues la puerta se abrió mostrando el interior de la sala del trono. Yasmín mantuvo la mirada firme, casi desafiante con la que había sido su Maestra en el tiempo que había estado entrenando en Tierra de Partida. Ser la sultana debía haberla convertido en una mujer fuerte y con mucho aplomo, desde luego. Era la persona más influyente y poderosa del mundo.

Su padre, una figura regordeta y pequeña parecía esconderse de nosotros, aunque sí tuvo al menos el valor de saludarnos.

Ho-hola, chicos, ¿cómo estáis? ¿Y Nanashi? Hace tiempo que no la veo... —dijo nervioso.

Siento haberos hecho esperar. Os debo una explicación... —intervino Yasmín sin dar tiempo a que nadie respondiese a la pregunta del viejo sultán.

Más de una, me temo —contestó tajante Lyn—. Será mejor que empieces ya. Basta de rodeos.

La sultana se hizo a un lado dejándonos entrar a todos. Una vez dentro pudimos ver a Genio, con un semblante serio, nada que ver con la alegría habitual con la que había llegado a verle.

¿Habéis... visto la ciudad? —preguntó.

Yo sí. —Afirmó Badra, que se giró hacia nosotros para explicarnos la situación:—. El agua... ha desaparecido de la noche a la mañana. Los pozos están llenos de sapos y ranas en su lugar. El aire está lleno de jejenes y de moscas que atacan toda la comida y... Hace una hora escasa, el ganado ha empezado a morir. Parece cosa de...

Hechicería. Sí —terminó Yasmín.

¿Cómo? ¿Quién?

Yo. —admitió con pesar rompiendo a llorar.

¿¡Qué!? —exclamé abriendo la boca por primera vez desde que habíamos llegado al mundo.

A ver, a ver... Pero explícaselo bien, Yasmín, que si no parece... Bueno... Lo que no es. Sólo querías proteger tu mundo.

Recibí el aviso para que volviera, Lyn, ¡pero no podía abandonar Agrabah sin más!—se excusó—. En este último año, la oscuridad ha avanzado demasiado. Ya apenas se puede salir al desierto. Tenía miedo de que, si me iba, el Corazón terminaría por caer.

Y empezamos a buscar entre los documentos de Kamra, nuestra antepasada. Era una hechicera muy poderosa, y su magia corre por nuestra sangre. Creímos que un rito de protección...

¡Pero el hechizo estaba amañado! ¡Yafar, mientras trabajaba de visir...! ¡Él lo hizo! Y n-no nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde y... y ya no podía interrumpir el ritual y...

Y ahora estas... plagas destruirán el mundo si no las detenemos.

¡Deberíais habernos llamado, Nanashi y Nithael podrían haber leído los documentos y haber determinado que estaba amañado! —rugí—. Lyn, ¿cómo procedemos? —giré la cabeza bruscamente en su dirección.

La maestra se mantuvo en silencio, en shock ante lo que la sultana había dicho, de golpe la mujer empezó a acercarse a su aprendiz, que lloraba estrepitosamente. Temí que llegase a ponerse violenta, sin embargo pese a lo que creía que iba a hacer la maestra no hizo nada de eso.

Vamos, niña. Llorar ahora no sirve de nada, así que sécate las lágrimas y levanta la cabeza, ¿quieres? La amenaza de Xihn es muy real, y tenemos que hacer algo para poneros a salvo a ti y a todo el mundo.

¡S-sí! He estado... Tenemos... Genio, papá y yo hemos encontrado algo que podría ser de ayuda.

Dispara. Chicos, acercaos. Se nos ha complicado el trabajo.

Yafar fue el que preparó el hechizo, de modo que también podrá deshacerlo. Pero como no lo hará por las buenas, usaremos una daga que capaz de matar hechiceros. Está en la Cueva de las Maravillas, donde Salomón la escondió. ¿Genio?

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El djinn desplegó un pergamino antiguo que mostraba la daga.

Abú y yo nos encargaremos de ella —dijo, Aladdín con más ánimos—. ¿Qué me dices, amigo, un último saqueo? ¿Y le damos a Yafar su merecido?

No iréis solos —añadió Lyn antes de que el pequeño mono y el marido de la sultana se emocionasen de más con la aventura.

Yo regresaré a la necrópolis, donde están la tumba de Kamra y las de mis antepasados. Hay algo que... si lo encuentro, podría usarse para proteger Agrabah en mi ausencia. ¡Me quedaré hasta que termine la batalla contra Yafar! Es mi deber. Yo he causado todo esto. Yo he cometido el error. Y no me marcharé si queda una mínima esperanza de que Agrabah esté a salvo.

Será peligroso. Ya no sólo por Xihn, Yafar también podría intentar tenderte una trampa.

Yafar estará encerrado en su torre, en el desierto. Está protegida con magia y es impenetrable. Lo sé por experiencia —explicó Badra—. Mi gente y yo la tenemos bien vigilada.

Quizás habría que asegurarse de que no se mueve de ahí hasta que lleguemos con la daga. Estamos hablando de Yafar después de todo.

¿A nadie más le parece mucha información de golpe? Porque si lo digo yo...

Veamos... Aladdín y Abú se dirigirán a la Cueva de las Maravillas con alguien más para conseguir esa daga. El resto iremos a enfrentarnos a Yafar y... Ah, un momento. Yasmín, tú no vas a irte sola por tu cuenta, maldición.

Rajah me protegería...

Ni hablar. Eres la persona más importante de este mundo. Es demasiado arriesgado.

Creo que será mejor que vosotros también digáis la vuestra —nos miró por encima—. Sabéis de lo que sois capaces mejor que nadie. Elegid adónde queréis ir y con quién. Sé que no es la misión que esperabais, pero ahora no podemos echarnos atrás. El destino de este mundo depende de nosotros ahora.

Yo protegeré a Yasmín —avanzó Saeko—, me siento más que cualificada para hacerlo, y además... no me gustaría ver como una vieja amiga sale herida por algo de lo que no ha tenido la culpa. Genio, ¿nos acompañarías tú también? Tu ayuda nos será inestimable, y siento que estaremos mejor protegidas a tu lado. —Pidió la caballera.

—Yo me dirigiré hacia la torre en la que está Yafar, tal vez pueda infiltrar a mis sincorazón dentro o fusionarme con las sombras para escabullirme al interior y abrir las puertas —expliqué.

Escuché lo que Malik haría y asentí con la cabeza en señal de aprobación.

Mucha suerte a todos, manteneros comunicados y disponibles en todo momento, revisar vuestros teléfonos por si hay problemas de cobertura o conexión, ya tuvimos problemas la última vez.

Me gustaría proponer algo —dijo finalmente Saeko—. Han pasado cuatro años, pero Yafar, aquel que intentó matarnos en varias ocasiones y estuvo a muy poco de conseguirlo sigue con vida, y de lo primero que me entero es que sigue poniendo este mundo en peligro. Cuando cumpla el trato acabaremos con él, o cosas como estas seguirán pasando. ¿Lyn?

Respondiese o no la Maestra terminaría interviniendo yo mismo también:

Si simplemente acepta ayudar por las buenas no creo que hiciese falta matar a nadie. Si estos años se ha limitado a vivir allí sin molestar a nadie, quiero decir... Pero es cierto que si ganamos la guerra contra Xihn y hacemos que todo vuelva a la normalidad es más que probable que Yafar vuelva a querer conquistar toda Agrabah, es un peligro potencial. Creo que debemos considerar lo que Saeko ha dicho con mucha seriedad y pensar en lo que hacer. No podemos permitirnos que ponga en peligro el mundo o peor... Que Xihn le reclute.

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¡Un placer rolear con vosotras una vez más! Y bienvenida de vuelta, Cris ;)
¡Suerte!
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Re: [Agrabah] El día del Juicio

Notapor Tanis » Sab Ene 06, 2018 4:53 am

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24 de mayo de 1018


Malik no sabía si alegrarse de estar de vuelta en Agrabah. La última vez habían salvado el mundo de su destrucción, pero de eso hacía años y a pesar de todo Ifrit había sido un enemigo menos peligroso que Xihn. Desde entonces su mundo natal había pasado por mucho y él temía que esta vez no consiguieran salvarlo.

«Pero es Yasmín quien importa…», pensó, con sentimiento encontrados.

Yasmín mismo le provocaba sentimientos encontrados, porque era su soberana después de todo, además de compañera de batalla y como una hermana menor para él. Desde que asistiera a su boda había podido conocerla, igual que a Aladdín, más de lo que hubiera podido de ser un súbdito suyo. Recordaba con cariño sus entrenamientos, en los que muchas veces había tenido que correr en torno al castillo con ella.

¡Estáis aquí! Cuánto me alegro de veros. Odio no saber qué está pasando en la ciudad.

La voz de Badra le sacó de sus pensamientos.

Se había sumido en un silencio sepulcral junto a una ventana mientras esperaban a Yasmín, intentando ignorar la tensión y el enfado de Lyn a pesar de que no llevaban esperando mucho tiempo. Claro que el tiempo apremiaba y eran muy pocos para la misión comparados con otras anteriores. Malik pensó, con cierta preocupación, que eso significaba cosas en las que no quería pensar. Además de su maestra, Ragun había ido con ellos, hecho que le tranquilizaba porque era uno de los miembros más fuertes de la Orden si no contaba a los maestros avezados. Y luego estaba Saeko.

Malik se había rendido. No quería gastar su tiempo y preocupación en personas que volvían después de años de abandono de la Orden. Que tuvieran sus motivos, él no necesitaba excusas.

¿Y la sultana?

Me encantaría poder contestarte, pero aquí el amigo Aladdín, no nos quiere contar nada. Insiste en que esperemos a que Yasmín salga de la sala del trono.

Malik miró al joven. Parecía igual de tenso e irritado que Lyn.

Ya os lo he dicho —replicó enfadado—. Yasmín está bien y a salvo. Está discutiendo la situación con su padre y con Genio, y saldrá en cuanto...

¡La situación, la situación! ¿Es que no se da cuenta del peligro que nos expone a todos? ¡Xihn podría venir en cualquier momento, y entonces...!

¿Xihn? ¿Esa mujer es la responsable de lo que está ocurriendo en Agrabah?

¿Cómo… ?

¿Lo que está ocurriendo en Agra...? ¿Qué está ocurriendo en Agrabah?

De repente una fiera preocupación, mayor que la que ya sentía, se apoderó de él y se volvió hacia la ventana, para mirar afuera. Claro que desde allí nos e veía nada fuera de lo común y ellos habían aparecido directamente en la sala…

Muy bien. Se acabó el juego.

¡Espera, Lyn, no...!

Malik vio a Lyn por el rabillo del ojo, dirigirse hacia la puerta de la sala del trono, y se despegó de la ventana.

¡Maestra!

¡YASMÍN! ¡SAL DE AHÍ AHORA MISMO! —gritó Lyn, aporreando la enorme puerta con las manos.

Sin embargo su protesta no llegó a más, porque Lyn estaba realmente furioso y sus rasgos animalescos y su fuerza bastaban para aterrorizar a los guardias y hacer temblar las puertas. El caballero se paró en seco y no se acercó a ella. Casi le chirrió el brazo del susto.

¡¡TIENES CINCO SEGUNDOS PARA TRAER EL CULO HASTA AQUÍ O TE JURO POR MI MADRE QUE PIENSO DERRIBAR LA...!!

Enseguida se abrió la puerta, y Yasmín, sultana de Agrabah, salió seguida de su padre, que se escondía tras la muchacha. Sin duda, asustado de Lyn. Genio también salió con ellos y Malik se cruzó de brazos, con las manos metidas en las mangas. Llevaba el mismo atuendo que años atrás llevase a Agrabah para combatir al antoleón. Sintió admiración por su soberana cuando vio cómo se encaraba a su maestra.

Ho-hola, chicos, ¿cómo estáis? ¿Y Nanashi? Hace tiempo que no la veo...

Malik hizo una leve reverencia en deferencia hacia él y Yasmín.

Majestad.

Yasmín habló entonces y se hizo a un lado.

Siento haberos hecho esperar. Os debo una explicación...

Más de una, me temo. Será mejor que empieces ya. Basta de rodeos.

Entraron todos a la sala del trono y Malik se sentó en uno de los sillones que Genio hizo aparecer. Rumiaba su frustración y su preocupación, sin querer interrumpir a su maestra o a Yasmín. Sabía que enseguida respondería a sus preguntas.

¿Habéis... visto la ciudad?

No…

Yo sí. —terció Badra antes de explicarles:—. El agua... ha desaparecido de la noche a la mañana. Los pozos están llenos de sapos y ranas en su lugar. El aire está lleno de jejenes y de moscas que atacan toda la comida y... —Malik entreabrió los labios y apretó los dedos sobre los brazos—. Hace una hora escasa, el ganado ha empezado a morir. Parece cosa de...

Hechicería. Sí —confirmó Yasmín.

«Son como plagas… ».

¿Cómo? ¿Quién?

Yo.

Malik se sobresaltó al escuchar el llanto de la muchacha de repente y se incorporó en el asiento, mirando de reojo a sus compañeros. Por dentro sintió aun más frustración, y para su sorpresa, enfado.

A ver, a ver... Pero explícaselo bien, Yasmín, que si no parece... Bueno... Lo que no es. Sólo querías proteger tu mundo.

Recibí el aviso para que volviera, Lyn, ¡pero no podía abandonar Agrabah sin más! —exclamó la sultana—. En este último año, la oscuridad ha avanzado demasiado. Ya apenas se puede salir al desierto. Tenía miedo de que, si me iba, el Corazón terminaría por caer.

Y empezamos a buscar entre los documentos de Kamra, nuestra antepasada. Era una hechicera muy poderosa, y su magia corre por nuestra sangre. Creímos que un rito de protección...

«Claro… »

¡Pero el hechizo estaba amañado! ¡Yafar, mientras trabajaba de visir...! ¡Él lo hizo! Y n-no nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde y... y ya no podía interrumpir el ritual y...

Y ahora estas... plagas destruirán el mundo si no las detenemos —finalizó Aladdín, desde su lugar, aun con la cabeza gacha.

Malik sintió lástima entonces, en lugar de enfado, y suspiró, regañándose a sí mismo. Cómo dudar de Yasmín. Era la sultana de Agrabah, no le deseaba mal a la ciudad, pero… Sintió la mirada de Badra encima y levantó la vista, hacia ella. Se fijó en la mano que mantenía en el cinturón, dispuesta a defender a Yasmín si ellos… El caballero mantuvo la espalda erguida, contra el respaldo, y la mirada fija en la nómada, no retándola, si no más bien…

«¿Nos creerías capaz?»

Vamos, niña. Llorar ahora no sirve de nada, así que sécate las lágrimas y levanta la cabeza, ¿quieres? La amenaza de Xihn es muy real, y tenemos que hacer algo para poneros a salvo a ti y a todo el mundo.

¡S-sí! He estado... Tenemos... Genio, papá y yo hemos encontrado algo que podría ser de ayuda.

Dispara. Chicos, acercaos. Se nos ha complicado el trabajo.

Yafar fue el que preparó el hechizo, de modo que también podrá deshacerlo. Pero como no lo hará por las buenas, usaremos una daga que capaz de matar hechiceros. Está en la Cueva de las Maravillas, donde Salomón la escondió. ¿Genio?

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El Genio les proporcionó un dibujo, antiguo como nada, en un pergamino en el que se visualizaba la daga de la que hablaba. Malik contempló el dibujo e intentó memorizarlo.

Abú y yo nos encargaremos de ella. ¿Qué me dices, amigo, un último saqueo? ¿Y le damos a Yafar su merecido?

No iréis solos —dijo Lyn.

Yasmín continuó.

Yo regresaré a la necrópolis, donde están la tumba de Kamra y las de mis antepasados. Hay algo que... si lo encuentro, podría usarse para proteger Agrabah en mi ausencia. ¡Me quedaré hasta que termine la batalla contra Yafar! Es mi deber. Yo he causado todo esto. Yo he cometido el error. Y no me marcharé si queda una mínima esperanza de que Agrabah esté a salvo.

Será peligroso. Ya no sólo por Xihn, Yafar también podría intentar tenderte una trampa.

Yafar estará encerrado en su torre, en el desierto. Está protegida con magia y es impenetrable. Lo sé por experiencia —terció Badra con una mueca—. Mi gente y yo la tenemos bien vigilada.

Quizás habría que asegurarse de que no se mueve de ahí hasta que lleguemos con la daga. Estamos hablando de Yafar después de todo.

¿A nadie más le parece mucha información de golpe? Porque si lo digo yo...

Malik bufó, ahogando una risita.

Es demasiada información, sí.

Veamos... Aladdín y Abú se dirigirán a la Cueva de las Maravillas con alguien más para conseguir esa daga. El resto iremos a enfrentarnos a Yafar y... Ah, un momento. Yasmín, tú no vas a irte sola por tu cuenta, maldición.

Rajah me protegería...

Ni hablar. Eres la persona más importante de este mundo. Es demasiado arriesgado.

Creo que será mejor que vosotros también digáis la vuestra —sugirió. Cuando les miró, Malik ya sabía adónde le necesitaban más. Tenía la certeza de que a Saeko le gustaría quedarse con Yasmín, por la amistad que tuvieron antaño. A él le hubiera gustado también quedarse con ella, pero decidió que era mucho mejor si dividían sus fuerzas de apoyo—. Sabéis de lo que sois capaces mejor que nadie. Elegid adónde queréis ir y con quién. Sé que no es la misión que esperabais, pero ahora no podemos echarnos atrás. El destino de este mundo depende de nosotros ahora.

Malik asintió, dejando que los demás hablasen antes mientras él pensaba. No, no era la misión que esperaba. Sin embargo le necesitaban de todas maneras. Se preguntó cómo estaría Fátima, si sus circunstancias también eran… igual de halagüeñas.

Yo protegeré a Yasmín, me siento más que cualificada para hacerlo, y además... no me gustaría ver como una vieja amiga sale herida por algo de lo que no ha tenido la culpa. Genio, ¿nos acompañarías tú también? Tu ayuda nos será inestimable, y siento que estaremos mejor protegidas a tu lado. —Pidió Saeko.

—Yo me dirigiré hacia la torre en la que está Yafar, tal vez pueda infiltrar a mis sincorazón dentro o fusionarme con las sombras para escabullirme al interior y abrir las puertas —dijo Ragun.

Malik inspiró hondo, cerrando los ojos por un segundo antes de abrirlos.

Entonces yo iré con Aladdín —decidió, mirando al muchacho con una sonrisa suave—. Si a su Alteza y a Abú no les importa que les acompañe al saqueo.

Quizá, sólo quizá, Aladdín no necesitaría de ningún escudo.

Mucha suerte a todos, manteneros comunicados y disponibles en todo momento, revisar vuestros teléfonos por si hay problemas de cobertura o conexión, ya tuvimos problemas la última vez.

Me gustaría proponer algo —dijo Saeko entonces—. Han pasado cuatro años, pero Yafar, aquel que intentó matarnos en varias ocasiones y estuvo a muy poco de conseguirlo sigue con vida, y de lo primero que me entero es que sigue poniendo este mundo en peligro. Cuando cumpla el trato acabaremos con él, o cosas como estas seguirán pasando. ¿Lyn?

Si simplemente acepta ayudar por las buenas no creo que hiciese falta matar a nadie. Si estos años se ha limitado a vivir allí sin molestar a nadie, quiero decir... Pero es cierto que si ganamos la guerra contra Xihn y hacemos que todo vuelva a la normalidad es más que probable que Yafar vuelva a querer conquistar toda Agrabah, es un peligro potencial. Creo que debemos considerar lo que Saeko ha dicho con mucha seriedad y pensar en lo que hacer. No podemos permitirnos que ponga en peligro el mundo o peor... Que Xihn le reclute.

Malik escuchó a sus compañeros atentamente, mientras se reunía cerca de Aladdín y el mono. A esas alturas de la guerra él ya no tenía muchos reparos con cuestiones como esas. No le asombraba mucho el juicio de Saeko, ni el de Ragun, de modo que dio su punto de vista, antes de partir.

Haced lo que queráis, yo no dejaría suelto a Yafar luego, obviamente. Si existe el peligro de que Xihn lo utilice y se cree otro frente de batalla, entonces ya podéis imaginaros mi opinión.
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[Agrabah] El día del Juicio - Ronda #2

Notapor Denna » Mié Ene 10, 2018 2:10 am

Saeko fue la primera en hablar:

Yo protegeré a Yasmín —anunció. Lyn enarcó una ceja, pero la dejó terminar—[color=#BF00BF][b], me siento más que cualificada para hacerlo, y además... no me gustaría ver como una vieja amiga sale herida por algo de lo que no ha tenido la culpa.

Yasmín le devolvió una sonrisa trémula.

Gracias, Saeko, pero quiero enmendar mis errores. Eso sí, me gustaría mucho que me acompañaras.

Genio, ¿nos acompañarías tú también? Tu ayuda nos será inestimable, y siento que estaremos mejor protegidas a tu lado.

Genio miró a Aladdín y luego asintió. Antes de que pudiera abrir la boca para decir algo, Lyn intervino:

Espero que entiendas la gravedad del asunto —le dijo a la Caballero, con un deje de ironía mal disimulado—. No porque no crea que no seáis capaces de protegerla, Saeko, pero llevas mucho tiempo fuera. Xihn no es rival para ti. Si se entera de que queda una Princesa fuera de Tierra de Partida, acudirá enseguida.

Con un poco de esto y de aquello, podría ganarles tiempo —dijo Genio, animado, haciendo como que se arremangaba—. Xihn tendrá que pasar por encima de mi cadáver para tocar un solo pelo a Yasmín. Y no sé si dejo uno.

Yo me dirigiré hacia la torre en la que está Yafar, tal vez pueda infiltrar a mis sincorazón dentro o fusionarme con las sombras para escabullirme al interior y abrir las puertas —añadió Ragun.

Badra se volvió hacia él.

Con los años, Yafar ha ido ganando control sobre los Sincorazón —advirtió—. Aún así, te acompañaré. Conozco bien el desierto y el camino hasta su torre. Y supongo que podría dejar a mi tribu como apoyo a los soldados en la ciudad y el palacio.

Gracias, Badra. Eso sería perfecto.

La nómada no habló de llevar refuerzos. Los que la conocían bien sabrían que no se atrevería a exponer a ninguno de los suyos al peligro. Y, desde luego, Yafar y su magia eran capaces de hacerles frente, a pesar de lo fuertes que eran ella y Ragun. Lyn pareció pensar lo mismo, y aceptó —un poco a regañadientes— ir también con ellos.

Eso dejaba a Malik con pocas opciones.

Entonces yo iré con Aladdín. Si a su Alteza y a Abú no les importa que les acompañe al saqueo.

Aladdín correspondió a su sonrisa.

Será un honor para mí.

La Maestra asintió, conforme con sus decisiones. No se la veía muy tranquila, a pesar de todo, pero tuvo que recordarse que todos sabían el riesgo que corrían antes de elegir venir. Con los brazos cruzados y el ceño fruncido, escuchó entonces la discusión acerca de matar o no a Yafar. Para sorpresa —quizás— de todos, no fue ella, sino Aladdín, quien decidió decir la suya, un poco cortado:

Con... Con, eh, permiso. Conozco bien a Yafar, y estoy convencido de que nunca dejará de atacar Agrabah. Jamás. Ni siquiera la llegada de la Oscuridad y del Caos le han frenado durante estos años así que...

Miró de reojo a Yasmín.

Tú eres la sultana en funciones. ¿Tomamos prisioneros?

La decisión de ella fue inmediata.

No —dijo con rabia—. Y es una orden.

* * *


Saeko


El resto de la conversación transcurrió deprisa. Yasmín no había dado pie a muchas más discusiones. Hechos los grupos, logró convencer a su padre de que se refugiara en Tierra de Partida, y Lyn le abrió un Portal. Así, en el caso de que a ella o a Aladdín les pasara algo, habría un gobernador capacitado en Agrabah.

La Maestra tuvo que abrir Portales para todos. Los compañeros de Badra les advirtieron que los ciudadanos de Agrabah no estaban muy contentos con el silencio de sus sultanes, y cualquiera que saliera del palacio no sería bien recibido. Con el corazón en un puño, Yasmín se echó una capa por encima y atravesó el suyo en silencio, seguida de cerca por Rajah, que la miraba lastimero.

Genio, por favor, ¿podrías ocultarnos con tu magia? Gracias.

Un cosquilleo recorrió a Saeko y supo, de alguna forma, que los tres eran ahora invisibles. No había nadie a la vista, pero era mejor prevenir que curar. El Portal les había dejado en el desierto, a pocos minutos de la tumba de Kamra.

Oh, no te he contado lo que venimos a buscar, ¿verdad? —dijo Yasmín, de pronto—. Quizás hayas oído hablar de ello. ¿Te suena el anillo de Salomón?

En mis años mozos era un objeto temible. Era capaz de abatir ejércitos enteros de un plumazo. Ni siquiera los djinn querían ponerse en su contra.

Yasmín asintió.

Un objeto mágico muy poderoso. Seguro que con algo así podríamos proteger Agrabah cuando me fuera. El problema es que una de las generaciones posteriores a Kamra se lo quiso quedar en vez de cederlo a sus sucesores... y se perdió. Llevamos buscándolo un tiempo, sin éxito, y la necrópolis de la antigua Agrabah es nuestra mejor baza por ahora.

Es una lástima que durante esa época estuviera encerrado en mi lámpara —se quejó Genio—. De haber estado yo por ahí, ¡tendríamos ese anillo en un pispás, os lo aseguro!

Podemos encontrarlo, estoy convencida. Tengo una corazonada.

Los ojos de Yasmín brillaban de determinación, pero su expresión se suavizó a medida que avanzaban.

Y dime... ¿Cómo has estado? Te... Bueno, Aladdín y yo te invitamos a nuestra boda. Supongo que la invitación debió de perderse. Se te echó de menos —musitó, no sin cierta tristeza.

Tristeza, pero no desprecio. No le echaba nada en cara... o, al menos, lo disimulaba. Estando bajo aquella situación, era difícil saberlo. Además, Yasmín había cambiado. Como todos, ¿no?

Las plagas se mantenían dentro de la ciudad, de modo que no tenían que preocuparse por ellas mientras estuvieran en el desierto, pero no por ello iban a tener un paseo tranquilo. Los Sincorazón surgían de bajo la arena uno tras otro, cortándoles el paso. Rajah protegía a Yasmín con fiereza, y Genio era, sin duda, de gran ayuda para deshacerse de los grupos grandes, pero a Saeko también le tocaría pelear. Un pequeño calentamiento.

La tumba de Kamra precedía a la Necrópolis. La puerta, que antaño tenía que abrirse con la sangre de Yasmín, les cedió el paso de inmediato. La presencia de la Oscuridad, imponente incluso ahí, retrocedió un poco en cuanto la Princesa puso un pie dentro e iluminó la estancia con una bola de luz.

Detrás de la tumba hay una puerta. Creo que tu Llave Espada bastará para abrirla y acceder a las demás —comentó Yasmín.

El arma acudiría a la chica de inmediato, y la puerta no opondría resistencia. Una cortina plateada aparecería entonces, separando ambas salas e impidiendo ver qué había más allá.

Yasmín y Genio la esperaban. No tenían mucho tiempo. ¿Avanzar sin más o detenerse ahí y echar un vistazo en la tumba? Había reliquias y un par de cofres que Saeko podría abrir también con la Llave, además del sarcófago de piedra de la sultana. Ahí no encontrarían el anillo, eso era seguro... y quizás saquear la sala en busca de armas no era la mejor de las ideas delante de Yasmín.

Cualquier decisión, mejor tomarla rápido.

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Considera esta zona como un punto de guardado. Más allá aguarda lo desconocido(?) y será mejor que Saeko tenga todos los objetos y armas que necesita antes de continuar.

PD: Recuerda que tienes al Genio de aliado. No digo más.


* * *


Malik


Cruzaron el Portal junto a Ragun, Badra y Lyn, y luego se separaron en dos grupos para ir a por Yafar. Avanzar por el desierto no les costó, ya que la alfombra mágica les permitía avanzar a toda velocidad por el aire y sólo tenían que cuidarse de los Sincorazón voladores.

¿Alguna vez has visto la Cueva de las Maravillas?

Aladdín sacó de su bolsillo un escarabajo dorado formado por dos piezas.

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Sólo es segura para «el diamante en bruto». Ese, por alguna razón, soy yo —explicó, un poco incómodo—. Hay que andarse con ojo con ella, porque sólo se puede sacar el tesoro que buscas. Si tocas cualquier otra cosa, aunque sea una sola moneda de oro, la Cueva se cerrará y todo el que esté dentro, morirá.

Aladdín soltó el escarabajo. Este, por arte de magia, empezó a aletear y salió disparado hacia un cúmulo de arena que tenían unos metros por delante.

Y de ella, surgió...

Oh, no. No, aquí también no...

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La cabeza de tigre, cuya boca representaba la entrada a la Cueva, rezumaba Caos y Oscuridad. El tigre rugió. Era un rugido de dolor, más que de odio y de rabia.

¿Quién osa perturbar mi sueño?

Soy Aladdín —dijo el chico. La alfombra descendió y, encogido, el chico dio un paso adelante. Abú se escondió tras él, tembloroso.

No podéis pasar.

¡Pero a mí me permitiste el paso una vez! ¡Es muy importante! ¡El mundo entero corre peligro, y tú...! ¡Quizás podamos revertir lo que te ha pasado!

No podéis. Pero puedo ver tu corazón, y eres el diamante en bruto. Crees de verdad en lo que dices.

La cabeza se inclinó hacia abajo y abrió las fauces. Desde su posición, Malik podía entrever unas escaleras que desaparecían hacia abajo.

El diamante en bruto deberá sostener la puerta —dijo la Cueva—. Es el único que puede. El otro puede pasar... pero si el diamante en bruto falla, ambos morirán.

Aladdín se puso pálido.

E-espera, espera... ¿Qué quieres decir con eso?

El diamante en bruto deberá sostener la puerta. Es el único que puede. El otro puede pasar... pero si el diamante en bruto falla, ambos morirán.

Cruzó una mirada con Malik. Luego, despacio, acercó una mano al morro del tigre. El efecto fue inmediato, y Aladdín se retiró con una exclamación de dolor.

¡Maldita sea! Es... Bueno, no te mentiré. Duele, pero creo que podría soportarlo —dijo, sacudiendo la mano. Por lo visto, el Caos le hería, pero no le contaminaba como solía suceder con los demás. Era demasiado esperanzador suponer que Aladdín era inmune, pero si la Cueva le protegía...—. Eso sí, no me hace ni pizca de gracia quedarme aquí. No tenemos otra opción, ¿no? —preguntó, casi suplicante—. Tendré que pedirte que te des mucha prisa.

Si querían seguir con el plan original, no quedaba otro remedio que dejar a Aladdín fuera, sosteniendo la puerta mientras Malik buscaba la daga de Salomón. Eso sería peligroso, por mucho que la Cueva pareciera repeler a los Sincorazón, pero si eliminar a Yafar de manera definitiva era su prioridad... Bien, tendrían que hacerlo. Aladdín parecía asustado, pero dispuesto. Como nuevo sultán, no había nada que no fuera a hacer para salvar a su mundo.

Siempre podían volver atrás y sumarse al grupo de Lyn, Badra y Ragun. Si se daban prisa, todavía podrían alcanzarles antes de que llegaran a la torre de Yafar y echarles una mano.

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Aladdín, en principio, aceptará sostener la puerta mientras Malik se adentra en la Cueva. Puede llevarse a Abú, a la alfombra, o a los dos. Tendrá un máximo de tres turnos (empezando en el siguiente) para volver a salir de la Cueva o...

Perdón por meterte siempre en marrones con los NPCs, Tanis, no lo hago aposta xDDD


* * *


Ragun


Es por aquí. En las ruinas de la vieja Agrabah.

Lyn resopló.

¡Otra vez ese sitio!

Surcaban el cielo con los gliders, Badra detrás de la Maestra. Desde la llegada del Caos, utilizar Portales para viajar dentro de los mundos se había convertido en un riesgo bastante alto, y Agrabah no estaba como para más invasiones.

Sí, lo cierto es que está demasiado cerca de donde encontramos a Ifrit y al Antoleón para mi gusto —dijo la nómada—. Demasiados malos recuerdos... pero también algún que otro bueno.

Ragun podría adivinar una sonrisa cuando se dirigió a él.

Hace tiempo que no veo a Light ni a Nanashi. Espero que se encuentren bien. ¿Y Celeste, Saito y Fátima? Me habría gustado que estuvieran aquí también, pero supongo que estaréis muy ocupados.

Un poco, sí. Quizás, si terminan con sus obligaciones antes que nosotros, puedan venir a echarnos una mano —respondió Lyn escuetamente.

No mencionó a Light, pero cruzó una mirada con Ragun. Quizás quería que él, como su antiguo amigo, le contara lo ocurrido a Badra. O quizás se limitaba a observar su reacción. Había heridas muy difíciles de curar. Eso ella lo sabía bien.

Sea como fuere, pronto tuvieron que terminar las conversaciones. Se acercaban a la torre de Yafar.

Se trataba de una construcción alta de piedra roja. Nada del otro mundo, para tratarse del hechicero. Quedaba tras un arco, escondida entre las dunas. La coronaba una plataforma circular y, no muy debajo de esta, una pequeña puerta.

Es la única entrada, pero no hay forma de abrirla. La magia no funciona pasado el arco, y por muchos Sincorazón que eliminemos, siempre aparecen más.

Eso tiene fácil arreglo con la Llave Espada. Ragun, vamos.

Pero pronto vieron que sería imposible. Al cruzar el arco, los gliders desaparecieron. Lyn reaccionó deprisa; atrapó a Badra y logró planear hasta el suelo, ilesas las dos. Muda por la sorpresa, extendió la mano para invocar la Llave Espada.

Nada.

Por más que lo intentaran ella y Ragun, la Llave no respondía si estaban más allá del arco de piedra. Tras varios intentos, Lyn echaba chispas.

Ese desgraciado... Habrá creado una barrera a prueba de Caballeros —murmuró Badra, derrotada.

Todas las barreras tienen su punto débil —insistió Lyn, cabezota—. Y una tan grande y tan compleja puede que tenga varios, incluso.

La Maestra lo meditó un momento. Luego le hizo una seña a Ragun para que se acercara a ellas.

Nos separaremos. Badra, acompaña a Ragun, por favor. Tú te conoces mejor esta zona y podrás guiarle. —Badra asintió, conforme—. Bien. Si creéis que podréis manejaros contra los Sincorazón, cruzad el arco e investigad cerca de la torre, y yo me encargaré de buscar entre las ruinas. Si no, lo hacemos al revés.

A mí me da igual. Como a vosotros os vaya mejor.

Si Ragun iba hacia la torre, él y Badra podrían cubrirse las espaldas mutuamente cuando aparecieran los Sincorazón, pero eso dejaba a Lyn buscando sola por el resto de la zona. En cambio, si era Lyn la que cruzaba el arco, Ragun podría dejar a Badra en tierra y abarcar más terreno entre los dos. Había un camino de piedra medio oculto bajo la arena que iba desde la entrada de las ruinas hasta la torre, y dos caminos más surgían de este: uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda.

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Cruzando el arco, todas las habilidades mágicas de Ragun (y de Badra) se verán anuladas. Podrá invocar sus armas, a excepción de la Llave Espada. El móvil tendrá cobertura y podrá comunicarse con Lyn y los demás en todo momento.

Si Malik eligiera cambiar de ruta, llegaría justo después del último diálogo de Badra, es decir, antes de que Ragun tome su decisión.


* * *


Fecha límite: domingo 14 de enero
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Re: [Agrabah] El día del Juicio

Notapor Tsuna » Mar Ene 16, 2018 12:36 am

De entre todos, Saeko fue la primera en elegir su destino. Lo tuvo más que claro desde el principio, y no precisamente porque se hubiese tirado flores viendo la oportunidad que Lyn les había brindado para hacerlo, sino por Yasmín, una vieja amiga. Se sentía responsable y esa era la razón por la que también se sentía muy tensa por dentro, siempre existía la opción para el fracaso, de que algo se le escapara, de que algo saliese mal y se perdiesen vidas por cualquier despiste, lo sabía de primera mano, su padre había muerto delante de ella precisamente por eso. Y la idea de fracasar la aterraba, pero llevaba también mucho tiempo luchando y enfrentando situaciones complicadas, como todos los presentes, sabía bien cómo esconder y enterrar esos sentimientos para que no influyesen en su juicio.

Gracias, Saeko, pero quiero enmendar mis errores. Eso sí, me gustaría mucho que me acompañaras.

Espero que entiendas la gravedad del asunto —intervino entonces Lyn, como era de esperar, a fin de cuentas Saeko era la última de la que se iban a fiar—. No porque no crea que no seáis capaces de protegerla, Saeko, pero llevas mucho tiempo fuera. Xihn no es rival para ti. Si se entera de que queda una Princesa fuera de Tierra de Partida, acudirá enseguida.

Sí, lo sé.

Y era por ello, sumado a los pocos que eran, que optó por la compañía de Genio para defenderse. Sentía que a su lado tendrían una enorme ventaja y, pese a todo, la duda seguía presente en su interior.

Con un poco de esto y de aquello, podría ganarles tiempo. Xihn tendrá que pasar por encima de mi cadáver para tocar un solo pelo a Yasmín. Y no sé si dejo uno. —no podía negar que su presencia y su optimismo hacían la situación más llevadera.

A continuación el resto de sus compañeros tomaron sus decisiones. Ragun escogió la torre de Yafar gracias a sus habilidades de Sincorazón, las cuales podían ayudarlo a infiltrarse en la torre del mago y si tenían suerte, pillarlo por sorpresa, tanto Badra como Lyn le iban a acompañar, aunque esta última un poco a regañadientes por lo que notó Saeko. Estuvo a muy poco de decirle que se viniera también si tanta inseguridad le causaba la situación de Yasmín, pero prefirió mantenerse callada. Ya eran muy pocos como para llamar demasiado la atención en un solo grupo. Malik, por su parte, decidió acompañar a Aladdín y Abú en su misión de recuperar la daga.

Era cierto, iban muy justos de personal.

Pero antes de que tomaran sus caminos de forma definitiva, Saeko quiso intervenir con su idea de acabar con Yafar de una vez por todas. Escuchó la opinión de Ragun y le sorprendió que dijese que no había necesidad de matar a nadie si el hombre no se había dedicado a molestar en todo ese tiempo, cosa que hizo que Saeko se replantease un tanto esa actitud tan agresiva con sus enemigos, ¿hasta ese punto había llegado, de no tener piedad ni con el primero que apareciera por delante? Reflexionó sobre ello. Malik estaba de acuerdo con acabar con él si de verdad representaba un peligro uniéndose a las filas de Xihn. Por lo que el debate quedó un poco en el aire hasta que intervino Aladdín.

Con... Con, eh, permiso. Conozco bien a Yafar, y estoy convencido de que nunca dejará de atacar Agrabah. Jamás. Ni siquiera la llegada de la Oscuridad y del Caos le han frenado durante estos años así que... Tú eres la sultana en funciones. ¿Tomamos prisioneros?

No. Y es una orden.

No podía negar que las palabras del chico le habían despejado muchas de las dudas que le entraron respecto a Yafar y dejó de lado la reflexión de Ragun para volver al plan original: no iba a mostrar compasión ni más oportunidades hacia ninguno. Lo siguiente transcurrió con rapidez: como medida de seguridad abrieron un portal a Tierra de Partida para que el padre de Yasmín se refugiara, en caso de que a Aladdín le pasase algo, que esperaba que no. Parecía que la ciudad tampoco estaba de muy buenos ánimos, por lo que salir directamente no era la mejor de las ideas, así que utilizaron distintos portales para llegar a sus respectivos destinos.

Mucha suerte. Venceremos. —declaró Saeko a sus compañeros con seriedad antes de irse.

Y atravesaron el portal.

Genio, por favor, ¿podrías ocultarnos con tu magia? Gracias.

Mientras Saeko analizaba los alrededores sintió un ligero cosquilleo gracias a la magia del Genio, parecía que se encontraban en una determinada zona del desierto. Recordaba vagamente de su última misión que algunos de sus compañeros se dirigieron a la mencionada tumba, pero ella no tuvo la ocasión de ir para enfrentar al Antoleón, por lo que esa zona le era desconocida. Tendría que ir con mucho cuidado.

Oh, no te he contado lo que venimos a buscar, ¿verdad? Quizás hayas oído hablar de ello. ¿Te suena el anillo de Salomón?

Saeko miró en su dirección al escuchar sobre ese objeto tan importante. Recordaba algo de Salomón, de que Yafar andaba tras sus reliquias para hacerse con un inmenso poder, así que se imaginó de inmediato por donde iba la historia del anillo.

No exactamente.

En mis años mozos era un objeto temible. Era capaz de abatir ejércitos enteros de un plumazo. Ni siquiera los djinn querían ponerse en su contra.

Un objeto mágico muy poderoso. Seguro que con algo así podríamos proteger Agrabah cuando me fuera. El problema es que una de las generaciones posteriores a Kamra se lo quiso quedar en vez de cederlo a sus sucesores... y se perdió. Llevamos buscándolo un tiempo, sin éxito, y la necrópolis de la antigua Agrabah es nuestra mejor baza por ahora.

Es una lástima que durante esa época estuviera encerrado en mi lámpara. De haber estado yo por ahí, ¡tendríamos ese anillo en un pispás, os lo aseguro!

Podemos encontrarlo, estoy convencida. Tengo una corazonada.

Vamos, que andaban tras una aguja en un pajar... Intentó contener un suspiro y miró con seriedad al horizonte, pensando. Si Yasmín tenía una corazonada, quizá lo aconsejable sería seguirla, desde luego no iba a saber más que ella en lo que Agrabah y su pasado se refería.

De acuerdo. —se limitó a decir con firmeza y seguridad, de momento se limitaría a seguir la intuición de la princesa.

Avanzaron a través de las ruinas, solitarias. Los Sincorazón aparecían en grupos sin parar desde la arena, a lo que Saeko invocó su Llave Espada, que se materializó en su mano desde una ligera bruma oscura, para enfrentarlos. Todos aportaron su grano de arena a la hora de combatir, pero lo cierto es que aquello era el menor de sus problemas, Saeko ni siquiera veía a los seres de oscuridad como una amenaza, sino como moscas que simplemente tenía que apartar de su camino, como siempre había hecho. A esas alturas no suponían nada. Por supuesto, mantuvo su mirada encima de los demás procurando que nadie estuviese en peligro en ningún momento.

Y dime... ¿Cómo has estado? Te... Bueno, Aladdín y yo te invitamos a nuestra boda. Supongo que la invitación debió de perderse. Se te echó de menos.

Oh... —musitó, un tanto desalentada y sorprendida por la noticia, a la sorpresa le siguió un ligero sentimiento de tristeza. Miró a la princesa con sinceridad, suavizando la seria expresión que siempre llevaba encima—. Yasmín, tengo que decirte algo, cuando nos conocimos... yo ya estaba involucrada en todo esto. Por aquel entonces no podía decirte nada, me dijiste de ir a varios sitios alguna vez pero yo no podía, teníamos nuestras normas. Lamentablemente, yo... os abandoné. Intenté proteger a mi familia y no me salió muy bien, ni siquiera me enteré. Sé que no tengo excusas, pero confío en que fue un día muy especial para vosotros.

Pese a que se notaba la culpa en sus ojos, se esforzó por sonreír, aunque no le salió demasiado bien.

Ahora entiendes a todos los peligros a los que me enfrentaba, yo... tuve miedo, y escapé. No quise saber nada de Tierra de Partida ni de Xihn. Podéis juzgarme como mejor os parezca, alteza. —se refirió finalmente a ella por su título, a modo de respeto. No la juzgaría si le guardaba algún tipo de rencor, ya muchos en la Orden probablemente lo hacían—. Serán mis actos los que hablen por mí.

Para ese entonces ya se acercaban a la tumba, y las ruinas empezaban a quedar atrás. La oscuridad de su interior daba la sensación de que el lugar llevaba muchísimo tiempo abandonado, de que era un sitio tanto especial como peligroso. Avanzaron a través de las penumbras, que se disipaban al paso de la princesa, que les iluminaba con una esfera formada por magia. Saeko no pudo contener una mueca de asombro. A través del recinto se podían apreciar distintos cofres, incluso un enorme sarcófago que imaginó, pertenecía a la antigua hechicera. Se vio muy tentada de indagar en su interior en busca de objetos de valor, quizá pudiese sacar tajada y darle un regalito a su hermana y a Shui, pero al ver por el rabillo del ojo que Yasmín la acompañaba descartó esa idea de la cabeza al instante.

¿En qué estoy pensando?

Detrás de la tumba hay una puerta. Creo que tu Llave Espada bastará para abrirla y acceder a las demás.

Déjamelo a mí.

Saeko invocó su Llave y apuntó a la puerta, que dejó tras de sí una cortina plateada que impedía ver más allá. Fue entonces cuando frunció el ceño y miró en derredor. La tumba se encontraba allí, a simple vista, solitaria y vacía, y cualquiera podía entrar, lo cierto era que el camino se le había hecho incluso ameno y sencillo, y ya había escuchado sobre los generales de Xihn que andaban todavía por ahí: Karel y Andrei. Intentaba no ponerse paranoica, pero tantos años de puñaladas, ataques sorpresa con monstruos gigantes y tretas de todo tipo, le decían que era mejor prevenir que curar. Todavía con su Llave en mano, tomó la delantera, impidiendo que nadie atravesara esa cortina todavía, luego comenzó a hablar con algo de dificultad, intentando expresarse como mejor podía para no levantar el pánico ni causar inseguridad.

Yasmín, Genio, escuchadme con atención. No estoy segura pero tengo un mal presentimiento, quizá... esta tumba es un sitio especial, y no quiero pensarlo pero, quizá Xihn ya haya estado aquí. Estamos todos juntos en esto, yo tomaré la delantera e iremos con cuidado, ¿de acuerdo? —esperó que lo asimilaran, o si tenían algo que objetar al respecto—. Genio, ¿podrías cubrirnos con una barrera mágica a todos, incluyéndote a ti? Y Yasmín, siento preguntarte esto a estas alturas pero necesito que me digas en qué te especializas, cuanto más sincronizadas estemos mejor. Yo me especializo en magia tanto de oscuridad como de hielo.

Una vez estuviese todo dicho, Saeko tomó la delantera y atravesó la cortina gris, con Llave Espada en mano y paso firme.

Espero estar equivocada y que todo salga de maravilla.
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Re: [Agrabah] El día del Juicio - Ronda #2

Notapor Sombra » Mar Ene 16, 2018 1:10 am

Con los años, Yafar ha ido ganando control sobre los Sincorazón —informó Badra cuando me ofrecí a ir a la torre—. Aún así, te acompañaré. Conozco bien el desierto y el camino hasta su torre. Y supongo que podría dejar a mi tribu como apoyo a los soldados en la ciudad y el palacio.

Gracias, Badra. Eso sería perfecto.

Será de mucha ayuda —admití. Conocía a Badra tanto por ser una colaboradora de la Orden e hija de un antiguo Maestro de la Llave Espada como por parte de Light, aunque nunca había cruzado con ella demasiadas palabras.

Una vez todos decidimos que hacer cada uno salió por su lado. Malik iría con Aladdín y Abú a la cueva, Saeko se dirigiría con Yasmín y Genio hacia la tumba de Kamra.

***


Es por aquí. En las ruinas de la vieja Agrabah.

¡Otra vez ese sitio! —respondió la Maestra de mala gana.

Sí, lo cierto es que está demasiado cerca de donde encontramos a Ifrit y al Antoleón para mi gusto —contestó Badra—. Demasiados malos recuerdos... pero también algún que otro bueno.

Noté la sonrisa de Badra, llena de ternura. Como pensando en alguien, pude adivinar en quien pensaba por lo que Light me había dicho de aquella misión. La nómada se había encariñado mucho con él, al parecer... Aunque no había llegado a ser algo correspondido.

Hace tiempo que no veo a Light ni a Nanashi. Espero que se encuentren bien. ¿Y Celeste, Saito y Fátima? Me habría gustado que estuvieran aquí también, pero supongo que estaréis muy ocupados.

Un poco, sí. Quizás, si terminan con sus obligaciones antes que nosotros, puedan venir a echarnos una mano —explicó la mujer lobo.

Light... Está bien. La mayoría de Caballeros de la Llave Espada hemos ido a misiones a algún otro mundo, pero él y unos pocos más se han quedado en Tierra de Partida para defenderla de cualquier posible ataque, además de que siempre se tiene que quedar alguien para atender a los civiles por si necesitan algo. —No dije nada más del tema y esperaba que la mujer no indagase más. No quería ser yo el que le dijese que Light tenía pareja ahora, no era quien para airear de aquel modo sus temas personales. Aquello era algo que deberían arreglar ellos dos solos.

Fue entonces cuando vimos la torre de Yafar a lo lejos. Una construcción grande y de un tono rojizo, no parecía una edificación nueva, aunque a simple vista tampoco aparentaba estar en mal estado. A penas era visible entre las dunas y había un arco de piedra que daba la bienvenida al lugar.

Había una puerta de entrada a la torre. No era demasiado grande y no se veía ninguna más a simple vista.

Es la única entrada, pero no hay forma de abrirla. La magia no funciona pasado el arco, y por muchos Sincorazón que eliminemos, siempre aparecen más.

Eso tiene fácil arreglo con la Llave Espada. Ragun, vamos.

Entendido.

Entonces todo sería tan fácil como ir a la puerta, convocar la Llave Espada y abrirla. La magia no lo era todo, desde luego... Y mi especialidad no era precisamente lanzar hechizos a diestro y siniestro, por lo que afortunadamente no quedaría indefenso, como podría ser el caso de algún portador especializado solo en magia.

Pero no tardamos en darnos cuenta de que ni siquiera podríamos materializar nuestras Llaves Espada. Al cruzar el arco, los gliders se desvanecieron al instante. Caí al suelo rodando varios metros hasta que finalmente pude detenerme haciendo fuerza con los pies. Mareado, comprobé que Lyn y Badra estaban de una pieza también y me llevé una mano a la cabeza para quitarme la arena de encima.

Observé como Lyn trataba de materializar sin éxito su Llave Espada. Hice lo mismo de forma inconsciente sin mejores resultados. No podíamos utilizar nuestras armas. Maldije por lo bajo.

Ese desgraciado... Habrá creado una barrera a prueba de Caballeros.

Todas las barreras tienen su punto débil. Y una tan grande y tan compleja puede que tenga varios, incluso.

Eso es verdad, pero nosotros no somos unos expertos en magia precisamente. Necesitaríamos a Nanashi, Ryota o tal vez Fátima para ser capaces de deshacer esta barrera —medité.

Lyn hizo un gesto para que nos acercásemos a ella.

Nos separaremos. Badra, acompaña a Ragun, por favor. Tú te conoces mejor esta zona y podrás guiarle. —La nómada parecía de acuerdo con Nanashi—. Bien. Si creéis que podréis manejaros contra los Sincorazón, cruzad el arco e investigad cerca de la torre, y yo me encargaré de buscar entre las ruinas. Si no, lo hacemos al revés.

A mí me da igual. Como a vosotros os vaya mejor.

¿Estarás bien, Lyn? —dudé unos instantes. Esperé por una respuesta—. No sabemos si Yafar ha preparado alguna trampa más, ten cuidado por favor. Manten tu comunicador encendido todo el rato.

Dicho aquello, me giré hacia Badra y le dediqué una sonrisa sincera.

Todo listo, vayamos hacia la torre. Yo te cubro —dije mientras invocaba mi Escudo Sincorazón. Al parecer, lo único que no podía materializar era la Llave Espada.

Alcé el escudo en posición defensiva por si aparecía alguno por sorpresa para repelerlo y contestaría convocando en mi mano libre mi látigo Cadena de Memorias y golpeándolo con él. Si nos veíamos rodeados daría amplios tajos con mi arma y apartaría a los que intentasen atacar a Badra con el escudo.
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Re: [Agrabah] El día del Juicio

Notapor Tanis » Mar Ene 16, 2018 5:03 am

Volar en alfombra mágica era una experiencia nueva para Malik, acostumbrado al glider y últimamente a Pegaso. Que dicha alfombra estuviera viva no le sorprendía, por el contrario, ya que había oído historias acerca de objetos mágicos del desierto. También, por supuesto, del lugar que Aladdín mencionó.

¿Alguna vez has visto la Cueva de las Maravillas?

Sentado en la alfombra, Malik había recogido la capa y bajado la capucha. El viento agitaba su melena suelta, despreocupadamente.

He oído historias, mi padre me las contaba cuando era pequeño. Decía que una boca enorme se abría en las dunas y te dejaba pasar a una cueva aún más gigantesca que la entrada —respondió—. Lo que nunca me contó fue cómo se podía abrir.

Cuando Aladdín se sacó el escarabajo dorado del bolsillo se respondió solo a la cuestión, de alguna manera. Observó el objeto con curiosidad y respeto. Era brillante, pulido y conformado por dos piezas idénticas.

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Sólo es segura para «el diamante en bruto». Ese, por alguna razón, soy yo —Malik se abstuvo de preguntar. Quizá en otra ocasión pudiera averiguar que significaba eso. No era tonto, sabía que refería a alguien importante—. Hay que andarse con ojo con ella, porque sólo se puede sacar el tesoro que buscas. Si tocas cualquier otra cosa, aunque sea una sola moneda de oro, la Cueva se cerrará y todo el que esté dentro, morirá.

«Ah, una trampa contra ladrones avariciosos, que conveniente.»

Entendido.

Aladdín soltó el escarabajo entonces, que empezó a aletear y a volar hasta incrustarse en una duna sólo unos pocos metros frente a la alfombra y sus pasajeros. Malik aguantó el aliento, expectante y sintiéndose un niño de nuevo, al estar delante de la leyenda. Una enorme boca, con forma de cabeza de Tigre, se abrió en la arena y rugió. Y Malik sintió temor y angustia…

… la Cueva de las Maravillas rezumaba Caos y Oscuridad.

¿Y ahora qué…? —murmuró, apretando los dientes.

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¿Quién osa perturbar mi sueño?

Soy Aladdín —dijo el joven en respuesta.

Cuando la alfombra descendió, Malik plantó los pies en el suelo y la arena y se mantuvo junto a Aladdín, pensando en que deberían haber traído más gente. Aunque ellos sólo tenían que coger un objeto, ¿no? Observó el aspecto del Tigre, su oscuridad y el Caos e inspiró hondo. No podía meter ahí a Aladdín.

No podéis pasar.

¡Pero a mí me permitiste el paso una vez! ¡Es muy importante! ¡El mundo entero corre peligro, y tú...! ¡Quizás podamos revertir lo que te ha pasado!

No podéis. Pero puedo ver tu corazón, y eres el diamante en bruto. Crees de verdad en lo que dices.

«Debe de haber alguna manera, debe de haberla.»

Malik no añadió nada sobre la posibilidad de curación de la Cueva, pero se anotó su estado para después. Primero había que hacer otras cosas. Contempló la apertura de la gran boca y entrevió las escaleras que descendían hacia las profundidades. Chasqueó la lengua.

El diamante en bruto deberá sostener la puerta —dijo la Cueva. Malik levantó la vista hacia los ojos enormes y brillantes en la arena—. Es el único que puede. El otro puede pasar... pero si el diamante en bruto falla, ambos morirán.

¿Qué? ¡Un momento!

E-espera, espera... ¿Qué quieres decir con eso?

El diamante en bruto deberá sostener la puerta. Es el único que puede. El otro puede pasar... pero si el diamante en bruto falla, ambos morirán.

Malik miró a Aladdín, ya totalmente convencido de que después de todo no tendría que convencerlo para que se quedase arriba. La cosa era… que no tendría apoyo. No, no podía dejar que el mono y la alfombra bajaran, se las arreglaría solo.

«Como en los viejos tiempos, ¿eh?»

¡Maldita sea! Es... Bueno, no te mentiré. Duele, pero creo que podría soportarlo —Malik se fijó en que el Caos no impregnaba su piel. Quizá era una señal de que al menos tenía un poco de tiempo. Quizá la Cueva protegía a su diamante en bruto. Malik no podía saberlo, lo único que podía hacer era buscar la daga deprisa, lo más deprisa que pudiera—. Eso sí, no me hace ni pizca de gracia quedarme aquí. No tenemos otra opción, ¿no?

Malik meneó la cabeza.

Me temo que no, majestad —musitó.

Tendré que pedirte que te des mucha prisa.

Seré veloz como vuestra alfombra. —Sonrió, antes de encarar la boca de la Cueva.

Necesitaban esa daga. Por un segundo, Malik pensó en retirarse, reunirse con los demás y encontrar otra solución. Sin embargo… El caballero se volvió hacia Aladdín, antes de entrar a la boca. Sabía que no tenía muchi tiempo, pero se había visto en peores circunstancias.

«Y tengo que volver a casa…»

Escuchadme, voy a entrar solo —pidió al muchacho—. Cualquier cosa que vaya mal, si os duele tanto que no podéis sostener la puerta y la Cueva os lo permite… marchaos y salvaos vos, aunque yo no haya salido aún, ¿de acuerdo? Sois el sultán, Yasmín os necesita más que esa daga. Si tenéis que huir, huid y no os preocupéis por mí. —«Estaré bien», pensó, realizando una corta reverencia.

Entonces volvió a girarse hacia las grandes fauces y avanzó paso tras paso hasta entrar. Había estado en el Reino de la Oscuridad, podría aguantar.

Debía aguantar.

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Malik baja solo a la cueva
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[Agrabah] El día del Juicio - Ronda #3

Notapor Denna » Lun Ene 22, 2018 5:18 pm

Saeko


Yasmín, tengo que decirte algo, cuando nos conocimos... yo ya estaba involucrada en todo esto.

Yasmín miró a Saeko con atención.

Por aquel entonces no podía decirte nada, me dijiste de ir a varios sitios alguna vez pero yo no podía, teníamos nuestras normas. Lamentablemente, yo... os abandoné. Intenté proteger a mi familia y no me salió muy bien, ni siquiera me enteré.

Siento mucho oír eso... —murmuró.

Sé que no tengo excusas, pero confío en que fue un día muy especial para vosotros.

La Princesa sonrió con amargura.

Bueno, fue... Sí, podríamos llamarlo especial. El mundo no verá nunca una boda igual.

Ahora entiendes a todos los peligros a los que me enfrentaba, yo... tuve miedo, y escapé. No quise saber nada de Tierra de Partida ni de Xihn. Podéis juzgarme como mejor os parezca, alteza. —Yasmín se sobresaltó un poco ante el cambio de registro, pero no dijo nada—. Serán mis actos los que hablen por mí.

Al final siempre lo son, sí... —La chica se caló la capucha y guardó silencio un momento, pensativa—. ¿Sabes? Como sultana siempre es mejor que me guarde mi juicio para mí misma e intentar actuar con sabiduría y justicia. Pero te diré algo: creo en las segundas oportunidades. —Despacio, dibujó una sonrisa—. Y más si se las puedo conceder a alguien que me ha ayudado en el pasado. Me alegro de que estés aquí, Saeko. Sé que no me decepcionarás.

*


En la tumba de Kamra, Yasmín y Genio escucharon las palabras de Saeko. Yasmín asintió con gravedad. Mientras Genio preparaba la barrera, la Princesa explicó:

En magia, sobre todo, afín a Luz y de Fuego. —Sonrió, divertida, al saber que tenían elementos opuestos—. Me las arreglo bien con la Llave Espada, pero Rajah es quien siempre se ocupa del combate a corta distancia. ¿Verdad, bonito? Te protegerá a ti también.

Hay magia muy fuerte en este sitio —dijo Genio, un poco preocupado—. Y de muchos tipos: oscura, luminosa, no elemental... No termina de contrarrestar con mis poderes, pero no puedo crear una barrera perfecta. Si intento que dure mucho tiempo, no podrá frenar los hechizos más poderosos; pero si intento que lo haga, se desvanecerá pronto. —Suspiró, abatido—. En el fondo, es hasta lógico. Este sitio pertenece a la realeza. Las criaturas mágicas no somos bienvenidas.

O-oh, lo... lo siento mucho, Genio. Yo no siento nada. Gracias de todas formas, seguro que terminamos enseguida.

Yasmín invocó su Llave Espada también.

Tú tienes más experiencia que yo, Saeko. ¿Cómo debería ser la barrera?

En cuanto la Caballero eligiera, Genio les aplicaría la barrera y todos cruzarían la cortina...

...Para entrar en un auténtico laberinto de escaleras. Uno sin salida, ya que la cortina plateada desapareció tras ellos.

¡Maldita sea! Genio, ¿puedes decirnos qué ves desde el cielo?

La pregunta de Yasmín no era una tontería: Saeko juraría que en ningún momento habían salido de tumba, pero el laberinto estaba a cielo abierto. Y Genio confirmó que no se trataba de ninguna ilusión: era un cielo sin final, gris y claro.

Cuando bajó, les mostró una imagen de la necrópolis vista desde arriba e informó:

No hay rastro de enemigos, ni siquiera de Sincorazón, pero podría ser que se escondieran dentro de estos portales. ¿Los veis?

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Me he acercado un poco a ellos y está demasiado oscuro como para distinguir nada. No me atrevía a usar magia para iluminarlos por si acaso. Si queréis, puedo adelantarme yo y echar un vistazo en alguno...

¡Rotundamente no! —exclamó Yasmín— . Tú mismo lo has dicho, este sitio podría hacerte daño por ser un djinn completo. Además, estos portales podrían llevar a las distintas tumbas de mis antepasados. Si es así, estarán protegidas con magia muy poderosa contra ladrones y... y gente malintencionada.

Genio asintió, comprensivo, pero un poco decepcionado.

Nadie se va solo por su cuenta, ¿de acuerdo? Si hace falta, nos separaremos en dos grupos de dos. Bien. La parte positiva es que todos aquí podemos volar —excepto Rajah, pero él puede saltar a gran altura y nos alcanzará pronto—, así que sólo tenemos que escoger un portal y entrar en él. Rápido y sencillo.

O esa era la intención, al menos, porque nada más hubo invocado Yasmín unas alas de luz, algo extraño ocurrió con la pared que tenía al lado.

Se abrió otro camino. Uno con una brillante inscripción.

El secreto se encuentra aquí


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Yasmín frunció el ceño.

No reconozco este símbolo. No creo que sea para nosotros ni tenga que ver con Agrabah...

Oh, pero Saeko que lo conocía. Nada más volver a la Orden, había tenido que ponerse al día con la información que sus compañeros habían recabado durante los últimos cuatro años. Información sobre ángeles... y sobre niños.

El secreto se encuentra aquí.

Sigamos adelante, Saeko —insistió Yasmín— . Encontrar el anillo es nuestra prioridad ahora mismo. Siempre podemos volver aquí más tarde...

¿Podían? ¿De verdad? Yasmín se esforzaba en hablar con confianza, pero sus dudas eran visibles a través de ella.

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Para que se vea más claro el laberinto, estoy usando de referencia este mapa pintado:

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El punto rosa es donde han aparecido, y los «portales» son todos los arcos por los que pasan las líneas.


* * *


Malik


Escuchadme, voy a entrar solo.

¡¿Qué?! Pero, Malik...

Cualquier cosa que vaya mal, si os duele tanto que no podéis sostener la puerta y la Cueva os lo permite… marchaos y salvaos vos, aunque yo no haya salido aún, ¿de acuerdo? Sois el sultán, Yasmín os necesita más que esa daga. Si tenéis que huir, huid y no os preocupéis por mí.

Todavía pálido, Aladdín asintió con la cabeza. Se pasó una mano por la frente y volvió a asentir.

Claro. Claro. Vosotros tenéis esos Portales para escapar... Sí, tienes razón. Lo haré. Pero intenta volver cuanto antes de todas formas, ¿de acuerdo? Tú también tienes a alguien que te necesita.

Abú gimoteó, pero Aladdín se acercó a la entrada de la Cueva. Cogió una bocanada de aire y plantó las manos y los pies entre las dos mandíbulas del tigre.

El Caos se abalanzó sobre Aladdín, hambriento, y unos hilos oscuros se enrollaron en sus muñecas y tobillos. El chico reprimió un quejido y se mantuvo en su sitio, inmóvil. Los hilos serpenteaban y se clavaban en su carne, pero no avanzaron. Parecía que la Cueva había dicho la verdad. Aladdín estaría a salvo... durante un tiempo.

Tras eso, Malik pudo entrar sin más problemas. El interior de la cueva desprendía un brillo anaranjado, sucio, impregnado también de Corrupción. La fuerza de Aladdín la mantenía a raya, pero aquel no era si no otro motivo para darse prisa en volver. Si el joven sultán caía, la Corrupción también se lanzaría contra él.

Puede que fuera una suerte que su padre le hubiera contado esas historias. Así Malik estuvo preparado al llegar al final de las escaleras.

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Porque las montañas de oro y joyas resultaban difíciles de resistir. Un poco, al menos. Y es que tanto dinero resultaba incluso cegador. Gracias a su experiencia, Malik podría darse cuenta de que se trataba de una trampa de la Cueva, creada para seducir a cualquiera que entrara, y tendría la voluntad de resistirla. Aunque costaba. Y más que costaría a medida que avanzara. Había más oro del que jamás podría imaginar... mucho más que en las cámaras del sultán, de eso no cabía duda.

Tras un buen rato andando, atravesando una sala tras otra, dio con lo más inesperado: una persona.

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El niño se apresuró a levantar las manos.

Tranquilo, viajero, no voy a hacerte daño. Soy un espíritu de esta Cueva y, por tanto, estoy unido a ella. ¿Puedo acercarme a ti?

Despacio, en cuanto vio que Malik no reaccionaba de forma hostil, se acercó con una sonrisa.

Sé lo que buscas, y ahora mismo estás muy cerca de encontrarlo. Ante ti se abren dos caminos. —Tras el niño, aparecieron dos puertas doradas—. El de la derecha te conducirá directamente hacia tu tesoro, pero un obstáculo aguarda. Deberás sortearlo para llegar hasta él, y será peligroso. Podrías morir sin conseguir tu objetivo. ¿Estarías dispuesto?

Escuchó su respuesta, fuera cual fuera, y prosiguió:

El otro es seguro, y también más largo. No correrías peligro en ningún momento, pero... Tienes prisa, ¿me equivoco? Los dos la tenemos.

El niño miró hacia el techo. Como si estuviera planeado, la Cueva se estremeció, y pequeños guijarros se desprendieron de la parte superior. El tigre agonizaba y, con toda probabilidad, Aladdín también.

* * *


Ragun


Sugerir que Lyn no era capaz de deshacerse de la barrera hizo que Ragun se ganara una colleja por su parte. Badra disimuló una risita y se apresuró a mirarse los pies para que Lyn no la descubriera.

¿Estarás bien, Lyn?

¿Quieres otra o qué? ¡Claro que estaré bien! —exclamó, con una mirada hostil—. Mejor preocúpate por ti. No has parado de cojear desde que te has caído.

Cierto. La arena y la alta resistencia de Ragun habían parado buena parte del daño, pero había demasiada altura desde el glider al suelo. El resultado: un tobillo torcido. Sanaría con una Ultrapoción.

No sabemos si Yafar ha preparado alguna trampa más, ten cuidado por favor. Manten tu comunicador encendido todo el rato.

Lo mismo digo. Avisadme si recibís noticias de los demás, yo también lo haré. Buena suerte a los dos.

Sin decir otra palabra, Lyn volvió a invocar su glider y salió despedida hacia el cielo. Pronto la perdieron de vista entre las ruinas.

¿Preparado? —preguntó Badra, sacando unas dagas de su cinto.

Todo listo, vayamos hacia la torre. Yo te cubro.

¡Más te vale!

La nómada estaba de buen humor, a pesar de la situación, y era una compañera agradable para pelear. Sigilosa, veía a los Sincorazón desde una gran distancia y podían acabar con ellos antes de que notaran su presencia.

Pero a medida que se acercaban a la torre, como Badra había advertido ya, cada vez aparecían más y más. Más fuertes, más grandes y más resistentes. A pesar de sus esfuerzos —y nadie podía decir que eran pocos—, se vieron obligados a retirarse un poco. Por suerte, la función de los Sincorazón era la de proteger la torre y su entrada, y no les persiguieron.

Me preocupa que avisen a Yafar de que hemos venido —dijo Badra, irritada, mientras recuperaban fuerzas detrás de un saliente rocoso. Tenían la torre a unos doscientos metros—. ¿Pueden hacer eso, para empezar? Porque entonces ya tenemos un problema.

Durante todo ese tiempo, Lyn se había mantenido silenciosa.

Es la estrategia, supongo. ¡Pero no sé qué falla! He conseguido llegar hasta aquí con ocho de mis nómadas rodeando la torre, y ni siquiera así... Si pudiéramos deshacernos de los Sincorazón... ¿Tú no sabrás cómo, verdad?

Pensativa, Badra sacó la cabeza de su improvisado escondite y echó un vistazo. De pronto, ahogó una exclamación.

¡Ragun! ¡Mira, es...!

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Iago, el loro de Yafar. Acababa de salir de la torre mediante unas puertas que había en la parte superior. Y descendía... ¿hacia ellos?

Badra contuvo el aliento, pero no, no se dirigía hacia ellos. Ni siquiera les había visto. Se acercaba al arco. ¿Para qué querría abandonar su refugio? ¿Para inspeccionar las ruinas? ¿Para ir a Agrabah? Pero ¿por qué iba a hacer eso?

Podría ser una trampa —comentó la chica mientras seguía al pájaro con la mirada—. Pero si lo capturamos... Este loro es capaz de hablar, ¿lo sabías? No sé si Yafar le tiene tanta estima como para poder usarlo de rehén, pero sí que podríamos sonsacarle algo. Algo como el punto débil de la barrera, o sobre las plagas. O incluso sobre el propio Yafar.

Era arriesgado, pero con los Sincorazón estaban en punto muerto. Claro que ahora habían descubierto cómo se entraba a la torre... ¿Y si intentaban colarse? Podían comunicarse con Lyn y dejar que ella se encargara de Iago. Posiblemente no aprobaría el plan de ninguna manera, pero... Bueno, no estaba ahí para detenerles, ¿no?

* * *


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Re: [Agrabah] El día del Juicio

Notapor Tsuna » Sab Ene 27, 2018 3:08 am

Fue durante el camino hacia la tumba, mientras derrotaban sin demasiado esfuerzo a los Sincorazón que les salían al paso, cuando Saeko le contó a Yasmín lo sucedido todo ese tiempo, el motivo de su ausencia en la boda y la razón por la que había abandonado Tierra de Partida.

Bueno, fue... Sí, podríamos llamarlo especial. El mundo no verá nunca una boda igual.

Le contó la verdad, que tuvo miedo y abandonó a todo el mundo, en el fondo no dejaba de ser un acto egoísta y cobarde, pues solo había pensado en ella creyendo que no la iban a necesitar.

Al final siempre lo son, sí... ¿Sabes? Como sultana siempre es mejor que me guarde mi juicio para mí misma e intentar actuar con sabiduría y justicia. Pero te diré algo: creo en las segundas oportunidades. Y más si se las puedo conceder a alguien que me ha ayudado en el pasado. Me alegro de que estés aquí, Saeko. Sé que no me decepcionarás.

En cuanto Yasmín mencionó que creía en las segundas oportunidades Saeko abrió los ojos con sorpresa unos momentos, el sentimiento fue fugaz, tan rápido como vino se había marchado, ¿pero cuánto hacía que no sentía algo así? Ni siquiera alcanzaba a recordarlo, y por ello la sensación resultó tan intensa. Sí, se alegró de haber escuchado eso por parte de Yasmín, y muchísimo, pero era la opinión de una sola persona, ella era consciente que muchas otras no opinarían lo mismo. No obstante la realidad era que en el fondo, muy en el fondo, se sintió más aliviada y tranquila. Asintió sonriente y continuaron la marcha.

Nada más llegar a la tumba encontraron una cortina plateada que les impedía el paso, fue entonces cuando Saeko, temerosa de la presencia de Xihn quiso tomar medidas para prevenir cualquier emboscada, intentando transmitir seguridad en todo momento. Le sugirió a Genio que les protegiera con una barrera mágica y preguntó a Yasmín por sus habilidades para estar preparadas.

En magia, sobre todo, afín a Luz y de Fuego. —Al escuchar esas palabras Saeko la recordó de inmediato, la chica con la que tuvo cierta rivalidad en el pasado y de la cual no volvió a saber. Le correspondió la sonrisa, todo le parecía muy curioso—. Me las arreglo bien con la Llave Espada, pero Rajah es quien siempre se ocupa del combate a corta distancia. ¿Verdad, bonito? Te protegerá a ti también.

Saeko, que sintió un poco de ternura al ver la escena entre Yasmín y su tigre, tuvo la tentación de acariciarlo, pero no quiso tomarse más confianzas de las necesarias y lo dejó estar. Entonces Rajah se ocuparía del combate a corta distancia, no dejaba de ser peculiar que contaran con la ayuda de un tigre, pero francamente necesitaban toda la que les pudieran ofrecer. Entonces intervino Genio, volviendo al tema de la barrera y la magia. Saeko prestó atención, seria.

Hay magia muy fuerte en este sitio. Y de muchos tipos: oscura, luminosa, no elemental... No termina de contrarrestar con mis poderes, pero no puedo crear una barrera perfecta. Si intento que dure mucho tiempo, no podrá frenar los hechizos más poderosos; pero si intento que lo haga, se desvanecerá pronto. En el fondo, es hasta lógico. Este sitio pertenece a la realeza. Las criaturas mágicas no somos bienvenidas.

O-oh, lo... lo siento mucho, Genio. Yo no siento nada. Gracias de todas formas, seguro que terminamos enseguida.

Yo también te lo agradezco, Genio. Tu ayuda significa más de lo que crees. —comentó ella cruzada de brazos.

Entonces Yasmín invocó su Llave Espada y se dirigió a Saeko. Lo cierto era que no esperaba la pregunta que le estuvo a punto de hacer, ni que la trataran como la más experimentada, estaban depositando de verdad sus confianzas y eso suponía una responsabilidad. En parte era cierto, tenía bastante experiencia, pero sencillamente no se lo esperó.

Tú tienes más experiencia que yo, Saeko. ¿Cómo debería ser la barrera?

Mmm, en el peor de los casos tardaremos bastante en encontrar el anillo, nos beneficiará más que sea lo más prolongada posible, aunque no podamos defendernos de los hechizos más poderosos. —explicó a ambos abriendo la palma de su mano derecha para ayudarse a transmitir su idea—. Es mejor ir a por lo seguro.

Parecieron conformes con la idea y Genio se la aplicó a todos, él incluído. Con paso firme atravesaron la cortina plateada, Saeko llevando la delantera y con la Llave invocada por supuesto, y lo último que esperó fue un panorama como aquel: un laberinto de escaleras. Se quedó paralizada en el sitio por la impresión y tragó saliva, analizando el escenario en general y pensando que era bastante lógico, si limitaban a las criaturas mágicas, también harían lo posible por limitarlos a ellos, poniendo pruebas difíciles y traicioneras. Respecto a la salida, ya no existía, solo les quedaba seguir adelante y dar los pasos correctos.

¡Maldita sea! Genio, ¿puedes decirnos qué ves desde el cielo? —intervino entonces Yasmín, alarmada.

Saeko se adelantó unos pasos hasta tener suficiente vista del panorama que se abría ante ellos, un paisaje sin fin, laberíntico y caótico, cubierto por un cielo gris y claro. Por supuesto que sentía la presión encima suya, pero había pasado todos esos años con mucha más encima, estaba preparada para seguir adelante.

No hay rastro de enemigos, ni siquiera de Sincorazón, pero podría ser que se escondieran dentro de estos portales. ¿Los veis?

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Sí, la imagen era muy descriptiva y eso ayudaba.

Me he acercado un poco a ellos y está demasiado oscuro como para distinguir nada. No me atrevía a usar magia para iluminarlos por si acaso. Si queréis, puedo adelantarme yo y echar un vistazo en alguno...

¡Rotundamente no! Tú mismo lo has dicho, este sitio podría hacerte daño por ser un djinn completo. Además, estos portales podrían llevar a las distintas tumbas de mis antepasados. Si es así, estarán protegidas con magia muy poderosa contra ladrones y... y gente malintencionada.

Nosotros no somos gente malitencionada, pero nos pondrán a prueba igualmente. —miró de reojo a Genio, que parecía un tanto alicaído por no sentirse tan capaz como siempre—. Y les demostraremos que podemos con cualquier cosa.

Saeko pensó que tomarían sus palabras por simple vanidad, promesas sin sentido solo para sentirse mejor y poder dar el siguiente paso, pero ella llevaba años con eso. Si no empezaba por creérselo ella misma, ¿quién se lo iba a creer si no?

Nadie se va solo por su cuenta, ¿de acuerdo? Si hace falta, nos separaremos en dos grupos de dos. Bien. La parte positiva es que todos aquí podemos volar —excepto Rajah, pero él puede saltar a gran altura y nos alcanzará pronto—, así que sólo tenemos que escoger un portal y entrar en él. Rápido y sencillo.

Y ella que se preocupaba por contenerse y no parecer una general dando órdenes y direcciones a diestro y siniestro, desde luego Yasmín tenía dotes para el liderazgo, pero la notaba un poco impulsiva, supuso que debido a su falta de experiencia. Por supuesto, estaba de acuerdo con su plan de entrar en los portales, pero la sola idea de dividirse le causaba pánico. Quizá porque en el fondo quería mantener la situación bajo absoluto control, mantener la seguridad de todos los presentes en todo momento. Perder a alguien de vista era motivo de nerviosismo.

No obstante Saeko no dijo nada, permaneció en silencio, reflexionando sobre todo ello mientras contemplaba las resplandecientes alas de la princesa. Y justo cuando ella dio un paso adelante para ponerse en marcha, la misión cambió completamente. Una pared cercana brilló, dejando una intrigante inscripción y un símbolo tras de sí, y por último, un nuevo camino a tomar.

El secreto se encuentra aquí


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La Caballero frunció el ceño unos momentos, un poco confusa.

Es el símbolo de La Orden...

Reconocible siempre a donde fuese, desde luego, pero iba acompañado de unas alas. ¿Dónde había visto aquello, dónde...?

No reconozco este símbolo. No creo que sea para nosotros ni tenga que ver con Agrabah...

Abrió los ojos como platos de la sorpresa y el cuerpo se le congeló. Llevaba poco en Tierra de Partida y asimilar toda la nueva información de esos cuatro años le había supuesto su esfuerzo, a veces incluso se encontraba confusa con algunas cosas pese a la ayuda que le ofrecía Shui, que él sí se lo había empapado todo, pero sí, tenía bien claro lo importante. Aquel símbolo pertenecía a los ángeles, los que entregarían la Llave Espada a los humanos en el pasado, ¡claro, El Primero, el que se parecía a Nithael! O... más bien era al contrario, ¡pero entonces... ese símbolo podía estar relacionado con los niños!

Sigamos adelante, Saeko —escuchó decir a Yasmín mientras seguía con la vista fija sobre la inscripción. El secreto, ¿cuál?

Recordó la historia del Templo de la Reminiscencia, todos andaban buscando a esos niños pertenecientes al Reino de la Oscuridad para salvarse, si morían perderían toda la esperanza: eran la piedra angular. Y allí estaba Saeko, que atrapada por las circunstancias había vuelto a Tierra de Partida, en ningún momento buscando semejante responsabilidad, una carga tan grande, y se maldijo a sí misma porque debía estar preparada para soportarla, pero no era lo que ella quería. Escapó cuatro años atrás para evitar verse en esas situaciones. No, desde luego esa no era la misión que esperaba, incluso se planteó la posibilidad de salir corriendo... ¿hacia dónde?

El único pensamiento que se le pasaba por la cabeza era que seguía atrapada, sin salida, quería rechazar esa responsabilidad, esa carga. Pero por otro lado ahora estaba en sus manos, si no hacía nada sí seguiría atrapada en su propia debilidad como lo había estado todo ese tiempo.

Encontrar el anillo es nuestra prioridad ahora mismo. Siempre podemos volver aquí más tarde...

Yasmín estaba a punto de irse...

No Yasmín, ¡espera! —Y al final, esa fue la decisión que tomó su corazón, una decisión sincera y desesperada. Extendió un brazo hacia Yasmín en un intento de detenerla, acercándose a la inscripción—. Este símbolo lo reconozco, es muy importante —la miró con absoluta seriedad—. Es... más importante de lo que podemos imaginar, si ha reaccionado ante nuestra presencia, aquí y ahora, ha sido por algo. Creo que si seguimos adelante... desaparecerá. —aclaró con seguridad, sin apartar la mirada de los demás, en especial de Yasmín. Una mirada que decía con claridad que no les iba a dejar tomar otro camino.

Pertenece a nuestros antepasados, si Kamra estuvo relacionada con ellos es posible que lo que estemos buscando esté aquí. Puede que este laberinto ni siquiera tenga salida, Yasmín, si atravesamos esos portales oscuros... quién sabe lo que nos pasará. —la miró con seriedad, pero se le notaba la preocupación. Hasta ese entonces se había convencido de que seguir la intuición de Yasmín era lo correcto pero... ahora tenía que llevarle la contraria, y resultaba un poco doloroso—. Creo que la Tumba estaba preparada para dejar pasar solo a las personas adecuadas, y no estoy intentando obligar a nadie a hacer algo que no quiera, pero si algo no voy a tolerar es que nos dividamos.

Y cambió la expresión de su mirada, tan seria que incluso llegaba a ser amenazadora.

Tú lo has dicho, soy veterana, y es por eso que no voy a dejar a nadie atrapado aquí dentro. Iremos todos juntos, así que tomaremos este camino, alteza. —y la invitó a tomarlo.

Saeko estaba dispuesta a tomarlo, no tenía dudas. Y esperaba que los demás tampoco, por supuesto, esta vez se cercioró de ser la última en entrar, una vez se hubiese asegurado que nadie iba por su cuenta en un lugar tan peligroso como aquel.
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Re: [Agrabah] El día del Juicio

Notapor Tanis » Sab Ene 27, 2018 5:49 am

Claro. Claro. Vosotros tenéis esos Portales para escapar... Sí, tienes razón. Lo haré. Pero intenta volver cuanto antes de todas formas, ¿de acuerdo? Tú también tienes a alguien que te necesita.

Malik apartó la vista disimuladamente. No quiso decirle a Aladdin que él no podía abrir portales, que si entraba y bajaba a la cueva y algo salía mal, se quedaría alli a merced del Caos y moriría. No quiso preocuparlo.

«Alguien que me necesita…», pensó en Fátima y en los niños. Sí, le necesitaban, no podía caer allí, no después de todo, de tanto esfuerzo. Suspiró, entonando mentalmente una plegaria y esperó a que Aladdin abriera la puerta. Resistió la tentación de apartarlo cuando vio que el Caos intentaba morderlo, y se acercó hasta quedarse a su lado. La corrupción no atravesaba la piel, pero no tendría mucho tiempo.

Volveré enseguida —murmuró.

Entonces atravesó las enormes fauces y empezó a bajar las escaleras. No tuvo mucho reparo en bajarlas más deprisa de lo que debería, pero se mantuvo alertar por si acaso resbalaba. Cuando llegó abajo, se encontró con la imagen que siempre había soñado de pequeño, cuando escuchaba los cuentos de su familia.

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Montañas de oro, joyas y objetos preciosos se amontonaban por todas partes y Malik tuvo que aspirar aire al sentir la tentación de las riquezas de la cueva. De repente entendió las advertencias de las leyendas, y la propia advertencia de Aladdin. La cueva quería que tocase aquellas cosas para derrumbarse sobre él.

«Pues no le voy a dar el placer.»

Avanzó lo más rápido que pudo, superando sala tras sala gracias a su fuerza de voluntad y a su disciplina. Intentaba no mirar el oro, pero era difícil. Las estibadas colinas de tesoros brillaban por todas partes e incluso mirar al suelo era una desdicha. Malik se abrazó a sí mismo y mantuvo las manos sujetas a los brazos, con los dedos temblorosos repiqueteando sobre la ropa.

«Puedo hacerlo, puedo hacerlo.» Estaba seguro de que no habría podido resistirse años atrás.

Al cabo de un rato, el caballero entró a otra sala y para su sorpresa, se encontró a lo último que esperaba encontrar en aquel lugar. Enseguida se puso en guardia, preparado para disparar la ballesta si resultaba ser una amenaza. Sin embargo bajó el arma en cuanto vio que era un niño. Un niño no muy mayor. Malik se mordió la lengua y mantuvo los pies firmes, bien clavados en el suelo de arena.

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Tranquilo, viajero, no voy a hacerte daño. Soy un espíritu de esta Cueva y, por tanto, estoy unido a ella. ¿Puedo acercarme a ti?

Bajó aun mas la ballesta y la colocó en posición de descanso. Quería pensar que si era una trampa ya habría saltado, pero… Vigiló todos y cada uno de los pasos del niño.

Sé lo que buscas, y ahora mismo estás muy cerca de encontrarlo. Ante ti se abren dos caminos. —Tras el niño, aparecieron dos puertas doradas. Malik frunció el ceño.—. El de la derecha te conducirá directamente hacia tu tesoro, pero un obstáculo aguarda. Deberás sortearlo para llegar hasta él, y será peligroso. Podrías morir sin conseguir tu objetivo. ¿Estarías dispuesto?

Malik bufó.

¿Y la otra puerta?

El otro es seguro, y también más largo. No correrías peligro en ningún momento, pero... Tienes prisa, ¿me equivoco? Los dos la tenemos.

Cuando el niño miró al techo, Malik le imitó. Entonces la cueva tembló y pequeños cascotes se desprendieron, cayendo al suelo con estrépito. Sabía que no tenía mucho tiempo, ni para él ni para Aladdin.

«Debería haber dado la vuelta, debería… ».

Volvió a mirar al niño, no muy indeciso. Cualquiera de las dos opciones entrañaba un riesgo, y Malik era una persona que se arriesgaba si eso le daba un beneficio más rápido. No tenía mucho tiempo precisamente y si escogía el camino largo pero seguro, podía fallar. Pero también podría fallar en el otro, si no superaba ese obstáculo.

Tampoco podía pensárselo durante mucho tiempo. Pensó una vez más en Fátima y en sus hijos, luego en Aladdín, por último la daga. Inspiró y suspiró, resignado y tenso. Si no tuviera tanta prisa podría averiguar cómo podía un espíritu haberse quedado atrapado en la cueva.

¿Cómo sé que no es otra trampa de la cueva? —Fuese cual fuese su respuesta, Mlik replicaría de vuelta—: Es igual. Como has dicho, tengo prisa. —Iría por el camino de la derecha, el camino corto pero peligroso.

Se encaminó hacia la puerta derecha, atento, y cuando iba a empujarla para abrirla, se detuvo. Miró al niño, sin poderse deshacer de un denso sentimiento de culpabilidad. Si era un espíritu benigno estaría condenando el alma de un niño inocente a perecer en la cueva. Si era una trampa, pero no podía estar, y como había dicho, prefería arriesgarse.

Si también tienes prisa podrías venir conmigo, podría sacarte de la cueva, seas quien seas. —Si es que había una manera.

Respondiera lo que respondiese, terminaría abriendo la puerta de la derecha, para intentarse adonde llevase y conseguir la daga lo más pronto posible.

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Malik va a la puerta de la derecha, camino corto y con obstáculo
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Re: [Agrabah] El día del Juicio - Ronda #3

Notapor Sombra » Dom Ene 28, 2018 1:25 pm

Lyn no tardó ni un momento en darme una buena colleja cuando le dije aquello.


¿Quieres otra o qué? ¡Claro que estaré bien! Mejor preocúpate por ti. No has parado de cojear desde que te has caído.

Suspiré y me llevé la mirada al tobillo, que sin darme cuenta en un principio sí empezaba a doler cada vez más, ese dolor parecía el típico como cuando te cortabas con algo, que hasta pasado un tiempo no empezaba a escocer.

Será una torcedura —comenté tomando una ultrapoción—. Listo.

Lo mismo digo. Avisadme si recibís noticias de los demás, yo también lo haré. Buena suerte a los dos.

Preparé el comunicador en el bolsillo, listo para accionarlo de inmediato si era necesario. Lyn no dijo nada más y se dirigió a las ruinas, donde la perdimos de vista.

¿Preparado? —preguntó Badra, sacando unas dagas de su cinto.

Todo listo, vayamos hacia la torre. Yo te cubro —asentí mientras hacía aparecer mi escudo.

¡Más te vale!

Echamos a caminar hacia la torre. La mujer era ágil y sigilosa como una serpiente voraz, aunque no esperaba menos de una nómada del desierto. Era normal que Light le hubiese sugerido unirse a la Orden, era una lástima que no hubiese aceptado ir. Tenía potencial.

Avanzar y acabar con los sincorazón no fue nada difícil al principio, eran pocos y la muchacha no parecía una novata luchando contra sincorazón, sin embargo su número se incrementaba más y más... Y cada vez aparecían sincorazón más fuertes, lo que nos obligó a desistir tras intentarlo con todas nuestras fuerzas. Los sincorazón parecían obedecer una sola orden: la de proteger la torre, por lo que no llegaron a perseguirnos.

Nos escondimos tras un saliente, algo alejados de la torre pero en un punto seguro.

Me preocupa que avisen a Yafar de que hemos venido —comentó la mujer—. ¿Pueden hacer eso, para empezar? Porque entonces ya tenemos un problema.

No hay sincorazón que puedan hablar con humanos, salvo que Yafar tenga la capacidad de entenderlos o haya mandado que hagan algún tipo de señal si aparecíamos, que sería lo más probable —expliqué.

Es la estrategia, supongo. ¡Pero no sé qué falla! He conseguido llegar hasta aquí con ocho de mis nómadas rodeando la torre, y ni siquiera así... Si pudiéramos deshacernos de los Sincorazón... ¿Tú no sabrás cómo, verdad?

—Los sincorazón no pueden ser asesinados con otra arma que no sea la llave espada, si se destruyen con otra arma simplemente reaparecerán en algún otro lugar, supongo que los que hay dentro de esa barrera reaparecerán dentro de ella otra vez y por eso parece que son infinitos... Además de que ahí radicaría parte del interés de crear una zona donde no podamos invocar la Llave Espada, si pudiésemos sacar a esos sincorazón hacia fuera... —suspiré.

Pensativa, Badra sacó la cabeza de su improvisado escondite y echó un vistazo. De pronto, ahogó una exclamación.

¡Ragun! ¡Mira, es...!

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¿Un... Loro?

Badra contuvo el aliento, pero no, no se dirigía hacia ellos. Ni siquiera les había visto. Se acercaba al arco. ¿Para qué querría abandonar su refugio? ¿Para inspeccionar las ruinas? ¿Para ir a Agrabah? Pero ¿por qué iba a hacer eso?

Podría ser una trampa —Dijo Kamra—. Pero si lo capturamos... Este loro es capaz de hablar, ¿lo sabías? No sé si Yafar le tiene tanta estima como para poder usarlo de rehén, pero sí que podríamos sonsacarle algo. Algo como el punto débil de la barrera, o sobre las plagas. O incluso sobre el propio Yafar.

No es mala idea, podríamos esperar a que atraviese el arco y entonces nos lanzamos a por él. Con todas nuestras habilidades activadas debería ser sencillo capturar a un loro —medité.

Ya sabíamos como se entraba a la torre, pero no era buena idea ir contra el mejor mago de Agrabah con la barrera levantada... Lo mejor era esperar a Lyn, la más fuerte de La Orden.

Una vez saliese del área, esperaría un poco para salir del escondite con Badra e ir a por el loro de Yafar y una vez estuviésemos fuera cambiaría mi Escudo por mi Látigo para intentar sujetarlo con él una vez estuviese a mi alcance.

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Ragun se zampa una Ultrapoción y se dirige a por Iago.
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[Agrabah] El día del Juicio - Ronda #4

Notapor Denna » Mar Ene 30, 2018 3:02 am

Saeko


Yasmín se detuvo, algo confundida y atendió a la explicación de Saeko. A medida que hablaba, el rostro de la sultana se endurecía más y más de un modo que recordaba mucho a Lyn.

Genio intentó suavizar la situación, pero entonces…

Es... más importante de lo que podemos imaginar, si ha reaccionado ante nuestra presencia, aquí y ahora, ha sido por algo. Creo que si seguimos adelante... desaparecerá.

Yasmín miró al símbolo y a las palabras grabadas de nuevo. Al acabar volvió a posar su vista en ella para dejarla acabar.

Pertenece a nuestros antepasados, si Kamra estuvo relacionada con ellos es posible que lo que estemos buscando esté aquí. Puede que este laberinto ni siquiera tenga salida, Yasmín, si atravesamos esos portales oscuros... quién sabe lo que nos pasará. Creo que la Tumba estaba preparada para dejar pasar solo a las personas adecuadas, y no estoy intentando obligar a nadie a hacer algo que no quiera, pero si algo no voy a tolerar es que nos dividamos.

¿Más importante que mi mundo? —La sultana no parecía dispuesta a que Saeko le contestara a esa pregunta—. Ese símbolo podrá tener que ver con la Orden, pero no con Agrabah. Buscamos es el anillo de Salomón. Eso es lo que necesitamos. Y dudo mucho que Kamra u otro portador lo escondiera en un sitio tan reservado.

Pareció que fuera a añadir algo, pero Genio levantó un dedo. Tenía la frente perlada por el sudor. No sabía dónde meterse —y no era para menos—.

Yasmín, creo que habría que tener en cuenta el punto de vista de Saeko. Lo dice con la mejor intención, y quizá no perderíamos nada por echarle un vistazo. Los portales no van a desaparecer, pero puede que este camino sí lo haga. Y los demás también están trabajando para ayudar a Agrabah. No tienes que cargar con toda la responsabilidad tú sola. Quién sabe, quizá encontremos algo que nos ayude aunque no tenga nada que ver con el anillo.

Le guiñó el ojo discretamente a la Caballero.

Tú lo has dicho, soy veterana, y es por eso que no voy a dejar a nadie atrapado aquí dentro. Iremos todos juntos, así que tomaremos este camino, alteza.

Yasmín entrecerró los ojos.

Lo siento, pero no puedo aceptarlo. La prioridad es poner a salvo mi mundo, como tu intentaste poner el tuyo durante estos cuatro años. Pero si tanto insistís, tú y Genio podéis entrar y a ver que descubrís. Rajah y yo podemos ocuparnos del resto perfectamente. No soy una niña pequeña.

Ofendida, se dio la vuelta dispuesta a marcharse. El tigre la miraba con los ojos grandes y tristes.

Cabizbajo, Genio suspiró.

¿Y qué hago? ¿Separar la barrera?

Nunca lo sabrían, porque una bola de fuego impactó contra ella, sobresaltándolos a todos. Genio, el objetivo del hechizo, retrocedió de un salto. La barrera se quebró, pero no llegó a romperse del todo.

No aguantaría más, y él lo sabía. Con una sonrisa burlona, el chico les miró desde las alturas.

Vaya, vaya, vaya. ¿A quién tenemos aquí? —preguntó Andrei.

¿Es Xihn? —preguntó Genio a Yasmín con un murmullo.

U-Uno de sus ayudantes —respondió ella—. Pero ¿cómo es posible? ¡Sólo sangre real puede atravesar la puerta!

Andrei jugueteaba con un naipe en la mano. La reina de corazones. Torció la boca.

La próxima vez quizás deberías cerrar la puerta, ¿no crees? Aunque sea para complicarme un poco las cosas. Tendría que haber ido yo a Reino Encantado, en vez de Karel: me niego a creer que el verdadero peligro esté aquí.

Yasmín invocó su Llave Espada envuelta en llamas. Rajah dio un salto hacia delante, listo para protegerla mientras Genio murmuraba a toda prisa un hechizo para reparar la barrera. Andrei no iba a quedarse de brazos cruzados.

Desde luego que no. Estaba demasiado tranquilo como para que ni siquiera Genio lo preocupara un poco. Clavó la vista en Saeko y, sin perder el aire ufano, lanzó la carta a sus pies.

Perdona que no te salude como es debido, pero creo que no es el momento ni el lugar. ¿Y si mejor hablamos de negocios? Tengo entendido que buscáis esto...

Genio perdió la concentración. Yasmín se puso pálida. Incluso Saeko podría reconocerlo, aún en el dedo anular de Andrei y a tanta distancia. Una gema verde —¿una esmeralda?— brillaba con tanta fuerza que resultaba casi doloroso mirarla.

N-no puede ser... No puedes... Sólo un hechicero o un djinn... —empezó a balbucear Genio.

Yasmín mantuvo la cabeza fría.

Es un truco —declaró—. Sé quién eres, Andrei Saavedra. La Maestra Ariasu me habló de ti. Se trata de una ilusión.

Su respuesta parecía encantarle.

¿No me digas? —El general de Xihn soltó una carcajada— . Qué encantador. Todavía se acuerda de mí. Te pediría que le dieras recuerdos de mi parte, pero me temo que no volverás a pisar Tierra de Partida nunca más.

¿Ah, sí? ¿Y tú vas a impedírmelo?

Es lo justo. El anillo se queda en Agrabah, salváis el mundo y derrotáis a ese hechicero que tantos problemas os está dando... y a cambio, la Princesa del Corazón se viene conmigo y con Xihn. —Andrei se encogió de hombros—. Vamos, ¿de verdad creéis que a Xihn le puede interesar destruir este nido de ratas? Ya visitó Agrabah en su día, y tengo entendido que le gustó bastante. No puedo ver por qué, pero ¿quién soy yo para cuestionar sus deseos, eh? Agrabah y todos sus habitantes sobrevivirán si su sultana accede a acompañarnos pacíficamente. De lo contrario... Bueno. He visto el estado del desierto. ¿Cuántos días más creéis que va a aguantar este mundo? ¿Uno? ¿Dos?

Andrei bajó de un salto, quedando a menos de diez metros de Yasmín.

Yo he apostado por medio día. Karel a que no aguantará hasta la noche. Pero, veréis, todo depende de Xihn.

Yasmín miró a Saeko, imperturbable. «No te muevas», decían sus ojos. Luego se volvió hacia Genio y asintió.

Dale en anillo a Saeko y acabemos con esto.

¡Qué Princesa tan razonable! Xihn ha acertado contigo.

Dáselo. Rajah, quédate aquí. Buen chico...

La sultana se deshizo de su Llave Espada y avanzó hacia Andrei. Con la parodia de una reverencia, este invocó un Portal a sus espaldas. Agarró a Yasmín del brazo con fuerza, retando a Saeko con la mirada, y luego le lanzó el anillo.

Todo tuy...

Andrei no llegó a terminar la frase. Saeko se dio cuenta de lo que pretendía Yasmín un segundo antes, y fue gracias a un débil reflejo de la luz: la barrera seguía levantada.

Un estallido luminoso salió de las manos de Yasmín. Cegado, Andrei retrocedió, y la sultana le asestó una fuerte patada en el estómago. Genio desplegó una explosión sobre el villano que terminó por quebrar la barrera de Yasmín, pero consiguió salir más o menos ilesa. Andrei, no tanto. Pero acababan de ganar unos segundos preciosos.

La nube de humo provocada por la explosión los envolvió a todos, lo cual fue una suerte a medias. Saeko no podía ver a sus compañeros, pero sabía que o bien habían atravesado el camino del símbolo de los Caballeros o bien habían atravesado el primer portal. El anillo pesaba frío en sus manos.

Podía irse con ellos —y escoger el camino que quisiera— o bien quedarse a intentar retener a Andrei. Era cuestión de tiempo que se recuperara y volviera a perseguirles, y esta vez no sería clemente. Si tenía que llevarse a Yasmín al borde de la muerte, Dios sabía que así lo haría.

Y tenía una nueva fuente de poder. ¿O era todo un truco? ¿Valía la pena quedarse a descubrirlo? Contaba sólo con unos segundos para decidirse.

Saeko:
VIT: 84/84
PH: 56/56


* * *


Malik


¿Cómo sé que no es otra trampa de la cueva?

El niño soltó una risita infantil.

¿Lo dices por lo del oro? Lo siento, así tiene que ser para todos. Pero puedes confiar en mí. Que la cueva me haya enviado para guiarte es una muestra de buena fe.

Habló con soltura, como si con eso quedara todo claro.

Siguió con la mirada a Malik mientras este se acercaba a la puerta de la derecha, expectante, pero sin moverse. Antes de abrirla, el hombre dijo:

Si también tienes prisa podrías venir conmigo, podría sacarte de la cueva, seas quien seas.

Eres muy amable. —Ensanchando su sonrisa, el pequeño espíritu trotó hacia él—. Me recuerdas a alguien que conocí hace mucho tiempo, cuando todavía era un niño. Pero ahora, mi espíritu está atado a la cueva. Pronto, la fuerza que lo devora acabará conmigo también. —El chiquillo le lanzó una mirada. Tenía unos ojos enormes— . ¿Todavía crees que soy una trampa?

Sin esperar a que contestara, la puerta se abrió por si sola, revelando un pasillo decorado con estatuas de oro de antiguos reyes. El niño no dijo más. Avanzaba delante de él con presteza, «guiándolo», como había dicho, aunque se trataba de un único camino. Eso sí; quizá fuera por su presencia o quizás no, pero la atracción que ejercía el oro sobre Malik se había debilitado mucho.

Es aquí —dijo el niño de pronto.

Apenas llevaban unos minutos andando cuando dieron con unas escaleras que descendían. La sala era oscura, iluminada con lo que parecía magia porque las paredes no parecían tener final. Suspendida al final del último peldaño, había una amplia plataforma cuadrada.

Y sobre ella…

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La figura del rey Salomón era inconfundible, y la naturaleza de la prueba también. El monarca blandía su cimitarra en una mano y una daga en la otra, y le esperaba en silencio, solemne.

Malik notó una manita sobre su brazo.

Tranquilo. No es más que un espíritu, como yo. Esta no es una batalla imposible.

Apretó con suavidad, sin preocuparse por la ballesta que le sustituía la mano, y volvió a sonreír.

Sus armas también son un espejismo, aunque las heridas que puedan causar, no. —Vaciló un momento, pero acabó por decir:—. Lo digo porque… esa no es la daga que buscas. La auténtica aparecerá cuando le derrotes.

El niño parecía intentar darle una pista, pero Malik pronto se daría cuenta de que no le estaba permitido ayudarle. Cualquier punto débil o especialidad que tuviera Salomón, tendría que deducirla el mismo… a partir de lo que ya sabía y de lo que descubriría en el combate.

El rey esperaría a que Malik bajara junto a él. Una vez descendiera por el último peldaño, la escalera desaparecería, dejando la plataforma suspendida sobre el vacío y la puerta, por encima de ellos, al umbral de la cual esperaba el niño. Entonces, Salomón inclinó la cabeza. Le dejaba el primer ataque.

Malik:
VIT: 132/132
PH: 56/56


* * *


Ragun


No es mala idea, podríamos esperar a que atraviese el arco y entonces nos lanzamos a por él. Con todas nuestras habilidades activadas debería ser sencillo capturar a un loro.

Badra asintió. Esperó a que el pájaro pasara de largo mientras revisaba sus armas y, cuando llegó el momento, le hizo una señal a Ragun.

Sígueme. Tenemos que ir con cautela. En caso de que se nos escape, Yafar confirmará, si no lo ha hecho ya, que vamos detrás de él. Nada de hacer ruido.

La clave de su misión podría ser la de capturar al pequeño compañero del antiguo visir. Aunque bien mirado, tal y como Badra había dicho, olía un poco a chamusquina que hubiera salido en un momento tan conveniente.

La nómada salió primero, agazapada y procurando no ser vistos ni siquiera por los Sincorazón. Cada vez que Ragun hacía el más mínimo ruido —lo cual era un poco injusto; Badra era exageradamente silenciosa y tenía un oído increíble—, la mujer se giraba con expresión incrédula y lo fulminaba con la mirada.

Pero a pesar de lo cómico de la situación, consiguieron atravesar el arco sin que Iago se percatara de su presencia.

Ragun pudo cambiar su escudo por el látigo sin problema, pero no usar ninguna habilidad fue una decisión de la que se arrepentiría. Al igual que, quizá, no haber entrenado un poquito más su puntería. La cadena pasó cerca del animal, pero el objetivo era demasiado pequeño como para que acertara a golpearle.

El ataque lo sobresaltó, y enseguida clavó sus ojos en ellos. Al reconocerles, se le escapó un grito:

¡Rayos! ¿Se puede saber que estáis haciendo vosotros aquí?

Aún con todo, el animal se limitó a coger más altura y les lanzó una sonora pedorreta. Badra soltó una maldición por lo bajo.

¿Se puede saber por qué no has utilizado el Glider? ¡Ahora nos ha visto! —Sacó una daga de su cinto, pero se detuvo en el último instante— . Mierda. No podemos correr el riesgo de matarle... ¡Vamos!

La persecución siguió por el desierto. El siguiente ataque de Ragun volvió a fallar; la cadena apenas llegaba a rozarle.

¡En cuanto Yafar se entere os ablandará el gaznate a base de galletas! —se burló el loro.

En ese momento Badra rebuscó entre toda la arena y cogió un pequeño guijarro. Con un movimiento certero, la nómada lo arrojó antes de que nadie pudiera decirle nada y Iago empezó a caer en picado.

¡Ahora! —le gritó a Ragun.

El aturdido loro fue presa del látigo del Maestro con facilidad.

Tardó unos cinco minutos en recobrar la consciencia, y para cuando lo hizo estaba inmovilizado y sin posibilidades de huir.

¡Soltadme! —exigió, intentando removerse—. ¡No me obliguéis a desatar mi furia!

Entre la persecución y esto, la situación era surrealista.

No lo entendéis, ¡Yafar se ha vuelto loco! ¡Más de lo esa bola de billar haya estado jamás!

¿Qué quieres decir?

Badra desenfundó una de sus dagas y la colocó en el cuello del animal.

¡Ve conspiraciones por todas partes! ¡Se ha encerrado en una habitación protegida por Alá sabe cuántas barreras! ¡Dice que de un momento a otro van a volar el mundo entero y que tenemos que prepararnos! Quería que me pasara por los alrededores de palacio y viera como estaba la situación. Y, en caso de que fuera accesible, ¡que robara el puñetero diamante azul, que con el seríamos capaces de salvarnos de esta!

Iago bajó la vista, cansado y afectado. Badra miró a Ragun, sin saber muy bien qué decir.

No parecía tener muchas ganas de contarles los planes, pero tenían una misión que cumplir… y ahora podían utilizar a su rehén para satisfacer parte de las dudas que pudieran tener. Incluso quizá sabría dónde estaban los puntos débiles que Lyn necesitaba derribar.

¿Pero quién les aseguraba que estuviera diciendo la verdad?

Ragun:
VIT: 200/200
PH: 90/90


* * *


Fecha límite: sábado 3 de febrero
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Re: [Agrabah] El día del Juicio - Ronda #4

Notapor Sombra » Sab Feb 03, 2018 4:01 pm

Sígueme. Tenemos que ir con cautela. En caso de que se nos escape, Yafar confirmará, si no lo ha hecho ya, que vamos detrás de él. Nada de hacer ruido.

Asentí en silencio y esperé a que la nómada saliese en primer lugar. La mujer era sigilosa, tanto que de no ser por notar su corazón gracias a mis poderes de sincorazón no me habría dado cuenta de su presencia, era casi como si fuese invisible sin necesidad de utilizar magia.

Traté de imitar sus movimientos caminando lo más despacio posible. Creí que lo hacía bien, hasta que Badra me fulminó con la mirada por hacer un poco de ruido, un poco que nadie normal se daría cuenta, pero aquello demostraba que no solo era como una serpiente, también un oído impresionante. De haber sido aprendiza de la Llave Espada habría ascendido a Maestra más rápido que deprisa, desde luego. El potencial lo tenía.

Logramos pasar el arco sin que Iago se diese cuenta de nuestra presencia, en ese momento desmaterialicé el escudo e invoqué mi látigo, sin embargo hubo un detalle en el que arruiné el ataque por sorpresa: mi puntería.

Me consideraba bueno con las armas, tenía bastante fuerza también y mi nivel de poder mágico no era nada del otro mundo, pero no era débil tampoco pero había dos cosas donde era verdaderamente malo. La primera era en el combate cuerpo a cuerpo, algo que a penas había entrenado y lo segundo... Mi puntería. Contra un objetivo terrestre y de tamaño humano probablemente habría acertado de lleno, pero no había tenido en cuenta dos cosas: la primera que Iago era un loro, un objetivo pequeño. La segunda, que volaba.

El látigo siseó cortando el aire, pero sin llegar a rozar al animal. Iago, alertado se giró asustado y soltó un grito.

¡Rayos! ¿Se puede saber que estáis haciendo vosotros aquí?

¿Se puede saber por qué no has utilizado el Glider? ¡Ahora nos ha visto! —La mujer sacó una daga de entre sus prendas. La miré alarmado y a punto de decirle que no lo matase, aunque no hizo falta pues ella misma se dio cuenta— . Mierda. No podemos correr el riesgo de matarle... ¡Vamos!

Seguimos al animal, que huía de nosotros. La criatura era demasiado pequeña y aún encima esquivaba mis ataques por lo que la cadena apenas lograba rozarle un ala, pero nada más.

¡En cuanto Yafar se entere os ablandará el gaznate a base de galletas! —amenazó.

Badra se detuvo un instante en ese momento y cogió de entre la arena una pequeña piedra que lanzó con fuerza (y una puntería más que excelente) contra el loro, que cayó contra el suelo como un plomo.

¡Ahora! —gritó la mujer.

En ese momento pude darle un buen golpe al aturdido loro, que perdió el conocimiento al instante. Pudimos apresar al loro de Yafar sin más dilación y tan solo tuvimos que esperar a que despertase.

¡Soltadme! —demandó tratando de zafarse de las cuerdas—. ¡No me obliguéis a desatar mi furia!

Ni Badra ni yo nos sentimos amenazados, hasta pareció algo cómico.

No lo entendéis, ¡Yafar se ha vuelto loco! ¡Más de lo esa bola de billar haya estado jamás!

¿Qué quieres decir?

Badra colocó el filo de una de sus dagas en su cuello, me acerqué un poco para detenerla si era necesario. Era valioso, no podíamos simplemente matarlo, aún no.

¡Ve conspiraciones por todas partes! ¡Se ha encerrado en una habitación protegida por Alá sabe cuántas barreras! ¡Dice que de un momento a otro van a volar el mundo entero y que tenemos que prepararnos! Quería que me pasara por los alrededores de palacio y viera como estaba la situación. Y, en caso de que fuera accesible, ¡que robara el puñetero diamante azul, que con el seríamos capaces de salvarnos de esta!

¿Un diamante? ¿Qué diamante? —exigí que respondiera. Si se negaba le haría una señal a Badra para que apretase el filo contra el cuello del animal, pero sin llegar a matarle—. Suelta todo lo que sepas sobre ese diamante y de paso dinos como se eliminan las barreras.

En ese instante, utilizaría mi habilidad Miedo para darle más énfasis a mis palabras y que se sintiese verdaderamente intimidado.

Si respondía, me apresuraría a llamar a Lyn y contarle todo lo descubierto hasta aquel momento, además de que le pediría que ella me informase de cualquier novedad que hubiese visto por su lado y le sugeriría reunirnos en el mismo lugar donde nos habíamos separado. También enviaría un mensaje a Saeko:

Saeko, necesito que le preguntes a Yasmín si en palacio tienen un diamante azul en algún lugar. Podría ser importante para detener la plaga.

-Ragun


Tu te vienes con nosotros —diría finalmente agarrando a nuestro prisionero y lanzándole una mirada asesina.
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Re: [Agrabah] El día del Juicio

Notapor Tsuna » Sab Feb 03, 2018 8:03 pm

Saeko estaba convencida de que la aparición del símbolo y el nuevo camino no eran casualidad, y esto cambió por completo su visión de la tumba y la misión, llegando a creer que de verdad los portales y el laberinto eran una trampa y solo unos pocos podían pasar de verdad. Quería transmitirle eso a Yasmín, pero no lo consiguió.

¿Más importante que mi mundo? Ese símbolo podrá tener que ver con la Orden, pero no con Agrabah. Buscamos es el anillo de Salomón. Eso es lo que necesitamos. Y dudo mucho que Kamra u otro portador lo escondiera en un sitio tan reservado.

Yasmín, creo que habría que tener en cuenta el punto de vista de Saeko. Lo dice con la mejor intención, y quizá no perderíamos nada por echarle un vistazo. Los portales no van a desaparecer, pero puede que este camino sí lo haga. Y los demás también están trabajando para ayudar a Agrabah. No tienes que cargar con toda la responsabilidad tú sola. Quién sabe, quizá encontremos algo que nos ayude aunque no tenga nada que ver con el anillo.

La intervención de Genio ayudó bastante a calmar la tensión, bendito fuera, cuando le guiñó un ojo de forma discreta Saeko abrió los ojos con sorpresa por unos momentos, y se sintió aliviada al saber que el Djinn la apoyaba. La determinación de la Caballero para tomar el camino era fuerte, y fue por ello que decidió ponerse seria, mirando con severidad a Yasmín para hacerla entrar en razón, hasta ese momento había seguido la intuición de la princesa, pues ella no conocía tanto Agrabah como su familia real, pero aquel símbolo... lo cambiaba todo. Por supuesto, tampoco iba a llevarla a la fuerza, si Yasmín seguía en sus trece y decidía tomar la ruta del laberinto Saeko se resignaría y la acompañaría, en ambos casos se esforzaría al máximo para garantizar el éxito de la misión.

Lo siento, pero no puedo aceptarlo. La prioridad es poner a salvo mi mundo, como tu intentaste poner el tuyo durante estos cuatro años. Pero si tanto insistís, tú y Genio podéis entrar y a ver que descubrís. Rajah y yo podemos ocuparnos del resto perfectamente. No soy una niña pequeña.

Esas últimas palabras calaron hondo en Saeko, pues llegó a comprender mejor cómo se sentía Yasmín. Al final lo que quería era valerse por sí misma y que no la llevaran de la mano ni la sobreprotegieran, y eso era justamente lo que estaba haciendo con ella. Estuvo a punto de decirle que la iba a acompañar cuando una vibración en el bolsillo la alertó de que tenía un mensaje, era de Ragun:

Saeko, necesito que le preguntes a Yasmín si en palacio tienen un diamante azul en algún lugar. Podría ser importante para detener la plaga.

-Ragun


Espera, Yasmín. Ragun me pregunta si en palacio tenéis un diamante azul, que puede ser importante para detener la plaga. ¿Te suena? —la verdad era que eso de "diamante azul" sonaba demasiado vago, en un palacio como el de Agrabah podía haber decenas, pero no quiso cuestionarlo. Esperó a su respuesta y se la envió a Ragun, luego guardó el móvil otra vez.

Y volvieron al punto inicial, ¿separarse o ir juntos?

¿Y qué hago? ¿Separar la barrera?

Saeko fue a decir que no hacía falta, que irían todos juntos, cuando una enorme bola de fuego impactó contra el Djinn quebrando su barrera. El cuerpo se le tensó al instante al ver quién era el origen del hechizo, su voz, su figura, y esos ojos... lo decían todo. ¿Cuánto tiempo hacía que no se encontraba con Saavedra? Quién sabía, parecía que había pasado una eternidad desde su último encuentro, y allí estaban, enfrentados otra vez.

Vaya, vaya, vaya. ¿A quién tenemos aquí?

¿Es Xihn?

U-Uno de sus ayudantes. Pero ¿cómo es posible? ¡Sólo sangre real puede atravesar la puerta!

La respuesta que dio Andrei casi hizo que Saeko se derrumbara allí mismo.

La próxima vez quizás deberías cerrar la puerta, ¿no crees? Aunque sea para complicarme un poco las cosas.

Su cara lo decía todo, al darse cuenta de aquel fallo tan grande se soltó mil y una maldiciones a sí misma, el gitano tenía toda la razón, solo le había faltado ponerle una alfombra para que al menos pasara con algo de glamour. La frustración y la sensación de peligro volvió a crecer dentro de su pecho, casi como si se ahogara, pero eran ya sentimientos muy familiares a esas alturas y estaba acostumbrada, no se iba a dejar vencer por ellos. Quizá su fallo había estado todo ese tiempo en haber sobrevalorado las capacidades de Xihn, y se iba a asegurar de grabarlo bien en su cabeza.

Tendría que haber ido yo a Reino Encantado, en vez de Karel: me niego a creer que el verdadero peligro esté aquí.

Cerdo. —murmuró por lo bajo sin importarle que Andrei la escuchara.

Tanto Yasmín, como Rajah y Genio se adelantaron, preparándose para luchar contra Saavedra. Saeko también estaba preparada para luchar, ella siempre lo estaba, no le iba a quitar el ojo a la princesa de encima pasara lo que pasara. Pero no se podía decir lo mismo de su enemigo, éste jugueteaba con una de sus cartas como de costumbre hasta que se la lanzó a sus pies. Saeko se alejó unos pasos de esta por instinto, mirándola con detenimiento unos instantes.

Perdona que no te salude como es debido, pero creo que no es el momento ni el lugar. ¿Y si mejor hablamos de negocios? Tengo entendido que buscáis esto...

Saavedra alzó una de sus manos, exhibiendo un gran cristal esmeralda, precioso, majestuoso y brillante como ningún otro. Saltaba a la vista lo que era: el anillo de Salomón. Saeko palideció por un momento, preguntándose cómo demonios aquel maldito siempre terminaba llevando las de ganar. Desde luego, sabía jugar muy pero que muy bien sus cartas.

N-no puede ser... No puedes... Sólo un hechicero o un djinn...

Es un truco. Sé quién eres, Andrei Saavedra. La Maestra Ariasu me habló de ti. Se trata de una ilusión.

¿Una ilusión...?

No sería de extrañar.

¿No me digas? Qué encantador. Todavía se acuerda de mí. Te pediría que le dieras recuerdos de mi parte, pero me temo que no volverás a pisar Tierra de Partida nunca más.

¿Ah, sí? ¿Y tú vas a impedírmelo?

No, no podía permitirlo, daría su vida antes de que eso pasara.

Es lo justo. El anillo se queda en Agrabah, salváis el mundo y derrotáis a ese hechicero que tantos problemas os está dando... y a cambio, la Princesa del Corazón se viene conmigo y con Xihn. —Saeko no se fiaba de nada de lo que decía, pero siguió escuchando—. Vamos, ¿de verdad creéis que a Xihn le puede interesar destruir este nido de ratas? Ya visitó Agrabah en su día, y tengo entendido que le gustó bastante. No puedo ver por qué, pero ¿quién soy yo para cuestionar sus deseos, eh? Agrabah y todos sus habitantes sobrevivirán si su sultana accede a acompañarnos pacíficamente. De lo contrario... Bueno. He visto el estado del desierto. ¿Cuántos días más creéis que va a aguantar este mundo? ¿Uno? ¿Dos?

Andrei bajó de un salto, quedando muy cerca de la princesa. Saeko sujetó con firmeza su Llave, preparada para atacar en cualquier momento.

Yo he apostado por medio día. Karel a que no aguantará hasta la noche. Pero, veréis, todo depende de Xihn.

¿Si todo depende de Xihn por qué te molestas en negociar? Tienes el anillo, Saavedra, puedes barrernos con él.

Ya no era solo el hecho de que hablara de forma despectiva de su otro compañero, Karel, sino que además hablaban de los mundos y sus vidas como si fuesen piezas de ajedrez, pero eso Saeko ya lo sabía muy bien, que esa era la gente a la que estaban enfrentando. Ya no solo sentía profunda rabia hacia ellos, sino también asco. Desvió la vista de Andrei hacia Yasmín, analizando la situación, esta la miraba con seriedad, casi como si le estuviera diciendo... que no se moviera, que dejara la situación en sus manos.

Dale en anillo a Saeko y acabemos con esto.

¡Qué Princesa tan razonable! Xihn ha acertado contigo.

Dáselo. Rajah, quédate aquí. Buen chico...

Saeko se mantuvo expectante en todo momento, preparada para lanzarse a por Andrei y cubrir a Yasmín cuando hiciese falta. El corazón le latía muy rápido, casi como si dar un paso en falso supusiese un gran desastre. Le costó bastante contenerse, pero algo dentro de ella le decía que confiara en Yasmín, y así lo hizo. Fue breve, pero Saeko logró percibir por unos momentos el reflejo de la barrera que todavía cubría a la princesa, y se percató de lo que quería intentar.

Todo tuy...

Spoiler: Mostrar


En el instante que Andrei lanzó el anillo Yasmín invocó un hechizo luminoso que logró cegarlo, seguido de una dolorosa patada en el estómago y un poderoso hechizo de Genio que cubrió toda la zona de humo. Saeko ya estaba preparada, por lo que agarró el anillo frío y pesado entre sus dedos, y percibió cómo Yasmín y el resto se adelantaban hacia una de las rutas: el primer portal del laberinto o el camino del símbolo. Saeko no lo dudó un instante y antes de decidir nada invocó un hechizo Glaciar en la posición en la que había visto a Andrei por última vez, contaba con un radio de cinco metros y con suerte lograría atravesarle alguna pierna o dejarlo herido.

Resultaba imposible saber si el anillo era de verdad una farsa, una ilusión, si Andrei se había molestado en negociar era por algo, no creía que alguien como él quisiese ir por el camino pacifista si podía lograr lo que Xihn buscaba con tanta desesperación. O quizá seguía siendo el mismo cretino de siempre al que le encantaba jugar al gato y al ratón. Fuera como fuese Saeko se puso el anillo en el dedo corazón de su mano izquierda, esperando sentir alguna fuerza mágica recorrer su cuerpo, en el peor de los casos solo confirmaría sus sospechas de que Andrei les estaba mintiendo, pero si contaba con el poder del anillo, que esperaba poder soportar, sería una gran ayuda.

Para comprobarlo, Saeko extendió su brazo con la palma de la mano abierta e intentó provocar una fuerte ráfaga de viento que lo despejara todo, así como intentar aturdir a Andrei. No sabía muy bien cómo funcionaba, solo sabía por las explicaciones de Yasmín y Genio que era un objeto mágico muy poderoso, por lo que quizá pudiese hacer cosas como la que estaba intentando. Si nada sucedía se limitaría a ignorarlo por el momento.

Estaba a punto de empezar a combatir, se encontraba sola pero armada de coraje y determinación. Las palabras de Lyn pasaron por su cabeza de forma fugaz, si tenía que sacrificarse para ganar tiempo lo haría, se propuso confiar en Yasmín desde el principio y eso iba a hacer. Ahora la misión dependía de ella, y contaba con la compañía de Genio y Rajah, ¿no le iría tan mal, verdad?

Vamos Andrei, si quieres a la princesa tendrás que matarme a mí primero. Y me gustaría verte intentándolo.

Lo que sí tenía claro es que si dejaba a Andrei por su cuenta y ella tomaba una ruta equivocada... Iba a lamentarlo, no tendría excusas. Por muy peligroso y suicida que pudiese parecer, esa era la decisión correcta.

Saeko se mantuvo en movimiento, lenta pero preparada para contraatacar si Andrei aparecia desde algún punto cercano, no se iba a dejar atrapar. Avisar a sus compañeros de que estaba enfrentando a Saavedra tampoco era una opción, dudaba siquiera de tener el tiempo suficiente para centrarse en el móvil. Y por supuesto tampoco le iba a quitar la vista a Andrei de encima. Finalmente, bebió un Éter para recuperar la magia que le había costado el hechizo de hielo.

Al menos ella seguía contando con su barrera.

Spoiler: Mostrar
Bien, Saeko hace lo siguiente:

-Lanza un hechizo Glaciar en el punto donde se encontraba Andrei al poco de que se levante la nube de humo, aprovechando esta y el radio de su habilidad para intentar dañarlo.

-Se pone el anillo y prueba a convocar una ráfaga de viento lo suficientemente fuerte como para intentar aturdir a Andrei.

-Se toma un Carbón comestible, que actúa como un Éter.

Glaciar (HM) [Nivel 28] [Afinidad a Hielo; Poder Mágico: 45] Saeko invoca del suelo y en un punto en concreto, que abarca cinco metros de radio, una enorme cantidad de estalagmitas heladas de gran tamaño, elevando en el aire o atravesando a los enemigos que encuentre. Se deshacen de inmediato tras el ataque.
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57. Ferrocustodio I
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