Examen [Simbad]

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Moderadores: Astro, Suzume Mizuno, Denna

Examen [Simbad]

Notapor Denna » Dom Jul 30, 2017 12:17 am

Corrían tiempos difíciles en Tierra de Partida, y los Caballeros apenas tenían un descanso entre la unión de las Órdenes, la mudanza y la acogida de los supervivientes de Ciudad de Paso. Llevaban meses sin oírse buenas noticias; tantos que parecía que éstas hubieran desaparecido para siempre.

¿O puede que no?

Ariasu arrinconó a Simbad sin previo aviso mientras paseaba. Sonrió —se la veía cansada, con ojeras, pero tenía los ojos brillantes de emoción— y no se lo pensó dos veces antes de soltarle el bombazo.

Puede que Simbad fuera consciente de sus progresos, pero ningún Maestro le había avisado antes de que consideraban su ascenso. Ariasu le citó esa misma tarde en la Sala del Trono (¿para qué esperar?), y le advirtió que debía llevar lápiz y goma. Simbad ya podría intentar tirarle de la lengua, que ni ella ni nadie le revelaría más detalles sobre el examen.

Al final, después de largas horas de expectación, llegó el temible momento.

¿Nervioso? ¿Entusiasmado? —inquirió Ariasu al verle llegar. Le guiñó un ojo y echó a andar junto a él, acompañándole hasta un solitario pupitre—. Parece que fue ayer cuando te convertí en mi aprendiz, ¿eh? ¡Tan pequeñito y novato! Y ahora mírate. —La mujer suspiró dramáticamente, pero se repuso enseguida—. Te irá bien. Estás preparado, sólo tienes que estar tranquilo y mantenerte fiel a ti mismo. ¡Eso es muy importante! ¡Haz que me sienta muy orgullosa, cielo!

En la sala sólo se encontraba Ryota. El Maestro estaba sentado en el trono, en silencio, y sólo reaccionó cuando Ariasu se dio la vuelta. Taciturno, se puso en pie y miró a Simbad con severidad. Con un gesto, le invitó a tomar asiento. Sostenía una hoja de papel entre las manos.

El Examen de Maestría consistirá en tres pruebas —explicó sin preámbulos—. Debes superarlas todas para aprobar, y sólo te comunicaremos los resultados cuando termines. Serás supervisado en cada momento, pero está prohibido pedir cualquier tipo de ayuda a nadie, incluida tu Maestra. Estás solo en esto, del mismo modo en que estarás solo a la hora de instruir a tus futuros aprendices y tomar decisiones vitales para la Orden.

Le miró con dureza. Su tono no admitía réplica.

En cuanto Simbad se mostró conforme, Ryota le tendió a Ariasu el papel. Ésta lo leyó con avidez antes de pasárselo a Simbad, con los ojos muy abiertos. Ryota decidió ignorarla y prosiguió:

La primera prueba es teórica. ¿Has traído el material? —Si el chico había olvidado traer algo con que escribir, Ariasu le prestaría un lápiz y una goma con forma de conejito—. Responde las preguntas planteadas a continuación con sinceridad y buena argumentación. Tienes una hora. No podrás hablar ni preguntar nada durante el examen, así que plantea ahora tus dudas, si tienes alguna.

¡Ánimo, que son muy fáciles! —cuchicheó Ariasu.

Los dos esperaron con paciencia a que Simbad pudiera leer la prueba y formulara sus preguntas.

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1. ¿Alguna vez has desobedecido las órdenes de un Maestro? ¿Por qué? ¿En qué situación estabas? ¿Te arrepientes o crees que actuaste como debías?

2. ¿Cuál es tu opinión respecto a la Orden? Como Maestro, ¿qué cambiarías de ella? ¿Por qué?

3. ¿Cuál ha sido la decisión más dura que te has visto obligado a tomar (tanto dentro como fuera de la Orden)? ¿Cómo afrontarías hoy esa situación?

4. ¿Alguna vez has sentido el deseo de matar a alguien? ¿Por qué? Si lo hiciste, ¿sigues pensando que lo merecía? Si no, ¿qué te lo impidió?


Esa era la primera parte de su Examen. ¿Seguro que tenía que contestar a todo con sinceridad? A Ariasu rara vez se le escapaba una, y Ryota... ¿quién sabía cómo reaccionaría si se enteraba de que había mentido? Por otra parte, había preguntas que parecían estar puestas para quedar bien.

Aclaradas las posibles dudas, Ryota volvió a tomar asiento.

Puedes empezar.

Ariasu se dirigió hacia el otro trono, no sin antes levantar los pulgares a modo de ánimo.

Tenía una hora. Tiempo de sobra para cuatro preguntas.

Un momento, ¿cuatro?

Detrás de una pantalla invisible para Simbad, unas frases aparecieron para la persona que estaba detrás de él. Alguien que siempre le acompañaba, desde el momento en que nació hasta ese preciso instante.

Spoiler: Mostrar
5. Piensa en algún momento en el que Simbad tuvo que asumir el papel de líder. ¿Cómo actuó y por qué? ¿Se siente cómodo con la responsabilidad?

6. Piensa en algún momento en el que Simbad tuvo que hacer un sacrificio. ¿Fue por un bien mayor? ¿Mereció la pena? ¿Volvería a actuar igual?

7. Piensa en un algún momento, al terminar una misión o un evento (trama, global, encuentro), en el que Simbad no estuviera satisfecho con los resultados obtenidos. Si pudiera cambiar una sola cosa que haya hecho o dicho en ese tema, ¿cuál crees que sería? ¿Por qué?

8. Piensa en algún momento en el que Simbad obtuvo una victoria. ¿Cómo se sintió al respecto? ¿Era merecida? ¿Aportó algo a alguien o sólo a sí mismo?


Habían recorrido un largo camino juntos. ¿Cómo iba a ser de otra manera?

¡Bienvenida a tu Examen de Graduación de Maestría!

No te pongas nerviosa, aquí no hay fechas límite y es un tema como cualquier otro. Llevas roleando mucho tiempo con Simbad, actúa como él lo haría y revisa bien las faltas y los codes de tus posts, que eso sigue contando para la nota.

Esta primera prueba sólo dura una ronda. Las preguntas 1-4 las tiene que responder Simbad on-rol, mientras que de la 5 a la 8 son para ti, off-rol y en un spoiler (fíjate en los otros exámenes, si quieres). No hace falta que me des pruebas sobre la veracidad de las respuestas de Simbad; por poder, puedes mentir, pero tiene que hacerlo Simbad con sus palabras y tú con las tuyas.

Las preguntas que tengáis tanto tú como Simbad me las puedes hacer a mí por privado para aligerar el ritmo, y luego puedes transcribirlas en el post si quieres.

¡Buena suerte! Recuerda que la primera prueba sólo durará una ronda, la segunda se extenderá a varias y la tercera volverá a ser de una ronda.
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Re: Examen [Simbad]

Notapor xXOrbOOkXx » Dom Jul 30, 2017 7:38 pm

Spoiler: Mostrar


¿Nervioso? ¿Entusiasmado?

No respondí. No sabía qué responderle. Le seguí como ensimismado, metido en mis propios pensamientos.

Parece que fue ayer cuando te convertí en mi aprendiz, ¿eh? ¡Tan pequeñito y novato! Y ahora mírate. —Soltó un dramático suspiro. No pude evitar sonreír—. Te irá bien. Estás preparado, sólo tienes que estar tranquilo y mantenerte fiel a ti mismo. ¡Eso es muy importante! ¡Haz que me sienta muy orgullosa, cielo!

Tuve la gran tentación de abrazar a Ariasu. No lo hice por respeto, al fin y al cabo seguía siendo mi Maestra, pero creo que si lo hubiera hecho no le hubiese importado. Habían sido largos años bajo sus entrenamientos, bajo sus órdenes, bajo su mandato, y no me arrepentía de nada. Ella me había enseñado todo lo que sabía, me había convertido en el hombre que era, y me había abierto las puertas de aquel mundo.

Gracias, Maestra. —Le coloqué una mano en el hombro, como muestra de apoyo y cariño. Seguía teniendo ojeras y la mirada vaída. Eran tiempos difíciles, tiempos terribles—. Yo... No sé que hubiera hecho sin ti.

Aquella noche había soñado con Ciudad de Paso. No era algo extraño. Aquellos recuerdos se entremezclaban con los del Mundo Inexistente, creando una serie de pesadillas que no me dejaban vivir. Eran los remordimientos. Había intentado convencerme a mí mismo, había pensado evitar en el tema, pero no podía evadirme de mis responsabilidades. Las responsabilidades de un Caballero.

Por eso, cuando me enteré de lo que estaba sucediendo en la Cité, no pude evitar explotar de ira. Afortunadamente nadie me vio, y pude dar rienda suelta a todo el estrés, la incertidumbre y la tristeza que me invadió. Llevaba meses reprimiéndome, y soltarlo todo me dejó las cosas claras. La situación era delicada, muy delicada, puede que la peor posible, y no podía dar la espalda a la Orden. Ya no podía. Tenía que tragarme mi orgullo, mi miedo, mi disconformidad hacia Tierra de Partida (echaba mucho de menos a Bastión Hueco) y luchar. Luchar...

Tenía que volver a la Cité. Empezar por allí y enlazar con el resto de mundos. No podía, no podíamos dejar que cayeran los mundos a merced de Xihn. Apreté los dientes y cerré los ojos. Se acabó. Un hombre como yo sabe lo que debe de hacer. Ya no tenía a nadie por quien vivir, ya no tenía excusas para evadir la batalla. Era hora de madurar. Seguía sin ser un héroe, ¿pero a quién le importaba? Por una vez me alegré darme cuenta de que mis objetivos coincidían con los de la Orden. Por una vez me sentí de verdad como un Caballero de la Llave Espada.

Habíamos llegado a la sala del trono. Ryota era el único presente. Me extrañó no ver a Nithael por ninguna parte, y aquello me alivió. Había algo en su poder, algo en su presencia que me ponía los pelos como escarpias. Nunca había tenido ningún problema con los Maestros, pero sin duda él era la excepción. Me reventaba por dentro. No solo quería desobedecer sus órdenes sin motivo, sino que en los últimos meses había contemplado la posibilidad de hacerle dommage. Y eso no me lo podía permitir. Primero porque Nithael era una criatura poderosa, segundo porque estaba de nuestra parte, tercero no tenía ningún motivo para desconfiar de él y cuarto, había demostrado ser un buen líder hasta ahora. Había estado investigando sobre eso, y tenía varias teorías al respecto, pero ninguna fructífera. Por ahora solo podía tragarme la tirria que le tenía.

El Examen de Maestría consistirá en tres pruebas.

La realidad me golpeó como un puño. Iba a convertirme en Maestro. Iba a ser juzgado como un hombre, no como un niño. Tendría Aprendices a mi cargo, y de mí dependería su supervivencia y conocimientos. De repente Ryota me pareció mucho más severo de lo que en realidad era, una cualidad quizás acentuada por los nervios que de repente sentía, o quizás por la dura pérdida que también había afrontado Tierra de Partida. ¿Qué pensaría de mí? Había huido en Ciudad de Paso, y quizás por ello ahora Ronin estaba muerto. Suspiré pesadamente. No podía flaquear.

Debes superarlas todas para aprobar, y sólo te comunicaremos los resultados cuando termines. Serás supervisado en cada momento, pero está prohibido pedir cualquier tipo de ayuda a nadie, incluida tu Maestra. Estás solo en esto, del mismo modo en que estarás solo a la hora de instruir a tus futuros aprendices y tomar decisiones vitales para la Orden.

Asentí. El Maestro le pasó el examen a Ariasu, y esta lo leyó con los ojos muy abiertos. Mierda, ¿tan difícil era? Me habían avisado aquella misma mañana, ¿no podrían haberme dejado unos días para estudiar? Me golpeé mentalmente. No. Podía. Flaquear.

La primera prueba es teórica. ¿Has traído el material? —Afortunadamente Ariasu me prestó una goma, bastante original por cierto—. . Responde las preguntas planteadas a continuación con sinceridad y buena argumentación. Tienes una hora. No podrás hablar ni preguntar nada durante el examen, así que plantea ahora tus dudas, si tienes alguna.

Con sinceridad. Tragué pesadamente. Siempre me habían gustado las mentiras. Eran fáciles, eran simples y sobre todo eran útiles. Pero allí no me servían. Por otra parte sabía que podía ser completamente sincero, que me juzgarían con justicia, y eso me relajó. Miré a Ariasu, había levantado los pulgares. Le sonreí de vuelta y me concentré en las preguntas.

Desgraciadamente aquello era más fácil decirlo que hacerlo.

Al instante estuve rememorando cosas que creí perdidas en mi memoria, cosas a las que no había dado vueltas. En pocos minutos tenía escritos cuatro folios en sucio sobre mis caóticos pensamientos, vivencias y emociones. Para cuando me di cuenta ya habían pasado veinte minutos. Lo taché todo, me relajé y pensé de nuevo. Entonces, con la letra más pulcra que tenía, comencé a escribir las respuestas.

1. ¿Alguna vez has desobedecido las órdenes de un Maestro? ¿Por qué? ¿En qué situación estabas? ¿Te arrepientes o crees que actuaste como debías?


Me sorprendió darme cuenta de que no. Nunca había desobedecido las órdenes de un Maestro, ni siquiera de Nithael. Me di cuenta de lo que confiaba en su criterio, de lo que dependía de sus decisiones. A partir de ese momento tendría que ponerme firme, pensar con cabeza y actuar pensando en las consecuencias. Sin embargo, eso no significaba que no pudiera desobedecer las órdenes en el futuro. Al fin y al cabo, yo también tenía criterio. Un criterio algo retorcido, eso sí.

4. ¿Alguna vez has sentido el deseo de matar a alguien? ¿Por qué? Si lo hiciste, ¿sigues pensando que lo merecía? Si no, ¿qué te lo impidió?


Me temblaron las manos. Recordé a Myriddin y a su asesino. Aquella vez Aaron había demostrado de lo que era capaz. Solía pensar que no era un asesino, pero esos tiempos quedaban muy atrás, antes de abrir los ojos.
Pero por otro lado, había alguien que...

Llegué a la casa del doctor. Golpeé la puerta con todas mis fuerzas, gritando de pura desesperación mientras la lluvia caía y caía, mezclándose con la sal de mis lágrimas.

—¡Ayuda, por favor! —grité con todas mis fuerzas—. ¡Se está muriendo! ¡Ayuda!

Me abrió el ama de llaves. Era una mujer enjuta, de rostro achatado y cara de mal humor. Tan pronto como hubo visto mi rostro moreno, mi pendiente y mi ropa andrajosa...

—¡Largo de aquí, gitano!

Y cerró de un portazo. Me quedé en medio de la noche, parado en frente de una puerta que no llevaba a ninguna parte y con mi hermana en la espalda. Un trueno resonó en la lejanía.


El recuerdo estaba borroso, pero recordaba a aquella mujer, casi como en un sueño. Y después de eso solo lluvia. Hacía mucho que no pensaba en la muerte de mi hermana pequeña. Muchísimo. Pero el recuerdo me asaltó como una vieja espina, una vieja herida cicatrizada. Casi partí el lápiz. Después de eso no recordaba nada hasta que conocí a Gédéon. Supongo que en esos tres años no hice nada especial, o estaba demasiado afectado como para grabar el dolor.

Las otras preguntas también me pusieron contra las cuerdas. Eran difíciles a su manera, retorcidas incluso, pero era lo que había que hacer. Miré la hora: treinta minutos.

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1. ¿Alguna vez has desobedecido las órdenes de un Maestro? ¿Por qué? ¿En qué situación estabas? ¿Te arrepientes o crees que actuaste como debías?

No he desobedecido a un Maestro nunca, y si lo he hecho no lo recuerdo o no era algo serio. Pero sí me arrepiento de una cosa. Cuando cayó Ciudad de Paso me rendí. Lo dejé todo y obedecí la orden de retirada de Ragun. Y no le he dado importancia hasta esta mañana, cuando Ariasu me ha dicho que me presentaría a este examen, algo tremendamente miserable. Me he dado cuenta que tuve que desobedecer en aquel entonces, como todo el mundo hizo; que tenía que haber seguido un criterio suicida.

2. ¿Cuál es tu opinión respecto a la Orden? Como Maestro, ¿qué cambiarías de ella? ¿Por qué?

Es muy duro estar aquí, pero también somos los únicos que podemos defender el Intersticio. Pero creo que inevitablemente ha perdido fuerza. Cada vez somos menos, y en una situación tan crítica lo que nos hace falta son personas dispuestas a luchar. Reuniría a todo el mundo dispuesto a pelear, portador o no.

3. ¿Cuál ha sido la decisión más dura que te has visto obligado a tomar (tanto dentro como fuera de la Orden)? ¿Cómo afrontarías hoy esa situación?

Unirme a la Orden. Tuve que dejar todo lo que conocía atrás y adentrarme en un mundo completamente nuevo. No estoy seguro de cómo la afrontaría a día de hoy. Supongo que de forma similar, puesto que cada vez estoy más dispuesto a afrontar peores peligros, y me he acostumbrado a vivir en la incertidumbre.

4. ¿Alguna vez has sentido el deseo de matar a alguien? ¿Por qué? Si lo hiciste, ¿sigues pensando que lo merecía? Si no, ¿qué te lo impidió?

A Xhin. Demostró el daño que era capaz de hacer, y toda su maldad, su... Todo el odio que tenía dentro. No se lo merecía, se lo merece, se merece pudrirse en un ataúd. No pude matarlo, no era lo suficientemente fuerte. Ni ahora tampoco. Pero... aún así hubo alguien más. Era una mujer. Se negó a ayudarme cuando mi hermana pequeña agonizaba.
En ese momento supe que merecía morir. A pesar de todo, a pesar de que si nos acogía puede que la Inquisición le hubiese condenado. No sé que fue de ella.


Conforme iba respondiendo, más tranquilidad me invadía. Era como si poco apoco se me fuera quitando un gran peso de encima. Las respuestas eran cortas, pero concisas. Esperé que no me lo tuvieran mucho en cuenta.

Pasó la hora. Entregué el examen con gesto serio y la mente clara. Aún así estaba inquieto, como si hubieran unas preguntas que no había visto...


****



Mientras tanto, en otro universo, quizás en uno paralelo, una adolescente tecleaba con pasión estas letras. Ignoraba el calor lo que mejor sabía, y a la vez, se cagaba en todo lo cagable por tener que calentarse tanto la cabeza en pleno julio.

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5. Piensa en algún momento en el que Simbad tuvo que asumir el papel de líder. ¿Cómo actuó y por qué? ¿Se siente cómodo con la responsabilidad?

Port Royal, los muertos no cuentan cuentos. Asumió el papel de líder a duras penas, con el equipo que tenía: Lastic y Adam. El primero era novatillo y el segundo, bueno... iba demasiado a su bola. Sin embargo no se impuso, más bien fue por su lado y daba órdenes camufladas en sugerencias, porque no sabía si tomar el papel de líder directamente o dejárselo a alguien más competente. Esta faceta se va distorsionando poco a poco, tomando cada vez más confianza en sus actos.

Sin embargo eso no quiere decir que no sepa asumir su papel. Sabe perfectamente cuando tiene que cederle el control a alguien, y cuando tiene que asumir una responsabilidad. Me alegra decir que no es un tirano, que no tomará el control por la fuerza, a menos que no haya nadie que ocupe el puesto. Ahí está la clave: Simbad no dudará en expresar lo que debería hacer el grupo siguiendo su razón, pero estará abierto a mejores ideas.

Cuando tiene gente a su cargo, cuando ya ha asumido el papel de líder de una forma consciente es otra cosa distinta. No dudará, y protegerá a sus aliados por encima de todo; incluso por encima de sí mismo y de sus intereses. Y algo más que curioso: según la situación puede llegar a ser inflexible en sus decisiones.

6. Piensa en algún momento en el que Simbad tuvo que hacer un sacrificio. ¿Fue por un bien mayor? ¿Mereció la pena? ¿Volvería a actuar igual?

Simbad... es un personaje egoísta; o al menos lo ha sido en todo el tiempo que lleva en la Orden. ¿Sacrificios? No. Ha dedicado tiempo a la Orden, dedicará su vida a ella y daría la vida por ella; pero es un caso muy hipotético y tendría que ser en una situación muy concreta.

Se me ocurren cosas sueltas: la vez que mató a Frollo. Para ello tuvo que sacrificar su propio cuerpo y lanzarse a las llamas, con todas sus consecuencias; sin embargo inconscientemente Simbad sabía que no moriría o perdería algún miembro, que tenía a Hana al otro lado de la puerta para curarle. En el Evento Global, se supone que sacrificaba la oportunidad de pelear contra Aaron por ir a por la Llave de su ruta, y a cambio descubrió información. Esto sería válido si no fuera porque Simbad no quería pelear contra Aaron porque era demasiado cobarde, y buscaba una excusa para no inculparse. Hay pequeños detalles como ese por todas partes on-rol, pero ninguno es válido para mí.

Lo más gordo puede que fuera en un pasaje de su pasado. Sacrificó la vida de sus padres por salvar la suya y la de su hermana, aunque de forma indirecta. Las circunstancias exactas son bastante enrevesadas y complejas, y tampoco hace falta entrar en detalles. Como veis esto no atiende a un bien mayor, sino a su propia vida y la de su hermana. ¿Haría lo mismo ahora? No, simplemente porque tiene los medios para evitarlo, porque ha ido evolucionando poco a poco y porque en el momento en el que pasó no era más que un niño.

7. Piensa en un algún momento, al terminar una misión o un evento (trama, global, encuentro), en el que Simbad no estuviera satisfecho con los resultados obtenidos. Si pudiera cambiar una sola cosa que haya hecho o dicho en ese tema, ¿cuál crees que sería? ¿Por qué?

Castillo de Bestia. Solos entre lobos (Primer encuentro - Saga Délaissé). Simbad sabía que se había enamorado de Jeanne y lo se lo negó a sí mismo. Con el tiempo se dio cuenta de que tenía que habérselo dicho, o por lo menos haberlo aceptado.
Ciudad de Paso. The Game Never Ends. Cuando le preguntó a Saavedra por qué le dejó un reloj a Yerai, Andrei permaneció en silencio. Esto le fastidió de sobremanera. Si Simbad hubiera sabido su posterior reacción puede que hubiera insistido un poco más.
Evento Global El principio del fin. Este tema lo he abordado mil veces en este post, pero sí. Simbad se arrepiente totalmente de no haberse quedado a luchar.
Evento Global. Ruta de los perdidos. Rompió el espejo de sus propios reflejos, y debido a ello sometieron a todo su equipo a un juicio. Simbad no se arrepintió, pero sí le fastidió que juzgaran a todo el mundo cuando la idea había sido suya. Seguramente se lo hubiera pensado mucho antes de tomar una decisión tan precipitada.

8. Piensa en algún momento en el que Simbad obtuvo una victoria. ¿Cómo se sintió al respecto? ¿Era merecida? ¿Aportó algo a alguien o sólo a sí mismo?

Cuando mata a Frollo con ayuda de Hana. No solo se sintió realizado, sino que también satisfecho consigo mismo. Había estado esforzándose al máximo por aquella misión, así que desde mi punto de vista sí, se lo merecía. Supongo que aportó la paz a París, o al menos libró un gran yugo de su pueblo.
~Un cuarto de hora de risa, equivale a un año más de vida...~


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Tercera Saga:

Prólogo de Simbad
"Bastión Hueco" Choque de culturas (Encuentro)
"Bastión Hueco" Novatos bajo la lluvia (Primer encuentro - Saga Novatos)
"Tierras del Reino" El nacimiento de un príncipe (Trama)
"Islas del Destino" ¡Buscad a mi perro! (Misión)
"Castillo de Bestia" Solos entre lobos (Primer encuentro - Saga Délaissé)
"La Cité des Cloches" Los miserables (Encuentro)
"Villa Crepúsculo" Una visita guiada (Encuentro)
"Selva Profunda" Día de monos (Encuentro)
"Port Royal" Los muertos no cuentan cuentos (Trama)
"Tierra de Dragones" Linda Flor (Misión)
"Bastión Hueco" Novatos bajo el amanecer (Segundo encuentro - Saga Novatos)
"Ciudad de Paso" Lo que vale la pena (Encuentro)
"Ciudad de Paso" The Game Never Ends (Trama)
"Torre de los Misterios" Orden en la Biblioteca (Misión)
"Evento Global" El esclavo del olvido
"Evento Global" Ruta de los perdidos

Evento Halloween 2014
"Especial libre" El laberinto de los corazones
"Especial libre" San Valentín III
"Islas del Destino" Yincana veraniega
"Evento libre" La Mansión Encantada II: La Venganza

Cuarta Saga:


"Ciudad Inexistente" Dos velas para el diablo (Encuentro)
"Port Royal" De copas con la muerte (Encuentro)
"Bastión Hueco" De magdalenas y vicios franceses (Encuentro)
"La Cité des Cloches" Insomnia (Primer encuentro - Saga La Musique du Silence)
"La Cité des Cloches" Somnia (Segundo encuentro - Saga La musique du Silence)
-"Port Royal" El barco que desaparece en la niebla (Misión)
"Tierras del Reino" Donde duermen los gigantes (Trama)
"País de los Mosqueteros" Todos Para Uno (Trama)
"Ciudad de Paso" Un nuevo Crepúsculo (Trama)
"Ciudad de Halloween" El ataque de Boogieman (Trama)
"La Cité des Clochés" Fuego Infernal (Trama)
"Espacio Profundo" Planta 313 (Encuentro)
"Mundo Inexistente" Pasajes Oscuros (Trama)
"Tierra de Partida" Penúltima Parada (Encuentro)
"Evento Global" El principio del fin
-Bod.

"Especial libre" El laberinto de los corazones II: Escape
"Especial libre" World War Christmas
"Especial libre" El San Valentín está aquí
"Especial libre" ¡Exámenes finales
"Especial libre" La inocencia perdida
"Especial libre" Misión: Salvar la Navidad

Timeskip (Finales 1013-1017)

-?¿ Ma
"Tierra de Partida" Examen de Maestría (30 Diciembre 1013)
"Jardines de Tierra de Partida" Doomsnight (Libre) (31 Diciembre 2013)
"País de las Maravillas" El último regalo (Minitrama) (Julio 1014)
"Jardines de Tierra de Partida" El Regreso (Libre) (Finales de Marzo de 1017)

Saga final:

"La Cité des Clochés" Santuario (Trama)
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Re: Examen [Simbad]

Notapor Denna » Mié Ago 02, 2017 12:21 am

Ryota, que había estado ojeando unos informes mientras Simbad respondía, levantó la mirada y recogió el examen.

Bien. La segunda prueba es sencilla: tu misión es traernos algo que represente la Orden. Piensa en todos los mundos que has visitado durante tu aprendizaje. En todo lo que has vivido. Los lugares que has visto, las... personas a las que has conocido... —Ariasu sonrió y asintió con vehemencia a su lado—. ¿Por qué quieres convertirte en Maestro? ¿Qué te hace sentir que eres apto para el título? Puede tratarse de un objeto, de algo simbólico, una prueba de tu desarrollo... Las posibilidades son infinitas.

Puedes ir a cualquier parte, pero ten cuidado con lo que hagas —señaló Ariasu.

El Maestro asintió.

Tienes seis horas para regresar. Llegar tarde significará el suspenso de esta prueba y, por tanto, del Examen. También está prohibido pedir ayuda a otros aprendices aunque, por supuesto, sí que podrás hablar con personas ajenas a la Orden si lo necesitas.

»¿Alguna duda? En cuanto salgas de esta sala, no podrás volver atrás para preguntarnos nada.


Una vez la prueba estuvo aclarada, Ryota le invitó a marcharse y se sentó otra vez para leer las preguntas de Simbad. El chico no podría observar ninguna reacción en él antes de irse, en parte porque Ariasu lo agarró por el brazo y lo acompañó hacia la puerta.

Me encantaría ir contigo —esta es la parte más divertida siempre— pero, por desgracia, no puedo. Pásatelo muy bien por los dos, ¿vale? —Se despidió con la mano—. Y no, no pienso abrirte un portal a ninguna parte. ¡Hasta dentro de unas horitas!

Y cerró las puertas.

Seis horas para encontrar algo que representara la Orden. Fácil, ¿no? Por suerte, examinarse a finales de 1013 le dejaba un amplio abanico de mundos a los que visitar...

¡Hora de ser creativa! Lo del amplio abanico de mundos va en serio, puedes ir a cualquiera y... bueno, hacer lo que quieras. Si todavía no lo tienes muy claro, en esta ronda bastará con poner adónde va Simbad y con qué intención (¿va a hablar con alguien? ¿A pasear? ¿A hacer cosas de Simbad por ahí?); el único límite son los personajes de otros jugadores. Los NPC’s corren a mi cargo.

Las seis horas se traducen en seis rondas. Terminar antes no te descontará nada, no te preocupes, así que a darlo todo.
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Re: Examen [Simbad]

Notapor xXOrbOOkXx » Dom Ago 06, 2017 10:01 pm

Bien. La segunda prueba es sencilla: tu misión es traernos algo que represente la Orden. Piensa en todos los mundos que has visitado durante tu aprendizaje. En todo lo que has vivido. Los lugares que has visto, las... personas a las que has conocido... —ennumeró. Ariasu asintió con energía—. ¿Por qué quieres convertirte en Maestro? ¿Qué te hace sentir que eres apto para el título? Puede tratarse de un objeto, de algo simbólico, una prueba de tu desarrollo... Las posibilidades son infinitas.

Fue como si me tiraran un cubo de agua fría a la cabeza. ¿Qué por qué quería convertirme en Maestro? Pues para evolucionar, para obtener más conocimiento, más poder. Si no gente como Xhin haría lo que le diese la gana. Suspiré pesadamente y me llevé una mano a la frente. Estaba sudando.

Puedes ir a cualquier parte, pero ten cuidado con lo que hagas —increpó la Maestra. Asentí dudoso.

Tienes seis horas para regresar. Llegar tarde significará el suspenso de esta prueba y, por tanto, del Examen. También está prohibido pedir ayuda a otros aprendices aunque, por supuesto, sí que podrás hablar con personas ajenas a la Orden si lo necesitas.

»¿Alguna duda? En cuanto salgas de esta sala, no podrás volver atrás para preguntarnos nada.


No tenía ninguna duda, o más bien no tenía ganas de preguntar nada. Ya me estaba calentando la cabeza y ni siquiera había comenzado todavía. Y tener seis horas… Seis horas era demasiado poco. ¿O quizás demasiado? Ya no sabía qué pensar. Sabía que tenía que traerles algo consistente, pero el discurso de “protegeré a todos y todos” estaría muy visto, y además se suponía que lo tenía que sentir de corazón. Suspiré pesadamente, me estaba mareando.

Antes de darme cuenta, Ariasu me arrastró a la puerta. Parloteaba animadamente, como si fuese una nimiedad. Era eso. Solo me faltaba inspiración. Ryota solo me había pedido una canción, algo simple pero que requería de esfuerzo y dedicación. Solo tenía que hallar el lugar donde encontrarla.

Me encantaría ir contigo —aseguró Ariasu—. Pero, por desgracia, no puedo. Pásatelo muy bien por los dos, ¿vale? Y no, no pienso abrirte un portal a ninguna parte. ¡Hasta dentro de unas horitas!

Bueno, pues estaba solo. Cerró las puertas del gran salón. Cerré los ojos con pesadez y me senté en una escalinata cercana.

Pensé. Nunca me habían hablado de aquella prueba ni del examen en sí, pero estaba claro que las cosas no iban a ser fáciles. Para nada fáciles. Me sorprendí a mí mismo pesaroso, taciturno. Aprobar ese examen significaba serle fiel a la Orden. Para siempre. No era un secreto que los desertores se quedaban sin el título de Maestro.

Invoqué mi Llave. Era liviana, roja. Era parte de mi alma. Recordé el día en que Ariasu me la había dado. Y todo había comenzado por Yerai. Sonreí un poco al recordar a aquel pícaro muchachito, y me pregunté si estaba bien. Si todavía conservaba aquel reloj. Parpadeé. El reloj de Andrei. Sería un objeto perfecto para entregarles, una prueba suficiente de tener poderosos contactos. Pero las posibilidades de encontrar a Yerai eran escasas. Apreté los dientes. Se estaba cociendo algo muy gordo en París, y todo el mundo lo sabía.

Miré a la Llave. Ella era todo lo que ser un Caballero implicaba. Cuando moríamos solo quedaba eso y los recuerdos. Podía pedir a un orfebre que me hiciera una réplica en cobre, aunque no era estúpido: solo tenía seis horas. Ni siquiera Raphaël conocería a un orfebre tan bueno. Revolví la cabeza. Encontrar al noble también sería imposible, y tampoco quería pedirle un favor… Todavía. Nunca olvidaría el beso, pero tampoco que Raphaël nos debía gratitud por haber salvado París, tanto a mí como a Hana; a la que no veía desde aquella misión.

Me puse de pie como un resorte. Todos los caminos llevaban a la Cité. Al fin y al cabo era mi mundo natal, y no se me ocurría mejor sitio para encontrar inspiración.

La inspiración para las buenas canciones.

*****


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Fue rápido. No me detuve en la ciudad ni en sus inmediaciones porque no había venido como un Caballero. Me dirigí directamente a cierta casa bajo un puente, una casa tan bien camuflada que todavía seguía allí. Había sido nuestro refugio, el de Gédeon y yo, y el río había visto partes de mi vida que ni yo me atrevía a recordar.

Pronto me invadió la nostalgia, el olor a especias y el calor del verano, a pesar de estar en diciembre. Me vi mirando la fachada de la casa como embobado, como recordando viejos tiempos. La madera seguía del mismo color, la humedad era patente. El tragaluz seguía conservando todos los cristales y la puerta seguía cerrada. Había pasado mucho tiempo, pero el miedo que me atenazaba cada vez que intentaba volver había desaparecido por completo. Qué delicia.

Entré. Al instante me di cuenta de que Gédéon seguía viviendo por allí, y que le iba bastante bien. Había adquirido nuevos muebles, una alfombra y había construido una pequeña despensa que no dudé en revisar. Me alegré por él. Si necesitaba alguna prueba de que yo era un lastre para su vida, era aque…

¡DANG!

Caí al suelo. El golpe había sido directamente en la cabeza, así que tardé varios segundos en procesar qué había pasado. Cuando lo hice no me lo pensé. Invoqué la Llave, me levanté de un salto y la empuñé directamente. Pero algo me frenó.

Un abrazo. Me quedé anonadado, sin saber qué decir. Sin saber cómo reaccionar.

Cuando se separó vi una mirada azul y un cabello rubio pajizo. Estaba recogido en una coleta bajo un sombrero con pluma. Se le notaba más sano, y me percaté de que la ropa era de buena calidad, aunque modesta. Llevaba un palo en una mano enguantada, probablemente con lo que me había atizado. No me pude creer que Gédéon siguiese allí. En el fondo, muy en el fondo, me había esperado no encontrarle.

Oh, joder. Joder, Simbad. —Me zarandeó, eufórico—. No puedo creer que estés vivo.

Balbuceé, sin saber qué decir.

Me… ¿¡Me has pegado!?

Eh, eh, eh. —Meneó el dedo índice en negación—. Pensaba que eras un ladrón, y no me he equivocado.

Unos segundos de silencio. No pude evitar reírme. Gédéon me acompañó. Nos abrazamos de nuevo. Era mi socio y mi mejor amigo, al fin y al cabo. Y lo mejor de todo: él no había cambiado nada. Me invadió la culpabilidad por un momento. Nos volvimos a separar, con una sonrisa tonta en la cara.

Bueno, ¿y qué tal por la Orden?

Bien —Me encogí de hombros—. Estoy aquí por un examen y…

Un momento. Solo. Un. Momento. Entré en pánico, comencé respirar a una gran velocidad. al borde de un ataque de ansiedad. No me digas que...

¡¿CÓMO SABES LO DE LA ORDEN?!

Tranquilo. No lo sabe nadie más —aseguró. Anduvo hasta la puerta y la cerró, y después se sentó en una silla—. La semana que te fuiste tenías un libro en tu poder. Intentaste esconderlo, pero igualmente lo descubrí.

“La leyenda de los Caballeros”, el tomo que me había dado Ariasu antes de marchar. Me golpeé mentalmente. Era solo cuestión de suerte que Gédéon le descubriera. Suspiré pesadamente.

¿Por qué no me dijiste nada?

Un hombre tiene que tomar sus propias decisiones —Se encogió de hombros—. Y sabía que no te ibas a quedar. Tú siempre has sido un hombre de aventuras, Simbad, por mucho que intentes negarlo.

Gédéon, si alguien se entera...

Te matarán, lo sé. —A pesar de que el ambiente era distendido, su tono se había vuelto serio. Su expresión también—. No sé en qué andas metido exactamente, pero ya eres mayorcito. Ya te salvé el culo aquella boda, pero creo que te puedes apañar.

¿Boda? —Y caí. Había sido hacía milenios, pero alguien me había lanzado un cubo de agua cuando estaba borracho, a punto de casarme con Freya. Casi cometí el peor error de mi vida—. ¿Fuiste tú? ¿En serio?

Sí, y por cierto. —Una sorisa pícara adornó sus labios—. Era muy guapa la señorita, aunque un poco joven, ¿no crees?

Era mi hermana, Gédéon. Mi hermana. —Gédéon sabía que tenía por costumbre considerar hermanos a personas muy importantes hacia mí, pero aún así compuso una mueca—. ¡Estábamos borrachos!

Como sea. —me interrumpió—. Vosotros y las tradiciones —resopló—. Dime, ¿qué te trae por aquí?

Mierda. El Examen. Miré el soleil, todavía despuntante. Me quedaba poco tiempo.

He venido a investigar. Necesito un objeto que demuestre por qué soy parte de la Orden —resumí. La historia entera sería demasiado larga para explicar solo en seis horas—. Necesito contactar con Yerai.

Hace tiempo que no veo a ese diablillo, parece haberse… esfumado. Ya sabes cómo es. —Se levantó y comenzó a abrir algún que otro cajón, buscando algo—. Además yo estoy ocupado con mi nuevo negocio.

¿Negocio?

Sí, ahora soy un burgués asqueroso; aunque prefiero ir por libre. —Cogió una prenda de un cajón y se acercó con aire conspirador—. Están pasando cosas raras. No sé si serán tus asuntos, pero de todas formas no estoy mucho por aquí, por ahora he oído solo rumores.

Fruncí el ceño. Claro. No podía ser un secreto. Aquello tenía que ser cosa de Xhin, y algo había oído en la Orden, pero ¿de verdad podía ser el asunto tan grave?. Se me encogió el corazón. A Gédéon parecía irle muy bien, y no quería que alguien de sus secuaces me relacionara con él. Sorprendentemente, Gédéon pareció leerme la mente, porque me tendió una capa y un trozo de papel amarillento.

Toma esto. Lo vas a necesitar para ir de incógnito si quieres pasearte por esta ciudad, además la que tienes no tiene mangas.

La capa era gigantesca, mucho más que la verde que tenía. Tenía mangas y todo, y más bien era como un chubasquero de piel. No dudé en aceptar su regalo y ponérmelo. Me quedaba como un guante, y la capucha era amplia y espaciosa, justo como me gustaba. El papel… Era otra cosa.

Gédéon:

Sé que sabes leer, te enseñé cuando estábamos en las calles muertos de frío... y no descarto que tus padres también te enseñaran.

Sabes que no soy muy propicio a las despedidas, por eso, prefiero no decírtelo a la cara. Es algo cobarde, lo sé; pero yo siempre he sido así. Sé cómo estará tu cara mientras lees esto: contraída por un cabreo descomun...


Era la carta. Aquella carta que hacía tanto tiempo le había dado. Cuando le miré, interrogante, mi amigo solo sonrió:

Ten suerte, Simbad. —Asintió como despedida—. Y que el viento sople a tu favor.

Era una de esas despedidas que se daban en las historias, quizás una de las mejores. Abandoné la casa con un buen sabor de boca, aunque con la inquietud carcomiéndome las entrañas. Gédéon había madurado, no lo podía negar, pero la situación en la Orden no era para él. Esa era una carga que tenía que afrontar solo.

Sea como fuere, me ajusté bien la capucha y me interné en la Ciudad. Gédéon había dicho que estaban pasando cosas raras, y Gédéon no era de los que se creían los rumores.

El Examen tendría que esperar.
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Re: Examen [Simbad]

Notapor Denna » Mié Ago 16, 2017 6:13 pm

Sin un rumbo fijo, Simbad vagabundeó por la ciudad. París había cambiado desde su última visita, pero de un modo muy discreto. Era casi imperceptible para alguien que no viviera ahí. Podía notarlo en las calles, en la gente. Se respiraba un ambiente distinto, uno de tensión y de conflicto y, si bien el chico no dio con ninguna cara conocida, notaría como varias personas —gitanas o no—, le miraban con recelo al pasar. Casi con miedo. No tenía pinta de que fuera por la capa.

Todavía no había avanzado más que un par de callejones cuando se topó con dos soldados de la guardia que iban directos hacia él. Llevaban las viseras bajadas, escondiendo así sus rostros, pero el lenguaje corporal habló por sí solo: uno de ellos dio un brinco al verle, y el otro se detuvo en seco. Las espadas se mantuvieron en sus cintos, pero el miedo en los hombres era evidente.

Los guardias empezaron a cuchichear entre ellos, quietos y sin dar muestras de querer acercarse. Evitaron la mirada de Simbad en todo momento. La parte positiva era que no iban a arrestarle. ¿Por qué iban a hacerlo? Nadie les daba ya ese tipo de órdenes. Y eso significaba que, como buen ciudadano, podía acercarse a ellos sin ningún problema y preguntarles lo que quisiera, ya fueran simples indicaciones o indagar sobre el paradero de Yerai.

Sólo había una persona más en esa calle: un mendigo gitano, con la espalda reclinada contra la pared y un viejo sombrero con tres piezas de cobre. Le faltaba el pie izquierdo. En cuanto el hombre, que tendría alrededor de cuarenta años, captó su mirada, sonrió y le hizo una seña para que se acercara, no sin antes exclamar:

¡Una moneda de plata a cambio de mis palabras, muchacho! Rumores, predicciones, historias propias, ¡todo lo que quieras a cambio de una limosna!

¿Sabría ese hombre más que los guardias acerca de Yerai? Al ser gitano, era probable, aunque no tenía por qué haber coincidido nunca con él. Ahora bien, al contrario que los caballeros, no parecía en absoluto incomodado por la presencia de Simbad. Puede que las respuestas que pudiera obtener de él —pagando, claro—, fueran las más sinceras.

También podía salir del callejón e ir a investigar otra zona más concreta. Los dos guardias se interponían entre él y la plaza de la catedral, pero dando un rodeo podría llegar hasta ahí de todas formas, si no quería tentar a la suerte. Por lo demás, tenía toda la ciudad disponible...
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Re: Examen [Simbad]

Notapor xXOrbOOkXx » Jue Ago 17, 2017 1:40 pm

Conforme avanzaba más me daba cuenta de que algo no estaba bien. Era como una sensación tensa, como si alguien me estuviera vigilando muy atentamente. Había salido de muy buen humor de la casa, pero estaba claro que no iba a durar. Sea lo que fuere, era mi deber enterarme de qué pasaba, y ya se trataba de algo personal.

Me calé la capucha. Los viandantes me miraban de reojo y rehuían mi presencia, como si estuvieran asustados. Intenté mantenerme tranquilo ante aquellas miradas inquisidoras y recelosas, pero no pude. Es cierto que de alguna forma estaba acostumbrado a que me miraran mal por mi condición gitana, pero no… De esa forma. Era como si de un momento a otro fuera a apuñalar a alguien. Parecía que después de librar el yugo de Frollo alguien se había impuesto sobre su poder.

Y ya sabía que era Xhin. Estaba completamente seguro, o si no era ella algún otro de sus secuaces. ¿Quizás Verdin? ¿O Dark Light? Se me encogió el corazón. No podía dejar que eso pasara. La Cité ya había sufrido demasiado. Ya no se trataba una pelea de razas, se trataba de una pelea por el mundo. Y lucharía por él.

No pasó mucho hasta que me topé con dos guardias. Estuve a punto de esconderme por puro instinto, pero algo me dejó parado. Se habían asustado ellos. Ellos eran los que tenían miedo. Me dejó tan trastocado que no supe cómo reaccionar.

¡Una moneda de plata a cambio de mis palabras, muchacho! Rumores, predicciones, historias propias, ¡todo lo que quieras a cambio de una limosna!

Había sido un mendigo recostado en una pared. Hizo un gesto para que me acercara y diligentemente me di unos pasos hacia él, aunque algo receloso. Odiaba no saber qué pasaba en todo momento, y me encontraba tan perdido como un niño.

Le lancé la moneda de plata que me pedía, convencido de que la atraparía al vuelo. Sin embargo, estaba nervioso en su presencia. ¿Cómo sabía que no era alguno de los espías de Xhin? Tenía que andarme con ojo.

Necesito información actual, nada de predicciones. —Me agacharía para quedar a su altura, tomando un tono confidencial—. De todo: necesito rumores, experiencias propias y todo lo que me puedas contar. ¿Por qué la gente está tan asustada? ¿Alguien ha venido y ha usurpado el trono? ¿Qué ha pasado últimamente?

Le lanzaría otra moneda.

»También necesito saber si has visto a un chavalín gitano. —O no tan chavalín. Habían pasado varios años, y seguramente habría pegado el estirón—. Es bastante maleducado, y puede que… Alguien le estuviera buscando antes que yo —bajé el tono de voz más todavía—. Otro gitano, vestido de forma extraña y muy raro. Incluso puede que haya mostrado conductas violentas o injurias, como que haga trucos de magia muy logrados.

Si alguien le estaba buscando ese era Andrei. No tenía ni idea de por qué buscaría a Yerai, pero no tenía nada que perder. O sí. Vale, el mendigo podía ser un espía de Xhin y por eso no tenía miedo, pero necesitaba toda la información posible. Además, qué iba a hacer, ¿cortarle la lengua? Espía o no, ese hombre ya estaba suficientemente maltratado por la vida.

Una vez más, le lancé otra moneda, esta vez de oro.

»No hables con nadie de esto, yo no he estado aquí. —Hice un gesto como si me cerrara una cremallera sobre los labios—. No te dejes engañar, da igual lo que te paguen o lo que te prometan. Te matarán de todas formas.

Una vez que me dijera toda la información (o no), le daría otra moneda. Yo también sabía lo que era vivir en la calle.

Imaginaba que no podría conseguir nada de los guardias, así que me escabulliría para ir a la plaza dando un rodeo. No tenía tiempo que perder.

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Una moneda de plata equivaldría a cincuenta platines y una de oro a cien. Para mantener el sentido.

No tengo tiempo que perder. Aunque el mendigo no responda cien por cien igualmente me dirijo a la plaza
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Re: Examen [Simbad]

Notapor Denna » Vie Ago 25, 2017 3:40 am

El hombre enarcó las cejas cuando Simbad se agachó, pero cualquier comentario que se le pasara por la cabeza fue silenciado por el destello de la moneda. El viejo la inspeccionó, desconfiado, pero recuperó enseguida la sonrisa.

Así que información actual, ¿eh, mocoso? Pues estás de suerte. Estas semanas han sido muy movidas. Empezando por el incendio en el palacio real.

Señaló el edificio, detrás de Simbad, con la cabeza.

Sí. Resulta que fue un chaval no mucho mayor que tú. Los rumores dicen de todo: que si demonios blancos, que si el diablo... yo no he visto nada de eso todavía. El caso es que el palacio ardió y el rey está herido. Quizás muerto a estas alturas. Todo eso pasó hace unos —el hombre hizo la cuenta—cuatro o cinco días. ¿Bajo qué piedra has estado? —añadió con curiosidad.

Empezó a juguetear con la moneda entre los dedos, observándole con cierta suspicacia. Pero no la suficiente como para rechazar una segunda moneda.

También necesito saber si has visto a un chavalín gitano. Es bastante maleducado, y puede que… Alguien le estuviera buscando antes que yo. —El hombre acercó la oreja—. Otro gitano, vestido de forma extraña y muy raro. Incluso puede que haya mostrado conductas violentas o injurias, como que haga trucos de magia muy logrados.

¿Una conducta más o menos violenta que la de prender fuego al palacio? —preguntó el mendigo con entusiasmo—. Eres el primero que viene preguntando, que yo sepa. Por otra parte... creo que te refieres al chico de la tienda de antigüedades de la plaza. No el mayor, sino su aprendiz. Para ser de los nuestros es un poco canalla. No sé cómo no le pegan sus padres.

Se encogió de hombros. No confirmaba ni desmentía que fuera Yerai, pero no perdía nada por echar un vistazo. De todos modos, tenía intenciones de ir a la plaza.

El hombre casi se desmayó cuando la moneda de oro cayó en sus manos. Boquiabierto, miró a Simbad y al dinero, preguntándose con toda probabilidad de dónde había salido ese loco.

Pero ¿qué demo...?

No hables con nadie de esto, yo no he estado aquí. No te dejes engañar, da igual lo que te paguen o lo que te prometan. Te matarán de todas formas.

¿Qué dices? ¿Quién quiere matarme? ¡Si ahora es el mejor momento para ser gitano!

* * *


Dar esquinazo a los guardias no le fue difícil —ninguno parecía muy dispuesto a seguirle—, ni encontrar la tienda de antigüedades tampoco. Nadie le salió al encuentro, ni siquiera al entrar en el establecimiento. El dueño no parecía muy preocupado por los ladrones, eso sin duda.

Simbad pudo sentarse a esperar, pero pasaron los minutos y nadie llegaba. También podía curiosear los estantes, aunque no parecía haber nada de gran valor: sólo algún que otro libro polvoriento, instrumentos y cuerdas y piezas de cerámica. La calidad de los productos era más bien dudosa, aunque siempre podía decidirse a comprar algo. Aunque fuera dejando algunas monedas sobre la mesa y llevándoselo.

Sin embargo, entre los objetos se encontraría ni más ni menos que con el reloj de Andrei. Era exactamente igual que la última vez que lo había visto. No podía tratarse de una copia. Estaba dispuesto en el mostrador, olvidado, sin vigilancia y a su completa disposición.

Ninguna regla le prohibía robar el reloj y llevárselo a Tierra de Partida. De hecho, era probable que ni Ryota ni Ariasu le preguntaran cómo lo había conseguido (al margen de sus posibles teorías) en caso de que Simbad no se lo explicara. Si mentía, no tenían forma de probarlo.

No le sería difícil esconderlo y salir de la tienda sin ser visto. Había gente en la plaza pero, por alguna razón —quizás por el bullicio— la gente no le prestaba tanta atención al pasar. Era cuestión de arriesgarse.

Después de todo, el tiempo corría. Y no le convenía dormirse en los laureles.
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Re: Examen [Simbad]

Notapor xXOrbOOkXx » Dom Ago 27, 2017 7:26 pm



El tullido me dio toda la información que necesitaba saber, al menos por el momento. Sus respuestas llenaron mi curiosidad como se llena un estómago, pero en lugar del venado que esperaba, me había inflado a pescado. Pescado con espinas, muchísimas de ellas.

Sí. Resulta que fue un chaval no mucho mayor que tú. Los rumores dicen de todo: que si demonios blancos, que si el diablo... yo no he visto nada de eso todavía. El caso es que el palacio ardió y el rey está herido. Quizás muerto a estas alturas.

Andrei estaba allí. No era muy difícil de deducir, pero había albergado una pequeñísima esperanza de que no fuera así. No estaba al nivel de aquel viejo Maestro, y si estaba en lo cierto, eran muchas las posibilidades de que ya supiera que estaba allí. Y eso era algo que no podía permitir. Me calé un viejo trapo de tela sobre la nariz y la boca, a fin de poder ocultar mi identidad. Si me reconocía se acabó.

Y no había perdido el tiempo, eso desde luego. No solo estaba amedrentando a las gentes de la Cité con Incorpóreos (aquellas criaturas sobre las que tenía gran dominio) sino que ya estaba comenzando su plan para vengarse. Había demostrado ser un ser egoísta y sin sentimientos, y estaba bastante claro lo que pretendía hacer.

Se basaba en una justicia cruel, la misma que le había atenazado a él durante bastantes años seguramente. Había comenzado una matanza contra el rey y la nobleza, la misma gente que permitía la línea tan diferenciada entre pobres y ricos, la misma gente que despreciaba al pueblo gitano. Una parte de mí, lo aprobó. La otra, la que había sido construida a base de duro entrenamiento e ideales quiso detenerlo inmediatamente. No era la forma correcta de hacer las cosas, la venganza nunca devolvería aquellos años de opresión y no traería el repartimiento de riquezas. Si se ganaba la confianza del pueblo gitano y organizaba revueltas París se desmoronaría. Andrei además tendría otros motivos oscuros, era inteligente y trabajaba para Xhin. Lo primero que haría sería buscar el corazón del mundo, de eso estaba muy seguro. ¿Sería capaz de destruir a la tierra que le vio nacer?

Sí. Sin duda. Ya había demostrado que era un ser sin sentimientos repetidas veces.

«Y la Orden no tiene ni idea de esto», pensé con un nudo en la garganta. «Joder. Todo se ha ido al garete en cuatro días. Y el rey, herido. Qué desastre.»

Creo que te refieres al chico de la tienda de antigüedades de la plaza. No el mayor, sino su aprendiz. Para ser de los nuestros es un poco canalla. No sé cómo no le pegan sus padres.

Cuanto más hablaba más empeoraba la situación. Sabía que Yerai estaba a salvo, pero no me servía de nada si no me dirigía directamente hacia Andrei. Estaba decidido a exprimir las pocas horas que me quedaban para averiguar su paradero como mínimo. O el del rey, o el de Raphaël. Me mordí el labio inferior. Si estaba en lo cierto con los planes de Andrei, días aciagos sobrevolaban el Destino de la nobleza.

¿Qué dices? ¿Quién quiere matarme? ¡Si ahora es el mejor momento para ser gitano!

Negué con la cabeza. Andrei estaba inclinando la balanza demasiado, tanto que amenazaba con destruir la esencia del propio mundo, por muy podrida que estuviera. Qué desastre. Qué desastre. Pero... ¿Y si de verdad pudiera cambiarlo? Establecer un mundo justo y... Estuve a punto de darme una bofetada, y si Fátima hubiera estado ahí para escuchar mis pensamientos no se hubiera cortado. Andrei no buscaba la justicia, solo la venganza descontrolada, el caos y la muerte.

¿Bajo qué piedra has estado?


Bajo una muy grande, en forma de castillo, y ya iba siendo hora de salir.

* * *


El reloj estaba allí.

Había llegado a la tienda con muy pocas esperanzas, y recibiendo miradas de desconfianza allí a donde fuese. Era un puesto sencillo y pequeño, atiborrado de estanterías con objetos apilados. Había estado unos minutos esperando por el tendero, pero estaba claro que o no se preocupaba por los ladrones o no le tenía mucho afecto a sus clientes. La inquietud carcomió mi pecho, ¿y si era el propio Andrei que tenía la tienda como tapadera? Sería el colmo, pero frené aquellos pensamientos. Necesitaba sacármelo de la cabeza.

Así que había estado buscando alguna pista que me dijera el paradero de Yerai, y era cuando, entre libros, cuerdas y alguna que otra vela de sebo había encontrado el reloj. Lo cogí con mucho cuidado, casi con mimo, y lo sopesé. No tenía pérdida. Era él. Lo abriría para ver la hora, y si tenía alguna particularidad. ¿Tenía algún componente mágico? ¿Algo en especial? Si no era el caso, lo dejaría en el estante donde lo había encontrado. Si encontraba alguna pista, algún escrito o cualquier cosa, dejaría una bolsita con monedas en su lugar y me lo guardaría.

Podría haberlo robado, pero no sería justo para Yerai. Era su reloj al fin y al cabo, lo único que le quedaba de lo que alguna vez había sido Andrei, y no tenía sentido tampoco si él no quería dármelo. Sin embargo sabía que ese objeto no era el que le daría a Ryota, me lo llevara o no.

¿Hay alguien ahí? —llamaría. Si salía el tendero (y no notaba nada extraño en él) le explicaría mi objetivo—: Busco a su Aprendiz, es importante que hable con él. Dile que le busca Simbad. Si no está dígame donde puedo encontrarle —Y le enseñaría una brillante moneda. Si no podía ganarme a la gente con elocuencia, lo haría con plata.

Si no salía nadie yo mismo husmearía en la trastienda, buscando no solo a Yerai, sino alguna otra pista. Cualquier cosa me servía. Ya había perdido toda esperanza de encontrar al muchacho, pero existía una remota posibilidad de que estuviera allí. Si era el caso lo apartaría de los oídos chismosos del tendero y me lo llevaría a una esquina del establecimiento.

Yerai, necesito saber qué ha pasado en la Cité. —No sabría como abordar el tema— Hay... Es sobre tu hermano. Ha vuelto, él es el causante del incendio en el palacio. ¿Ha contactado contigo? ¿Te ha dicho algo?

La opción más probable era que no hubiese nadie y estuviera persiguiendo fantasmas. En ese caso abandonaría el puesto, con reloj o sin él y me embarcaría a investigar. Estuve a punto de ir a Notre Dame, pero allí sería como un faro en la noche. No. Tenía que ir al palacio calcinado en busca de pistas, Andrei, o el rey, si es que no se había quemado del todo. Necesitaba toda la información que pudiese recabar. Como fuera. Si Andrei estaba planeando algo gordo, me enteraría, de una forma u otra.

Me calé bien la capucha y enfilaría hacia el palacio quemado. Tres horas.
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Re: Examen [Simbad]

Notapor Denna » Mié Sep 13, 2017 8:24 pm

Simbad cogió el reloj y lo inspeccionó minuciosamente. Era bonito, para ser de origen humilde, y todavía funcionaba. Ahí tirado, no parecía estar a la venta. Quizás a Yerai se le hubiera olvidado. Más allá de su belleza y valor emocional, no era nada del otro mundo, ni siquiera debajo de la tapa se escondía ningún secreto. Ni un mensaje de Andrei, ni de Yerai: nada. Sólo pequeñas marcas de rozadoras y de desgaste. Simbad volvió a dejarlo en su sitio y llamó a voces al dueño de la tienda y al niño, sin éxito.

La tienda estaba vacía.

En la trastienda no tuvo mejor suerte. Se trataba de un cuarto pequeño y mal iluminado lleno de cajas apiladas y libros. Podía entretenerse curioseando alguno, pero la mayoría eran de historia y árboles genealógicos. Las cajas contenían réplicas de los objetos de la tienda, pequeñas liras y manuscritos.

De modo que abandonó la tienda sin ser visto y se encaminó hacia el palacio real.

A medida que se acercaba, las calles se vaciaban y el número de soldados incrementaba. El palacio se encontraba más vigilado que nunca, como bien pudo comprobar cuando dos lanzas se cruzaron para cerrarle el paso.

Alto ahí —gruñó un hombre a su derecha. Su atuendo lo identificaba como un veterano de la guardia, alguien que no se dejaría intimidar como sus jóvenes compañeros sólo porque Simbad fuera gitano—. El palacio está cerrado. Márchate ahora si no quieres problemas.

Su silente compañero corroboró esas palabras con una seca cabezada, diciéndole al chico que se alejara de las lanzas. Además de ellos, había ocho soldados de guardia en la entrada principal, y todo parecía apuntar a que por lo menos diez más vigilarían cada centímetro de la tosca fortaleza. Entrar por las buenas iba a ser imposible, pero si de verdad quería sortearlos tendría que arreglárselas, bien con la labia, intentando sobornos, a la fuerza o colándose por algún resquicio. ¿Seguirían necesitando sirvientes después de un incendio?

También tenía la opción de volver atrás y buscar otro objetivo. Los dos guardias que le habían interceptado lo seguirían con la mirada hasta que se perdiera en la lejanía.
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Re: Examen [Simbad]

Notapor xXOrbOOkXx » Vie Sep 15, 2017 12:48 am

Cuando cogí el reloj me invadieron sentimientos contradictorios. Era más o menos pesado, y tenía un grabado en la tapa desgastado por el uso y el tiempo. Pero más allá de eso parecía un reloj normal y corriente, no más especial que ser de Yerai. Lo dejé sobre la mesa con delicadeza.

No había nada más. Ni una nota, ni una pista sobre el paradero del muchacho; incluso el trastero estaba vacío. Suspiré profundamente y abandoné la lúgubre tienda.

Decidí entonces ir al palacio real, pero conforme me acercaba más me daba cuenta de que podía ser mala idea. La gente, que seguía mirándome con recelo se iba dispersando hasta que la calle estuvo vacía. Sobre los tejados vi el palacio, e intenté observar por qué parte lo había quemado Andrei.

Alto ahí.

Quizá era porque iba despistado o por la tremenda tensión que sentía, pero la verdad es que no vi a los guardias. Habían cruzado las lanzas en pos de cerrarme el paso.

El palacio está cerrado. Márchate ahora si no quieres problemas.

¿Problemas? No me iba a rendir ahora. Si tendría que entrar por la fuerza para pedir audiencia con el rey lo haría. Un escalofrío me recorrió de lado a lado. ¿Y si Andrei había tomado el palacio? No, me dije. Andrei tendría el apoyo del pueblo llano, pero no de la guardia real.

No vengo por problemas —dije firmemente al soldado más fornido, embutido en una armadura resplandeciente y con el cabello tocado por las canas. Como gesto de buena voluntad me quité la capucha y el pañuelo para dejar a la vista mi rostro, serio y decidido—. Vengo a ayudar al rey. Soy forastero de un pueblo a una jornada de aquí, y hace unos dos días recibí un mensaje urgente de un paje que iba de incógnito, al que asaltaron y mataron por el camino al volver.

>>Conseguí escapar. Soy el médico al que la princesa envió el mensaje secreto, rogando por mi ayuda para salvar a su padre. —No titubeé, no cometí errores. Firme. Las buenas mentiras eran sin pensar. Miré al soldado más joven—. Entiendo que no me dejéis pasar por las buenas. Con un solo mensaje a su alteza: “Ast ruega por su audiencia para ayudar de nuevo a la corona.”, comprobaréis si es cierta mi historia.

Ast era el nombre con el que me había presentado en palacio, así que si la princesa lo escuchaba me dejaría pasar. No dudaría de que el soldado más anciano pondría objeciones. Si era el caso, añadiría:

La situación es más grave de lo que piensa, soldado —sentenciaría—. Si no entrega ese mensaje seré acusado de alta traición, y me temo que vos y su compañero también. Su alteza precisa de mis conocimientos médicos, si no me temo que morirá. París caerá en desgracia, y todo por un mensaje.

No sabía si iba a colar, pero en ese momento la prioridad era hablar con el rey, establecer un plan y volver a la base para informar. Y todo sin levantar sospechas y sin armar escándalo.

»Siento mis terribles modales y aspecto. El viaje ha sido demasiado largo —Me espolsaría un polvo inexistente de mi chaqueta—. Pero como muestra de buena voluntad os entrego esto si hacen llegar el comunicado. —Les enseñaría diez monedas de oro, cinco para cada uno que puse en sus manos si querían—. Si fuera falso pueden quedárselas, y yo me volveré por donde he venido.

A ese paso me iba a quedar sin platines, pero tenía que entrar ahí. Se me ocurrió una idea de pronto, así que no me hizo falta fingir que había recordado algo.

»El mensajero también me dio el nombre de un noble como muestra de que decía la verdad: Raphaël. Y me dio una de sus prendas. —Me quité la chaqueta de Gédéon y también la del noble, la que le faltaba una manga. Era lo único que le faltaba, porque ya me había ocupado de cuidarla bien y que ni siquiera perdiera color. La plegaría y la tendí para que la vieran—. Dijo que los centinelas entregarían esto al mencionado junto con el mensaje en caso de que la princesa no estuviera en el palacio.

Por una parte me alegraba volver a los escenarios, pero la otra rabiaba por dentro. No quería perder el tiempo, no quería tener que lidiar con guardias estúpidos, pero no me quedaba otra. Volví a colocarme la capucha, la sensación equiparable a cuando alguien me taladraba la nuca con la mirada.
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Re: Examen [Simbad]

Notapor Denna » Lun Sep 18, 2017 11:49 pm

No vengo por problemas. Vengo a ayudar al rey.

El soldado compuso una expresión de genuina sorpresa. A su compañero se le escapó una risita incrédula.

¿Cómo dices?

Soy forastero de un pueblo a una jornada de aquí, y hace unos dos días recibí un mensaje urgente de un paje que iba de incógnito, al que asaltaron y mataron por el camino al volver.

>>Conseguí escapar. Soy el médico al que la princesa envió el mensaje secreto, rogando por mi ayuda para salvar a su padre. Entiendo que no me dejéis pasar por las buenas. Con un solo mensaje a su alteza: “Ast ruega por su audiencia para ayudar de nuevo a la corona.”, comprobaréis si es cierta mi historia.


La princesa tiene asuntos más urgentes que atender, «forastero» —dijo el primer guardia, sin molestarse en esconder la ironía en su voz—. Márchate. Ahora. Y no regreses. Sólo te lo diré una vez más.

Su tono amenazador no le hizo desistir, sin embargo.

La situación es más grave de lo que piensa, soldado —añadió—. Si no entrega ese mensaje seré acusado de alta traición, y me temo que vos y su compañero también. Su alteza precisa de mis conocimientos médicos, si no me temo que morirá. París caerá en desgracia, y todo por un mensaje.

Su alteza el rey —repitió el otro sin borrar la sonrisa burlesca—. Padre de la princesa.

El mensajero también me dio el nombre de un noble como muestra de que decía la verdad: Raphaël. Y me dio una de sus prendas. —Los guardias apuntaron a Simbad con sus lanzas, atentos a sus movimientos. No aceptaron la chaqueta, pero sí que la miraron desde la distancia, sin bajar las armas—. Dijo que los centinelas entregarían esto al mencionado junto con el mensaje en caso de que la princesa no estuviera en el palacio.

El guardia de la derecha exhaló un suspiro frustrado y maniobró con la lanza para clavar su punta en el cuello de Simbad, tan rápido que el chico no tuvo tiempo a reaccionar. Fue sólo un ligero corte superficial, lo suficiente como para que un hilillo de sangre empezara a manar.

Entonces le dijo, muy despacio:

Cualquiera en la ciudad conoce el nombre del señor Raphaël, y ese abrigo raído no es una prueba de nada. Por otra parte, Su Majestad, el hermano de la princesa, no necesita tu ayuda. Lárgate ahora mismo o serás arrestado, gitano. No querrás meterte en problemas ahora, ¿verdad?

La discusión atrajo la atención de los otros guardias, dos de los cuales se acercaron a ellos.

¿Algún problema, teniente?

El soldado que reía hizo un gesto en señal de que se alejaran, pero el que amenazaba a Simbad se quedó mirando al chico y le preguntó con suavidad:

Dímelo tú. ¿Algún problema?
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Re: Examen [Simbad]

Notapor xXOrbOOkXx » Mié Sep 20, 2017 9:28 pm

Dímelo tú. ¿Algún problema?

Tenía los dientes chirriando y los puños apretados, la lanza clavándoseme en el cuello. Sabía por experiencia que las mentiras eran tan volátiles como la llama de una vela, y que de vez en cuando tendían a jugarte malas pasadas. Pero normalmente era el camino más rápido, el más pacífico. Era el camino para ir en son de paz. Y aquellos patanes me lo habían tirado a la cara. Sabía que parte de la culpa era mía por no medir mejor mis palabras, pero, ¿cómo iba a acordarme que el rey era el hermano y no el padre si no lo sabía o lo había olvidado? Maldije por lo bajo.

Retiré la chaqueta de su vista y volví a ponérmela junto la otra. Tuve la tentación de cubrirme el rostro, pero para qué. Si había llegado hasta allí era probable que Andrei ya lo supiera.

Miré al guardia con expresión indescifrable, aunque rabiando por dentro. Sabía que ellos no tenían la culpa, que al fin y al cabo era su trabajo ser cauto, pero no soberbio. Aquello fue lo que me hizo estallar por dentro. Aquella forma de llamarme “gitano”, aquella forma de verme como si fuera una cucaracha en la blanca superficie de un pastel, al igual que todo el mundo me había tratado durante la mayor parte de mi vida. ¿No habían aprendido? Yo les había ayudado cuando Frollo, había tendido mi espada a su servicio y sin rechistar. Pero eso era lo que significaba ser Caballero: servir sin pedir nada a cambio.

Me giré dispuesto a irme, para volver con el rabo entre las piernas. Es que ya no me quedaba tiempo, lo mejor era avisar a la Orden y pedir ayuda. Dirigí la mano al corte que el soldado que me había hecho, tiñendo los dedos con sangre. Tendría además que buscar el objeto e inventarme una razón para…

Paré en seco, sin siquiera haberme alejado dos metros de los guardias. Tenía una garra apresándome el corazón, pidiendo que eligiera rápido: entre París o el examen. El examen me pedía volver sin arriesgarme para conseguir ese poder que podría usar en este tipo de momentos futuros y para enseñar a nuevos Aprendices, como por ejemplo conseguir pelear a dos manos, dominar los portales o aprender nuevas afinidades para mis hechizos. Pero París era mi hogar, mi verdadero hogar. Si me iba ahora sería renunciar a algo a lo que amo, sería dejarla a merced de Andrei de nuevo. Si es que era él, claro. Por eso necesitaba hablar con la princesa, con el rey. Tenía que saber qué estaba pasando.

Que le jodan. Que le jodiesen a todo. Que se quedaran el título de Maestro. Lo quería casi con desesperación para evolucionar, pero a París la quería más.

Sentí el fuego nacer en mi pecho. Era cálido, y me insufló una energía poderosa y movida por la rabia e instinto. Me quejaba de que Celeste era tremendamente impulsiva, como una niña, pero a veces era la única forma de hacer las cosas. Era un pensamiento infantil, pero no tenía tiempo para recular. Entrar o no entrar. Enfrentarme al peligro o huir de él.

Pero el palacio era toda una fortaleza, no se podía entrar así como así. Barajé la posibilidad de colarme por el río, pero sería demasiado tiempo por algo inconcluso, la única forma era que te abrieran las puertas. Cerré los ojos, determinado y resignado a la vez. Con mi nuevo plan no iba a llegar al examen, y era totalmente consciente. Tensé el cuerpo y tomé la decisión definitiva.

Me giré de golpe.

De hecho sí. Tenemos un problema. Uno gordísimo. —afirmaría. No me hizo falta fingir el cabreo, lo llevaba de serie. Aún así me contuve lo suficiente como para sonar firme. Me había alejado unos metros de los guardias, así que levanté la voz para que me oyeran perfectamente, dando unos pasos hacia ellos—: Y es que no me puedo imaginar cómo el rey se rodea de semejantes inútiles.

Esperaría su reacción. Favorable no, eso desde luego. Lo primero que harían, supuestamente, sería apuntarme con las lanzas o directamente intentar ensartarme. En ese caso trataría de esquivarlas.

¡Sí, vosotros! ¡Y vosotros también! —Señalaría a los guardias que tenían más atrás—. ¡Pada de inútiles que no sabe defender a la familia real! ¿Y qué vais a hacer? ¿Arrestarme?

»¡Eso arrestadme! ¡Que no se diga que los hombres de la reina no tienen lo que hay que tener! ¡Eunucos!
—Y escupí al suelo.

Si para ese momento no habían explotado en cólera, seguiría soltando improperios como un demente. Mi objetivo era que me apresaran, tal como antes habían amenazado.

A esas alturas podrían haber pasado varias cosas. La primera era que me dejaran inconsciente o que me atacaran. Esa la tenía que evitar de todas las formas. La opción más probable y la que yo quería era que me apresaran entre dos o tres con una escolta y me dirigieran a las mazmorras. Si ese era el caso me dejaría atrapar. Y es que las mazmorras estaban dentro del palacio, tal como recordaba.

Mientras me estuvieran arrastrando por el pasillo (si es que lo hacían), pondría en marcha la siguiente fase. No pensaba quedarme en las mazmorras, eso seguro. Intentaría además orientarme. Ya había estado en el interior del palacio, habitaciones de la princesa incluídas, así que debería recordar más o menos cómo llegar.

Entonces, cuando viera a un sirviente o un criado doblando una esquina que me dirigiera hacia las habitaciones de la princesa o Raphaël (si es que recordaba el camino), haría cambio. Después… Bueno. Nada más que me quedaba que correr. Y volar.

Si conseguía ejecutar mi descabellado plan, y veía que los guardias me pisaban mucho los talones, también haría un Alas. Pero solo si era estrictamente necesario.

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▪ Cambio (HM) [Nivel 18] [Requiere Afinidad a Espacio; Poder Mágico: 20] El usuario se rodea de un pequeño círculo. Este círculo tendrá un gemelo bajo los pies de una persona o un objeto que quepan en él e intercambiará la posición del usuario y el afectado. Para que el círculo gemelo pueda crearse, el usuario debe ver a la víctima en cuestión, estar a una distancia media y ambos deben estar en una superficie sólida.

Alas (HM) [Nivel 15] [Requiere Afinidad a Viento; Poder Mágico: 18] Crea unas alas de viento en adosadas a la espalda que permiten planear a gran velocidad o volar. Dura un máximo de tres posts.

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Re: Examen [Simbad]

Notapor Denna » Sab Sep 30, 2017 11:21 pm

Los dos soldados cruzaron una mirada de incredulidad. El más joven, el que antes se reía, se encogió de hombros.

Está como un cencerro.

Su compañero hizo otra seña a los demás, que regresaron a sus puestos, y un tercer soldado se acercó espada en mano. No intentó atacar a Simbad —ninguno hizo el amago—, pero sí que le apuntó con el arma. Los otros dos le prendieron, casi sin sorprenderse ante la falta de resistencia del chico.

¿De qué reina habla?

Yo qué sé. Loco, lo que te he dicho.

Y bocazas. Cualquiera diría que tiene algo contra los eunucos. Que se pudra en las mazmorras. ¡Vamos, muchachos! Hagámosle una visita a Euphémie.

¿Euphémie? ¿Le habían puesto nombre a una celda?

Sin prisa alguna, los tres se encaminaron al interior del palacio. Los guardias que la custodiaban, que habían estado pendientes de la conversación, no se molestaron en disimular sonrisas burlonas cuando Simbad pasó junto a ellos.

Pronto descubrió el por qué. Euphémie no era una celda. Era una criada. Una criada con la que los guardias tendrían algún tipo de trato, pues en cuanto doblaron un pasillo, llamaron su nombre. Y una mujer de mediana edad, con una enorme cacerola, le estampó un golpe en la cabeza que le dejó inconsciente en cuestión de segundos. Lo último que sintió fueron carcajadas y unos brazos fuertes que le sostenían.

* * *


Despertó, de nuevo, con voces. Esta vez eran más lejanas y calmadas. La cabeza le dolía terriblemente, y tenía la frente cubierta de sangre reseca. Habían pasado horas desde que la criada lo había reducido y, con toda probabilidad, había suspendido el examen.

Una silueta bajó por las escaleras acompañada de un soldado. Se trataba de la Maestra Ariasu.

Podéis dejarnos solos, gracias —le dijo al hombre con una gran sonrisa—. Yo me ocupo.

Obediente, el guardia se marchó. Con movimientos gráciles y despreocupados, Ariasu avanzó hasta la celda de Simbad pero, en vez de abrirla con su Llave Espada, saludarle o reaccionar, se sentó al suelo con las piernas cruzadas y exhaló un largo y teatral suspiro.

No estoy enfadada. Sólo muy decepcionada.

Por su tono de voz, Simbad sabría que no bromeaba.

A ver, cariño, ¿qué pretendías colándote en el palacio real, eh? ¿Traernos la corona del rey? Da igual, no sé si quiero oírlo. Ya informarás a Ryota, y espero que tengas una buena razón —dijo, masajeándose el puente de la nariz con aire cansado—. Ha sido por lo que pasa en París, ¿no? Tu pobre corazoncito no ha sido capaz de soportar los horribles rumores que te han llegado y... y has pensado que Ryota es imbécil y no está al corriente de nada. Que vive encerrado en una burbujita.

Sacudió la cabeza.

No, Simbad, ahí te has equivocado y mucho. Y si aspiras de verdad a convertirte en Maestro, lo primero que debes hacer es confiar en tus compañeros y superiores, ellos saben más que tú. ¡Mentira! Lo primero que tienes que hacer es centrarte. En. Tu. Examen. Y nada más. ¿Entendido?

Ariasu se incorporó de un salto y dibujó una sonrisa cansada. Esta vez sí que abrió la celda y le rodeó los hombros con un brazo.

Ya he hablado con los buenos soldados y les he asegurado que recibirás un durísimo castigo. Y no te atrevas a pensar que les he mentido —comentó con alegría—. Pero primero, volvamos a casa. Hueles a humedad y a orgullo herido, el informe para Ryota podrá esperar a que te laves un poco. ¡Ya habrá otras oportunidades para presentarte al examen! Por suerte para ti, Derhe Yeno sigue manteniendo el récord de Peor Examen de la Historia.

La Maestra abrió un Portal, le dio una palmadita a Simbad en la espalda, y ambos regresaron a Tierra de Partida.

Puntuación: 23PX.

Suspenso.
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